opinión

Columna de Uriel Ortiz
Columna de Uriel Ortiz - Foto: Semana.com

¡No sea Injusto mister Trump!

Cuando el consumo de un producto está equilibrado frente a las leyes de la oferta y la demanda, la lucha para combatirlo debe ser de igual a igual.


Por: Uriel Ortiz Soto

Los Estados Unidos no debe echarle la culpa a Colombia, por el aumento de los cultivos de coca en los últimos años, debe es: priorizar medidas restrictivas, para aminorar el consumo y desde luego, vigilar los esfuerzos para contrarrestar la masiva oferta del producto.

Esto se logra con políticas más agresivas por los gobiernos de las partes, debemos ser conscientes que, en Colombia, en los últimos años, se ha luchado decididamente contra este flagelo, pero, ante el mercado desaforado del consumo, se entra en desigualdad de lucha, en donde: consumidores; sembradores e industrializadores; ninguno de los tres quiere ser sacrificado.

Es claro en los análisis de mercadeo, que la ley de la oferta y la demanda, son factores innegables para asegurar la venta del producto y posterior consumo en los mercados internos y externos; cuando la balanza de oferta y demanda está equilibrada, quiere decir que, tanto producción como consumo, están en igualdad de condiciones; razón por la cual los gobiernos, deben dictar medidas restrictivas en conjunto.  

Es cierto señor mister Trump, que los cultivos ilícitos han aumentado en nuestro País, pero, lamentablemente, se debe a los índices de la oferta y la demanda, donde esta última siempre es mayor y desproporcional a la producción.

Si analizamos con cabeza fría cuántos consumidores hay en su País, y a cuánto asciende el número de cultivadores y productores en Colombia, se llega a la conclusión que estamos en una lucha desigual, puesto que, en los EE.UU, con una población de más de trescientos cincuenta millones de habitantes, hay 28 millones de consumidores, lo que nos lleva a pensar que son injustas las críticas que hace el presidente Trump a Colombia por el aumento de los cultivos de coca en los últimos años, llegándose  a la conclusión, que estamos frente a varios millones de consumidores, que desesperadamente buscan adquirir el producto a como dé lugar, sin importar su procedencia, calidad y precio.

Hay que reconocer que el flagelo del narcotráfico, nos está apercollando, pero, lo más peligroso es que ya logró penetrar a los establecimientos educativos, vemos todos los días por los noticieros, cómo se distribuye, mechas veces con la complicidad de profesores y padres de familia.

Conclusión: hay que buscar fórmulas más salvadoras.