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Opinión

  • | 1999/04/19 00:00

    DESTORCIDA

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Se sabía que era muy grave que fuera precisamente Andrés Pastrana el sucesor de Ernesto
Samper, porque al colocarse en la vulnerable posición del gobernante, le llovería un cúmulo de acusaciones e
investigaciones, como contrapartida por la monumental denuncia con que Pastrana volvió cisco el gobierno
de Samper, sin remedio.Han surgido ahora como moralistas los del viejo régimen, los del 'tinglado de la
antigua farsa', pues la oportunidad está servida. Un hecho claro es que, por ahora, las acusaciones
solamente alcanzan a las actuaciones viejas de quienes son, hoy en día, funcionarios. Es lo que se ha
encontrado hasta el momento para enlodar, a su vez, el gobierno de Pastrana. Es el ojo por ojo y el colmillo
de elefante por colmillo.Se la han pintado difícil al ministro Araújo Perdomo por haber trasegado con
negocios privados, muy relacionados con entidades públicas, y estar a cargo en la fecha de intereses
nacionales. Era, por cierto, Daniel Samper, quien en otras épocas, las de su periodismo investigativo,
cuestionaba este salto de canguro de los funcionarios que hacían tránsito al sector privado y viceversa.La
investigación de Chambacú la ha liderado propiamente Ignacio Gómez, más que el diario en que publica sus
informes. Ignacio se formó al lado de Guillermo Cano y de Fabio Castillo, pero ha sido él mismo, desde luego,
por sus propios méritos, quien ha llegado al lugar destacado que ocupa en este muy riesgoso género
periodístico.El periodismo de investigación es hoy muy reclamado por los diarios, tal vez como lo eran
antiguamente las desaparecidas crónicas, literarias e irresponsables. Y puede también pecar por
muchas cosas anejas al periodismo mismo. La ligereza es una de ellas, la conexidad apenas sugerida y
no siempre necesaria de causas y efectos; cierta proclividad a indagar en la vida personal y familiar,
contrariando el sentido de responsabilidad personalísima del derecho, en especial del derecho penal. La
sugestión, en una palabra, alentada por la forma de titular y de difundir lo investigado.Hay cosas que suenan
horribles por la forma misma como se presentan. Pero creo en el buen trabajo de Ignacio, en su
responsabilidad y en la cantidad de datos que acumula de aquí y de allí. Son historias a veces difíciles de
desenmarañar y de entender a cabalidad. Flota, sin embargo, en lo que él descubre, una intención de tomar
ventaja de lo público, de lo que alguien pudo haber conocido o puesto en marcha al desempeñar una
gestión.No está bien que los ministros o sus familias sean parte en compañías que han licitado ante el
Estado, recientemente y en las áreas de su competencia, y que usufructúen bienes que fueron públicos y
que se entregaron luego al dominio privado, en un raro juego de pelotas que rebotan.Puede no haber nada
ilegal, pero lo que es de todos no puede mirarse con la más mínima codicia, ni puede nadie pensar qué ventaja
ofrecen las propiedades de la Nación, una vez convertidas a títulos privados. Esa oportunidad se les deja a
los desprevenidos, a los que han estado lejos de las decisiones públicas.No se ha configurado aún el gran
escándalo, del que están ávidos fiscales y columnistas. Pero ya que el purismo cunde y quienes más lo
afectan son los mismos que lo disimularon todo en el pasado, el gobierno de Andrés Pastrana tiene que
reconocer que pudo haberse equivocado en una u otra designación, no tanto por la incompetencia, cuanto por
la incompatibilidad.Hay que salvar esta alternativa de gobierno en la medida de lo posible. En la medida en
que él mismo lo permita. Puro y santo no va a ser ni acertado en todas sus decisiones. Casi bastaría con que
no se equivoque peor y aproveche para el país la buena acogida con que cuenta en el ámbito internacional.
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