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Opinión

  • | 2006/09/02 00:00

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    No sería justo que las fortunas entregadas en las negociaciones con los narcos fueran a engrosar las arcas norteamericanas y nos dejaran viendo un chispero

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Es cuestión de tiempo: los Rodríguez Orejuela firmarán más temprano que tarde un acuerdo para poner fin a la persecución del gobierno norteamericano en su contra.

Miguel y Gilberto dijeron muchas veces que nunca tendría lugar, pero a la larga es inevitable. Lo que los detiene, el miedo a que sus familiares sean asesinados en caso de que hablen, es cada día menor. El grueso del cartel está fuera

del negocio, muerto o extraditado. Lo demás, vinculado a los paras o confundido con ellos, está en espera de ser beneficiado con la Ley de Justicia y Paz. Quedan unos pocos, pero estarán más preocupados por su guerra interna que en planear venganzas. Y lo que los incentiva para negociar, la presión contra los otros miembros de la familia, ha subido en intensidad, a pesar de la entrega condicionada de William Rodríguez Abadía. Como resultado, entregarán su fortuna y a cambio, sus hijos y esposas podrán ingresar a Estados Unidos sin restricciones y cesará toda persecución contra ellos.

El asunto obliga a un par de reflexiones, ambas vinculadas a la extradición y las relaciones entre nuestro gobierno y el de Estados Unidos. La primera hace a la necesidad de que los bienes entregados en estas negociaciones, en ocasiones verdaderas fortunas, sean efectiva y equitativamente compartidos entre los dos países. No sería de ninguna manera justo que fueran a engrosar las arcas norteamericanas y nos dejaran viendo un chispero. No sobra recordar que las negociaciones de los gringos con los narcos y sus familias no serían posibles sin las capturas hechas por la Policía colombiana, la autorización de extradición dada por la Corte Suprema de Justicia y el envío hecho por el gobierno nacional. Y que el gran esfuerzo de la lucha contra el narcotráfico lo hacemos nosotros. Los del norte olvidan con frecuencia que la plata que nos dan es el resultado del principio de corresponsabilidad en la lucha contra el narcotráfico. Nosotros producimos, es verdad, pero ellos consumen.

En ocasiones, las autoridades norteamericanas han sido reacias a entregarnos lo que nos corresponde o han querido establecer condiciones inaceptables para hacerlo. Recuerdo, por ejemplo, los largos meses gastados en obtener que nos dieran nuestra parte de las varias decenas de millones de dólares de 'El Mexicano', incautadas en bancos europeos, a partir de información obtenida en operativos con Colombia. Entonces los gringos se comportaron como si el dinero fuera de ellos y nos hicieran un favor al darnos lo nuestro. El resultado del impasse, resuelto al final con la entrega de lo que correspondía al Estado colombiano, fue plantearle al Departamento de Justicia la necesidad de firmar un acuerdo que clarificara de una vez por todas las reglas de juego y respetara nuestros derechos. Confieso que no sé qué fue de aquella propuesta, pero no hay momento más propicio para levantar de nuevo el tema.

El segundo asunto relevante es el de la información que proporcionan quienes negocian con Estados Unidos. Hay que buscar mecanismos que, al mismo tiempo que eviten fugas que pongan en peligro futuros operativos, permitan a los colombianos conocer toda la verdad de la infiltración del narcotráfico en la vida nacional. Para el caso, sería indispensable que los gringos nos contaran lo que los Rodríguez tienen para decir. El proceso 8.000 quedó inconcluso. Esa verdad nos es indispensable. Como también lo es la que tengan que contar los paras en sus procesos judiciales. Y vámonos preparando porque entre ambas historias muchos quedarán salpicados. Por eso hay que cuidar a los jefes paras, aunque sea paradójico, no sea que a alguno le pase lo que a 'Cadena', al que se dice que mataron algunos políticos mafiosos de Sucre cuando supieron que iba a colaborar con la justicia.

Puntilla: Vergonzoso el espectáculo de la 'coalición de gobierno' en la elección del Consejo Electoral que, por cierto, debía dejar de ser botín de los partidos. Para rematar, como además lo que sale mal puede salir peor, y como ocurriera en la elección de dignatarios del Congreso, al final el ganador es Convergencia Ciudadana, que ha pasado de patito feo a princesa por todos cortejada. Esa curul ha debido ser del Polo.
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