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Opinión

  • | 2019/01/15 00:26

    Wild Wild Country vallenato

    Es cierto: los vallenatos somos demasiado condescendientes con los gobernantes, especialmente los que están en el poder. Se pasan de aduladores.

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Tuto Uhía, el alcalde de Valledupar, cree que se las sabe todas y no consulta nunca a la comunidad. En los próximos meses inaugura “La casa en el aire”, un monumento a Escalona. Es buena idea y el maestro la merece. Lo grave es que la esquina donde la pondrá queda sobre la avenida de mayor movimiento en la ciudad, justo entre los dos semáforos de mayor tráfico. No es difícil imaginar decenas de autos parqueados sobre esta calle (no hay un lugar cercano donde parquear) con turistas que querrán fotografiarse frente a la obra, tal cual ocurre hoy con el esperpento que le hicieron a Diomedes. ¿Está usted seguro, alcalde, que ese es el sitio donde la escultura debe quedar?

Los vallenatos somos demasiado condescendientes con los gobernantes, con los nacionales y los locales por igual. Por mera lambonería permitimos que hagan lo que quieran sin exigirles ni pedirles cuentas. ¡Y, no! No hay que comerle cuento al poder y menos a estos “poderosos” que en pocos meses volverán a ser ciudadanos comunes y corrientes. Más bien hay que tener pensamiento crítico y participar en las decisiones que nos afectan a todos.

Los cancerberos contestarán lo de siempre, solo tienen ese “argumento”: que los críticos son tirapiedras que “no aportan nada”. Creen que aportar es elogiar y exigen hablar “solo de lo bonito que se hace” o “de las cosas buenas”. Seguramente esos cancerberos, o sus familiares, tienen sueldo estatal y les importa más el puesto que la ciudad.

Al alcalde hay que abonarle su interés por construir parques. Es magnífico que en la ciudad abunden hoy espacios para la recreación y el deporte. Lo malo es el exceso de concreto, pero ya sabemos lo que significa para los políticos la contratación de obra pública. Y sus sobrecostos. Por eso se les oye afirmar: “los árboles no dejan plata”.

Valledupar necesita zonas verdes. No parques sembrados de cemento, sino bosques inmensos empotrados en medio de la urbe donde se pueda trotar o caminar y en veinte años sirvan como pulmones a la ciudad. Como el Simón Bolívar o el Nacional en Bogotá. Solo hay dos grandes terrenos que pueden servir hoy a ese fin: el de la antigua electrificadora y el del Idema, que estamos a punto de perder. Es urgente debatir sobre esto: no el alcalde con sus funcionarios, sino la Administración con los ciudadanos. Las soluciones de vivienda se necesitan, pero se pueden construir en otra parte.

Urge un bosque municipal con senderos hechos en gravilla; de esos senderos que aún faltan por concluir en el Parque del Guatapurí. A propósito, ¿por qué no se irriga este parque con las aguas del vecino río para que en la parte que no toca a Playa Maravilla crezca grama? El municipio debe hacerse también a terrenos del otro lado del río y hacer de ellos una gran ronda arborizada, como en Montería, que permita una mayor fauna silvestre que acompañe a las ardillas y a las aves que hoy la recorren.

Zonas verdes deben tener todas las clases sociales por igual. Otra ronda desperdiciada es la que corre de La Popa al Obelisco paralela a ese hermoso manantial, uno de los rincones naturales más bonitos y con mayor vida de la ciudad. Y ya que al alcalde le gusta tanto el cemento y el deporte, ¿qué tal una extensa ciclorruta entre Hurtado y Patillal? Sería una bellísima travesía en esta época de cañaguates y puys florecidos.

En lugar de avanzar, el alcalde camina por el populismo. Ahora tiene a sus funcionarios vistiendo de anaranjado, como si fueran rajneeshees seguidores de Osho en la serie de Netflix Wild wild Country, para demostrarle a Duque su interés por la economía naranja.

Es cierto: los vallenatos somos demasiado condescendientes con los gobernantes, especialmente los que están en el poder. Se pasan de aduladores.

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