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Opinión

  • | 2004/01/04 00:00

    Desde una hamaca

    Zumba un abejorro, pasan libélulas. Se oye la quebrada que baja de piedra en piedra desde tierra fría. Se ve un farallón con forma de pirámide...

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Al fin dejó de llover y el cielo se volvió del color que dicen los libros que tiene (y casi nunca tiene) el cielo: azul. Entre dos palos de mango colgué mi hamaca tejida con hilos de palma de moriche, venezolana, y dejé sobre la hierba el cuaderno de apuntes y los libros que pretendo leer en vacaciones. Tal vez no lea ni siquiera la mitad, pero más grave sería quedarme sin libros para leer. Estamos en tierra caliente, lejos de todo, hasta de la guerrilla y los paracos que en este país parece que fueran como Dios, ubicuos. No traje radio. Al final del año la ridiculez de nuestras emisoras de FM había llegado a un límite de saturación: dan las medidas en pies y en millas (''a pocas millas de la estatua de la Libertad'', dijo una locutora), en yardas cuadradas. Se pesan en libras. Con lo difícil que fue dejar las varas castellanas para adoptar el sistema métrico decimal, ahora nuestros locutores, sin ningún pudor y llenos de liviandad, quieren hacernos adoptar las medidas anacrónicas de los gringos. Sólo falta que digan ''¡qué calor estamos a 100 grados!" Farenheit, por supuesto. Hablan como si pensaran en inglés: ''¿Qué tan viejo eres tú?'', preguntan, como si esa fuera la forma castellana de averiguar la edad. Con lo último que le oí a Julito ya no pude más. Dijo que un famoso arquitecto había diseñado la ''Librería John F. Kennedy de Boston''. Y yo que la conocí cuando todavía era una biblioteca. Será culpa de los neoliberales que todo lo vuelven mercado; o de los neogramáticos, que todo lo vuelven inglés. Qué bueno, no traje radio, y por la mañana ya no me dan esos repentinos retortijones en el estómago. Gastritis, dice el médico. Rabia, digo yo. La hamaca se mece muy poco. Pasa un toche, con ese pecho entre rojo y naranja intenso que sólo tienen los toches. Un colibrí se detiene en el aire con una elegancia que ya se quisieran los helicópteros. Y una bandada de loras mancha de verde el fondo azul. Abajo, sobre el río, formaciones geométricas de garzas siguen el curso sinuoso del agua. Qué bueno no tener que hablar del referendo, ni de Uribe, ni del senador equis ni del ministro tal. Qué bueno que el referendo sea agua pasada del año pasado, de un río que no vuelve. Nos pasamos un año hundidos en el mismo sonsonete. Como el gol de Maradona con la mano. Sí tal vez el censo electoral estaba equivocado, así como Maradona hizo un gol con la mano, y fue un fraude. Pero no por eso (meses después) se le puede retirar a Argentina el título del Mundial. Además, ganaron por más goles, si no estoy mal. Así como los del referendo perdieron por más votos que el número de los muertos votantes. Además no importa. Lo bueno de las hamacas es que invitan a la divagación. Zumba un abejorro, pasan abejas y libélulas. Se oye la quebrada que baja de piedra en piedra desde tierra fría. Se ve un farallón que tiene forma de pirámide egipcia. Francamente no entiendo a esa gente que se va a pasar vacaciones en la Florida. Les cuesta 10 veces más y pasan 10 veces menos bueno. Nada qué hacer, así somos. Las horas pasan como nubes parsimoniosas. Sancocho al mediodía; frisoles por la noche; un poco de leche recién ordeñada sobre el café, por la mañana. En esta aldea, qué suerte, no entra la televisión. Y si entrara, tampoco hay aparato de televisión. Ni recibo periódicos, ni leo revistas, ni reviso Internet. ¿Será una vergüenza imperdonable si me olvido durante 12 días de la guerra de Irak? Además, Estados Unidos estaba en alerta naranja. ¿Qué tal que algún fanático haya puesto una bomba con el virus del sars en el metro de Nueva York? Y uno aquí tan campante, tirado en una hamaca, en el país más violento del mundo (según sentencia la fama) leyendo libros de Gamboa, cocinando recetas de James McNair y de D'Artagnan. En fin. No sé si los lectores me perdonen tanta apatía y tanta felicidad. Imagínense: estoy hojeando las Bucólicas de Virgilio en la mohosa traducción de algún gramático colombiano, ex presidente: ''Títiro: mientras tú reposas a la sombra del haya anchurosa y ensayas un son de musas del bosque en tu flauta ligera, nosotros abandonamos los dulces campos de la patria, huimos de ella, y tú, Títiro, tranquilamente a la sombra, le enseñas a la selva a repetir el nombre de la hermosa Amarilis''. Hace 2.000 años criticaban a los poetas por las mismas cosas que ahora, por no querer mezclarse en la política y en las guerras. Así sea por 12 días, solamente. Y eso que yo no soy poeta, pero me finjo serlo (por 12 días) y traduzco, como los ex presidentes gramáticos de este país de malhablados, dos versos de Dante por semana. Ya sé que a nadie le importa todo esto, pero es que a las columnas de opinión no les dan vacaciones. Así que a uno le toca darse vacaciones a sí mismo. Y dárselas a ustedes. Y al cerebro. ¿Llegaron hasta aquí? Quiere decir que se mecieron en esta hamaca conmigo. El cielo sigue azul y no hay amenaza de lluvia. La semana entrante nos veremos en la brega inútil de todos los días. Pero déjenme quedarme, por ahora, tendido en esta hamaca.
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