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Diálogos con el ELN: impunidad total

Conociendo su historia, nadie puede confiar en la sinceridad del ELN, experta en abortar procesos de paz, quemar funcionarios y burlarse de los colombianos.

Por: Lucía Bastidas

Después de una larga interrupción, el presidente Petro reanudó los diálogos de paz con el ELN, cumpliendo su promesa de campaña. Lo hace en el marco de su programa bandera de la ‘paz total’, que busca negociar con los grupos armados para finalizar la guerra a partir de diálogos vinculantes.

Un pilar del Plan Nacional de Desarrollo incluye: el desescalamiento de la violencia, la implementación del acuerdo de paz con las Farc, la cultura de paz y la paz como esencia del gobierno. Un antecedente de esa política es el “pacto de la Picota”, cuando en campaña Petro envió a sus interlocutores a hablar con Iván Moreno, el Gordo García y Marquitos Figueroa, condenados por corrupción, narcotráfico y paramilitarismo, con el fin de ofrecerles el “perdón social” con la promesa de que el país avance hacía la pacificación total.

El Gobierno decidió que el primer grupo para negociar será el ELN. En agosto, levantó las órdenes de captura y las solicitudes de extradición vigentes en contra de los jefes negociadores de esa guerrilla para que pudieran salir de Cuba rumbo a Caracas, donde, con el respaldo del presidente Maduro, se adelantarán las negociaciones. Cuba, Noruega y Venezuela ejercerán como países garantes.

Por el momento no hay representación de las víctimas. Sin las víctimas en la mesa, esta estará coja. La paz tiene sentido si las víctimas no son ignoradas o utilizadas solamente como una fachada para legalizar la impunidad. La sorpresa del proceso que se reinicia es la presencia en la mesa de negociaciones del presidente de Fedegan, José Félix Lafaurie, y de Otty Patiño, exintegrante del M-19 y amigo cercano del presidente, quien actuará como jefe negociador.

Lafaurie fue invitado por el presidente Petro a hacer parte de las negociaciones en un Congreso de Fedegán, en un acto de audacia política. El dirigente gremial considera que tendrá un papel fundamental al representar a los ganaderos víctimas de las acciones del grupo terrorista. Como integrante del Centro Democrático, además, intercederá por los intereses de quienes no comparten los ideales del Gobierno y equilibrará la balanza.

La búsqueda de la paz con el grupo insurgente se remonta a 1975 cuando el presidente López Michelsen lo intentó sin éxito. También lo intentó Gaviria en Caracas y Tlaxcala. Durante el mandato de Ernesto Samper, los insurgentes atentaron contra el Oleoducto Central de Colombia en el municipio de Segovia (Antioquia), asesinando a 84 personas, lo que detuvo las negociaciones. Álvaro Uribe realizó diálogos exploratorios que dejaron el documento “Propuesta de Acuerdo Base Gobierno Nacional–ELN”. Con el pasar de los meses se debilitaron los avances por la falta de voluntad y el quiebre de las relaciones con Venezuela.

Al iniciar el proceso, el pasado 22 de noviembre, la mesa de negociación retomará los avances alcanzados con el expresidente Santos en 2016, que se resumen en seis puntos: participación, democracia, transformación, víctimas, conflicto e implementación.

Los avances de Santos fueron opacados por la intolerancia insurgente que cometió más de 400 actos terroristas, 100 homicidios y 10 secuestros. La administración de Iván Duque tuvo la intención de reiniciar los diálogos sobre la base de que cesaran hostilidades y secuestros. Meses después, se levantó de la mesa luego del atentado en la Escuela de Cadetes General Santander, que dejó un saldo de 22 cadetes asesinados y 87 heridos.

Desde entonces, el ELN no ha dejado de atentar contra la seguridad del país y de minar la democracia con sus actos demenciales. El top de esa sevicia contra la sociedad civil ocurrió el 17 de junio de 2017, cuando cometieron un acto terrorista en el Centro Comercial Andino, que mató a tres personas, entre ellas una ciudadana francesa, y dejó 13 heridas. Violeta Arango Ramírez, la autora de ese horrendo crimen, salió libre de la Cárcel de Jamundí, Valle del Cauca, donde pagaba 20 años de cárcel por orden de Petro, quien la designó gestora de paz. ¿Esa es la verdad, justicia, reparación y garantías de no repetición que merecen las víctimas?

Conociendo su historia, nadie puede confiar en la sinceridad del ELN, experta en abortar procesos de paz, quemar funcionarios y burlarse de los colombianos. El proceso comienza con un enorme déficit de confianza especialmente por la ausencia de las víctimas. El reto es invertir la tendencia y demostrar con hechos que habrá voluntad de dejar las armas y no solamente posar para una foto.