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Opinión

  • | 2019/03/14 08:26

    La democracia colombiana bajo fuego

    La experta en insectos Erica McAlister se refiere a una especie de larvas que logran acceder a las arañas por su abdomen, entran al cuerpo, y de ahí, comienzan a comérselas de adentro hacia afuera. Lo mismo podría decirse de los autoritarismos democráticos.

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La académica mundial ha logrado un acuerdo en el diagnóstico de los regímenes autoritarios y los nuevos populismos. Tal vez hay dos conclusiones generales. La primera, es que las dictaduras militares, entendidas como miembros de las Fuerzas Militares en el poder, son pocos y en los últimos años a nivel mundial han tendido a disminuir. Quedan algunos casos como Egipto, pero en general el fenómeno ha decrecido. Igualmente, los regímenes de Partido Único han tendido a disminuir, aun se mantienen algunos casos, pero también son pocos. Lo que sí ha aumentado son los cuasi- demócratas autoritarios.  Aquellos que ganan elecciones con reglas de juego democráticas y luego comienzan a destruirlas. Dos grandes libros hacen un recorrido interesante: “Cómo mueren las Democracias” y “Authoritarianism: What Everyone Needs to Know”.

Estos regímenes autoritaritos, de moda en todo el mundo, se podrían llamar neopopulismos. En lo fundamental, como la experta en insectos Erica McAlister se refiere a una especie de larvas que logran acceder a las arañas por su abdomen, entran al cuerpo, y de ahí, comienzan a comérselas de adentro hacia afuera. Lo mismo podría decirse de los autoritarismos democráticos. Ganan las elecciones y luego poco a poco, casi que imperceptiblemente, comienzan a destruir el sistema democrático.  

Obviamente no todo es lo mismo, hay diferencias fundamentales entre este tipo de régimen autoritarios neopopulistas de Europa comparados con los de América Latina. Pero al menos, hay tres cosas en común. En primer lugar, todos estos regímenes comienzan a comerse la democracia, atacando los medios de comunicación. En Brasil, por ejemplo, cada tres días Bolsonaro ataca a los medios de comunicación, ni que decir de Trump, o la ley que intentó aprobar el Centro Democrático en Colombia para limitar la libertad de los medios de comunicación, conocida como la Ley TIC.  En su mayoría esto no lo hacen descaradamente como en Venezuela, es generalmente, más sutil.

El segundo paso es dividir a la sociedad en dos pedazos, para eso crean fantasmas: enemigos omnipresentes a los cuales atacar. La migración que utiliza la ultraderecha en Europa, la devisión entre pueblo y burguesía en Venezuela, o los “colombianos de bien” versus los “terroristas” en Colombia. La idea fundamental es: “el que no está conmigo está contra mí”. No hay punto medio. Creando fantasmas, las sociedades tienden a ser más laxas en la defensa de las instituciones democráticas. Por ejemplo, en Colombia, también el partido de gobierno, el Centro Democrático, intentó meter un proyecto de ley para acabar la libertad de catedra. Mucha gente estaba de acuerdo, es decir, quería quitar de las escuelas el pensamiento crítico. La finalidad de esta división es crear zombis, gente que no piense, que obedezca, y claro que crea en todo lo que dice su líder.

El tercer paso es aun más dramático. Comienzan a cambiar las reglas de juego electoral y políticas, lo pueden hacer con leyes o con actos que van en contravía de los pilares de la democracia. Por ejemplo, atacar la separación de poderes, que fue lo que hizo el presidente Duque objetando la ley Estatutaria de la JEP, o crear una animadversión hacia la justicia, con tal de reformarla. También el intento del senador Uribe de crear un sola Corte y acabar con la Corte Suprema y Constitucional, y en general los demás altos tribunales, estarían en este comportamiento de los neopopiulistas.

La cosa es tan complicada que a los que defienden las instituciones democráticas, el Estado de Derecho los comienzan a señalar de defensores del terrorismo, o defensores de los violadores de niños, como lo ha hecho en las últimas horas el partido de gobierno. La situación es muy complicada, pues en estos regímenes neopopulistas hasta defender la democracia de convierte en un delito.

Esa es la gran amenaza en el mundo contemporáneo. Aquellos supuestos “salvadores” que van devorando las democracias como un cáncer, y en muchas ocasiones, cuento se descubre la enfermedad, es imposible detenerla.

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