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Opinión

  • | 1996/06/10 00:00

    DIEZ AÑOS DE HAVLADDORIAS

    AL CUMPLIR UNA DECADA COMO CARICATURISTA, VLADIMIR FLOREZ, VLADDO, REUNE EN UN VOLUMEN SUS MEJORES IRREVERENCIAS. SEMANA REPRODUCE APARTES DEL PROLOGO, ESCRITO POR HECTOR OSUNA

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No somos los caricaturistas bufones para el divertimiento. Sin excesiva pretensión, debo decir que se nos demanda para la interpretación de hechos sociales. Es propio del dibujo satírico no sólo apuntar contra ídolos de barro, sino que, habiendo mérito para ello, también contra figuras consistentes, en una cierta función iconoclasta.En contraprestación, no esperamos elogios. No los espera Vladdo, personaje de la antisolemnidad antioqueña. Nuestro porte es el de lucha y estamos convencidos de que mientras seamos exigidos por una labor cotidiana, cualquier desfallecimiento en el producto que entregamos al público se nos cobraría como demérito de una consagración precoz.De igual manera, al asumir estas líneas de presentación no pretendo calificar, ni menos descalificar la otra intención, el otro esfuerzo, la alteridad en lo gráfico y periodístico, que se derivan del trabajo de un colega.Debe respetarse siempre la autonomía de cada quien, persona o país, y la única certificación que con humor podría en este caso expedir es la de conocer bien y apreciar a Vladimir Flórez, Vladdo; la de ser su colega y la de habernos correspondido compartir últimamente políticas y aun persecuciones. No quiero abundar en palabras de elogio, solamente certificar a Vladdo por razones de interés nacional.Prevengo al lector acerca de la dificultad que existe en este tipo de publicaciones por separar las caricaturas que acompañaron los hechos políticos, de los hechos mismos. Así, recogida en un volumen recopilador, la caricatura, como bien lo decía Alvaro Gómez, en un nítido ensayo, puede alcanzar una dimensión no querida o ultraintencional. Como es la de ser o parecer en exceso negativa, toda vez que se omiten las opiniones positivas que pudo tener el autor en relación con acontecimientos que le fueron contemporáneos, pero que no seleccionó para la crítica.Es delicioso, sin embargo, tener las caricaturas en compendio, en una pulcra edición, no perecedera, así les quede faltando la gracia que da la oportunidad y una comprensión más cabal del entorno. Es difícil, aun para historiadores, la reconstrucción y completa resucitación de la historia.Que disfruten, pues, de este resumen los coleccionistas y cultores de Vladdo, a los que está destinado; también los simpatizantes del dibujo, en general, y, de modo especial, los memoriófilos, para así llamar a las personas que recuerdan perfectamente los sucesos políticos, pero carecen del apoyo gráfico para sustentar su registro memorioso.
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