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GUILLERMO VALENCIA
Guillermo Valencia, columnista de Dinero - Foto: Dinero

Despertando del realismo mágico de los mercados III

Rusia es el gran perdedor de la globalización. Así como el Imperio otomano era el hombre enfermo de Eurasia a comienzos del siglo XX, hoy este país es un paciente que se debate entre la vida y la muerte.

Por: Guillermo Valencia

El eco de la historia

El eco de la historia resuena con contundencia en Europa. La reciente inflación de doble dígito retumba el inconsciente colectivo alemán, recuerda los duros años de la República de Weimar, la antesala al nacimiento del nacionalsocialismo y el contexto que llevaría al mundo a la Segunda Guerra Mundial.

Hoy los votantes europeos se sienten doblemente traicionados. Primero por el movimiento progresista que redujo las inversiones en hidrocarburos y segundo por líderes políticos como Gerhard Schröder, quien tras dejar su cargo como canciller alemán fue parte de la junta de la empresa de gas estatal rusa, Rosneft. La apuesta romántica por desarrollar la energía eólica y solar dejó a Europa de rodillas ante los caprichos de Vladimir Putin.

La producción de gas en Europa se redujo un tercio en los últimos 15 años. Fuente: Gavekal.

La llegada de Giorgia Meloni al poder en Italia es una de las primeras reacciones a esta traición. Este país, Reino Unido, Polonia, Hungría y hasta Francia vuelven a poner a la soberanía energética como una prioridad en sus agendas por encima de los intereses de la Unión Europea. Lo anterior, sumado a la aprobación de más de 100 billones de dólares para la defensa de Alemania, es un síntoma de que el nacionalismo regresó a Europa.

Mientras tanto, el precio del euro tambalea y se acerca al 0,9 por dólar. La libra ya tocó precios mínimos, solo vistos en la década de 1980. La devaluación también se extiende al florín húngaro y el zloty polaco. Las monedas europeas colapsan a ritmo que Putin trata de construir su cortina de hierro anexionándose territorios de Ucrania, a través de ‘referendos’.

Un zar en problemas

Sin embargo, para el ‘zar’ Putin la guerra está costando más de lo calculado. Llamó a sus reservistas, pero cada día es más claro que la juventud rusa quiere escapar de la guerra. ¿Para qué reclutar soldados o pagar mercenarios cuando podría usar un arma nuclear táctica?

Esta vez la amenaza no viene de Kim Jong-un, en Corea del Norte, sino de un exagente de la KGB que está dispuesto a usar este tipo de armas para restaurar el antiguo orden de la Guerra Fría.

La política del miedo de Putin esconde una sola verdad: Rusia es el gran perdedor de la globalización y está enfrentando un punto de quiebre. Así como el Imperio otomano era el hombre enfermo de Eurasia a comienzos del siglo XX, hoy Rusia es un paciente que se debate entre la vida y la muerte.

En contextos en los que las reglas de juego cambian y diversificar no es suficiente, nacen las mejores oportunidades de inversión.