opinión

MARIA ANDREA NIETO Columna Semana
MARIA ANDREA NIETO - Foto: KAREN SALAMANCA

Dos Colombias: Uribe y Petro

Habrá que esperar a que se asomen las vicisitudes que traerá el acontecer de la vida nacional y que, a pesar de ellas, el Pacto Histórico demuestre que pudo lograr el “cambio” sin corrupción, con los mismos políticos hambrientos de siempre.


Por: María Andrea Nieto

La reunión más importante, después de ganar las elecciones, que ha tenido Gustavo Petro fue la que se llevó a cabo con el expresidente Álvaro Uribe Vélez. El líder de la derecha y el de la izquierda, dos visiones contrarias que se han enfrentado durante años, tuvieron la grandeza de sentarse a hablar. En realidad, no son dos Colombias; el día que entendamos eso seremos una sola patria.

El presidente electo, Gustavo Petro, ha tenido una agenda muy ocupada, buscando obtener gobernabilidad con los diversos sectores políticos representados en el Congreso de la República. Seamos francos, la “gobernabilidad” es la manera como los políticos se acomodan con el Gobierno de turno para acceder a burocracia, o lo que mejor se entiende como “mermelada”.

Esa burocracia no es solo cuestión de ministerios, sino también de la repartición de las pequeñas y grandes entidades regionales y nacionales, como, por ejemplo, el Sena o el Instituto de Bienestar Familiar (ICBF), que cuentan con 32 regionales y presencia en muchos municipios en donde se requieren funcionarios y contratistas para operar esas máquinas estatales de 4 billones de pesos de presupuesto cada una. Estas dos entidades son el ejemplo de cómo es que logra repartir la “mermelada” por todo el territorio nacional, utilizando la capilaridad institucional, para ponernos sofisticados en el argot político.

En la búsqueda de la gobernabilidad, el ingeniero Rodolfo Hernández sorprendió al país porque, en lugar de representar el voto antipetrista de más de 10,6 millones de colombianos, terminó llegando a las huestes del Pacto Histórico como un aliado más. Lo que no se sabe es si buscando mermelada o ¿seguridad jurídica por cuenta del proceso Vitalogic que lleva la Fiscalía en su contra?

Por cuenta de la figura del “cambio” que el Pacto Histórico dice encarnar, han llegado los políticos tradicionales, que llevan consumiendo toneladas de mermelada por décadas. Estos clanes regionales y nacionales que en otros tiempos fueron abucheados por los integrantes del Pacto, han sido recibidos con aplausos por las barras bravas petristas. Dicen que ahora el país sí va a cambiar, pero acaso ¿Roy Barreras como presidente del congreso va a dejar de ser Roy Barreras?

Álvaro Uribe Vélez ha sido el único líder político que se sentó con Petro sin pretender entregar los principios del partido Centro Democrático, que lidera, a cambio de mermelada y más bien planteando hacer una oposición al Gobierno del “cambio”.

Habrá que ver si la tolerancia democrática mostrada en esta primera reunión se sostiene a pesar del devenir propio de los problemas nacionales. Pero lo que sí quedó claro después de este encuentro es que para hacer oposición política en Colombia no se necesita destruir las ciudades, los sistemas de transporte masivo, acabar con establecimientos bancarios, comerciales y mucho menos sembrar terror en la población. La oposición no puede ser excusa para generar más violencia, y ese fue el mayor logro de esta reunión. Quedó claro que el Centro Democrático es el único sector político que ha planteado ser oposición del Gobierno del “cambio”.

Al presidente Gustavo Petro hay que reconocerle que, a pesar de su enemistad ideológica, respondió a la altura que demanda la investidura presidencial y, posiblemente haciendo caso omiso a las voces dentro de sus aliados de no reunirse con su oponente, se sentó con la persona a la que más ha enfrentado durante su carrera política. Petro ganó la presidencia luchando en contra de todo lo que representa el expresidente Uribe. Y el expresidente fue humilde y respondió con su reconocido talante democrático, respetando el resultado de las urnas, sin llamar a la desobediencia o al caos a los millones de ciudadanos que, hoy en día, sigue representando (ya que el ingeniero Hernández resultó ser un petrista “enclosetado”).

Esta es una reunión histórica porque fue el encuentro que nunca se produjo entre los expresidentes Uribe y Santos. A pesar de que casi todo el gabinete santista de 2014-2018, hoy en día, podría ser parte del Gobierno del “cambio”, Uribe se sentó con Petro. Quizás porque el líder de la extrema izquierda lo ha enfrentado desde siempre y, por el contrario, Juan Manuel Santos, quien se convirtió en presidente gracias al uribismo, al final, terminó traicionando los ideales de quienes lo llevaron a la Casa de Nariño.

Por eso hay foto de Uribe y Petro, y no del presidente electo con Santos.

Álvaro Uribe vuelve a la oposición. Lo fue durante los dos gobiernos de su sucesor, y conoce bien lo que es navegar en esas turbias aguas. Y Petro, que viene de ser oposición política toda su vida, tiene claro que ganó la Presidencia con un poco más de 600.000 votos y que 10’600.000 colombianos no votaron por sus propuestas. Por eso sabe que necesita ganarse ese mandato social.

Los mismos partidos políticos que acompañaron a Santos en sus dos gobiernos y al presidente Iván Duque, es decir, liberales, conservadores, La U y Cambio Radical, hacen parte de la bancada gobiernista de Gustavo Petro. Al parecer, el establecimiento, al girar en esa dirección, se hizo merecedor de una especie de perdón no social, sino político. Habrá que esperar a que se asomen las vicisitudes que traerá el acontecer de la vida nacional y que, a pesar de ellas, el Pacto Histórico demuestre que pudo lograr el “cambio” sin corrupción, con los mismos políticos hambrientos de siempre.