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GONZALO RESTREPO
GONZALO RESTREPO. NEGOCIADOR DE PAZ MEDELLIN, JUNIO 13 DE 2016 FOTO JUAN FERNANDO CANO - REVISTA DINERO - Foto: JUAN FERNANDO CANO

Decidamos cuál historia repetir

Los 7,4 millones de personas en inseguridad alimentaria que equivalen a quienes se reportan en el DANE en pobreza monetaria extrema en 2020, sintetizan la conexión de los citados fenómenos.


Por: Gonzalo Restrepo

Cuenta Heródoto de Halicarnaso en su “Historia” (430 a.C) que juegos como los dados y la pelota se inventaron para divertir el hambre. En su relato el llamado padre de la historia escribió que en la región de Lydia aplacada por la prolongada carestía de víveres, el rey Atys decidió que si obligaba a su pueblo a jugar un día entero, no pensaría en comer, así que les ordenó que un día jugaban y al siguiente se alimentaban.

Al primer historiador griego en ese entonces no lo acompañaban las herramientas que le dan mayor objetividad a la información de hoy. Como escribió Irene Vallejo “(Heródoto) descubrió que la verdad es huidiza, que es casi imposible desentrañar el pasado tal y como sucedió porque solo disponemos de versiones diferentes, interesadas, contradictorias e incompletas de los hechos”.

De ahí el sentido que ha cobrado a lo largo de los años, acompañar con datos cualquier aproximación a la realidad. Es una de las formas más certeras que las ciencias sociales proponen como referente inequívoco para ampliar la perspectiva, y aumentar la comprensión. Contar con cifras actualizadas sobre los principales problemas que frenan el progreso y afectan el bienestar humano debería ser un imperativo en todas las naciones.

Y no se trata solo de los datos o las cifras. Justamente el paso de la estadística deductiva a la inductiva, marcó el inicio de la recolección y el ordenamiento de la información como disciplina con un estatus especialmente valioso por su utilidad para la interpretación de problemas sociales que pueden llevar a la humanidad a una actitud mucho más proactiva.

En este sentido informes con las recomendaciones de organismos internacionales alertan sobre el inminente riesgo de hambre e inseguridad alimentaria de Colombia y varios países del mundo.

Fenómenos como el efecto de la pandemia en la situación económica, la violencia organizada y el conflicto armado, los efectos climáticos ocasionados por desastres naturales y las crisis humanitarias ante millones de desplazados y migrantes, se entienden con mayor precisión cuando se conoce cuánto han impactado a la población en el último año.

Los números en este caso son las alertas que llaman a la acción. Los 7,4 millones de personas en inseguridad alimentaria que equivalen a quienes se reportan en el DANE en pobreza monetaria extrema en 2020, sintetizan la conexión de los citados fenómenos. Otro dato para tener en cuenta: según la encuesta de Pulso Social (enero 2022) antes de la pandemia el 88.9% de la población colombiana comía 3 veces al día, ahora solo lo hace el 69.7%. Números que además evocan la desesperada interpretación del reino de Lydia según Heródoto, porque esto significa que esta población debe idearse formas para distraer el hambre.

Hoy, tantos siglos después, es mucho más fácil para todos deducir que hay soluciones claras y directas ante esta realidad. Tanto para la prevención como para mitigar la emergencia, expertos internacionales recomiendan la entrega de transferencias monetarias a familias vulnerables para contribuir en la compra de alimentos, la priorización de la alimentación de los niños y niñas lactantes y menores de dos años, así como la promoción de la lactancia materna.

Con el invaluable recurso de la medición, Abhjit V. Banerjee y Esther Duflo, ganadores del Nobel de Economía en 2019, comparten en su libro “Buena economía para tiempos difíciles” casos de programas de transferencias de dinero condicionadas en países diferentes como vía para reducir la desigualdad aliviando necesidades básicas.

Por ejemplo el caso de Indonesia en el 2007 refiere que el gobierno introdujo un programa de transferencias de dinero condicionado en 438 distritos para un total de 700.000 hogares. Las condiciones eran que los niños fueran a la escuela y recibieran cuidados preventivos. Los resultados mostraron una afectación positiva al capital humano: Se lograron una reducción del 23% en el número de niños con problemas de crecimiento y un aumento en el número de niños que terminan la escuela.

También está el estudio “¿Pueden las transferencias de ingresos a familias vulnerables impactar el cerebro de un bebé?” de Hirokazu Yoshikawa, publicado recientemente por el BID que muestra el avance en el desarrollo cognitivo en hijos de madres en Estados Unidos que recibieron transferencias monetarias.

Tenemos alternativas probadas en tiempos modernos para contrarrestar antiguos males que no pararán de agudizarse si no actuamos de forma consistente, basados en la evidencia.