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Columna de opinión Marc Eichmann

Economía del cuidado

Es un buen negocio para las empresas contratar mujeres.

Por: Marc Eichmann

Un término que no sale a luz frecuentemente de la boca de los empresarios es la economía del cuidado. Básicamente, así como el personal de ventas o el de operaciones de una empresa necesita de áreas de soporte que le brinden servicios para realizar su trabajo, los empleados de las empresas tienen su propio back office: 1.2 millones de mujeres en Bogotá que se encargan de mantener la casa, cocinar, atender a los niños y a los ancianos y muchas otras tareas a las que dedican 5 horas diarias más que los hombres. No reciben remuneración y, sobre todo, no tienen libertad financiera; económicamente están a merced de su pareja.

Muchos empresarios saben, así sea inconscientemente, que al contratar un hombre las empresas están accediendo a un recurso con su back office (la mujer que se encarga de la casa), sin tener que pagar un peso por ellas. En realidad, no es culpa de los empresarios que el trabajo en casa no sea remunerado. Sin embargo, muchos consideran un negocio redondo contratar un hombre comparado con contratar a una mujer, ya que las mujeres tienen que compartir su dedicación a la empresa con las responsabilidades que tienen en el hogar. Qué errados están.

Lo primero que hay que aclarar es que, si bien la necesidad de estirarse en dos puestos es innegable en el caso de una mujer, esto no significa que las mujeres tienen menos compromiso con las empresas para las cuales trabajan. Este paradigma hay que romperlo. Segundo, los empleados que le sirven a las empresas de hoy no son aquellos que les dedican más tiempo a sus labores, sino aquellos que toman las decisiones correctas en los momentos decisivos. Como para el goleador en un equipo de fútbol, se necesita que la meta en los momentos importantes, no que corra todo el partido. Es que a muchos de los equipos gerenciales de las empresas aún les queda difícil administrar sus recursos por objetivos, y, por lo tanto, le dan una importancia injustificada al tiempo que mantienen sentados en la oficina.

Así como a las empresas se les dificulta contratar mujeres por ese paradigma, las diferencias de oportunidades se profundizan a medida que van creciendo en su vida profesional. Malcolm Gladwell describe el fenómeno en su libro The Tipping Point, al explicar que la mayoría de los jugadores seleccionados en la selección canadiense de Hockey nacieron en el primer trimestre del año por el entrenamiento y la capacitación que reciben cuando se percibe, así sea erradamente, que tienen un mejor potencial. Las mujeres, por estar estigmatizadas, raramente son seleccionadas por encima de sus compañeros en los planes de desarrollo de una empresa.

Desde la óptica del mercado es buen negocio para las empresas contratar mujeres. Existe en ellas mucho personal con talento que se encuentra desestimado por los empresarios por razones, como mencionado anteriormente, absurdas.

Lejos de requerir de programas de Acción Afirmativa, en los cuales se toman medidas para equilibrar la balanza entre hombres y mujeres, convencer a los empresarios de que es un buen negocio contratar mujeres es sostenible en el tiempo. Lógicamente, esto no quiere decir que se deba contratar a una mujer por encima de un hombre si este último tiene más habilidades y experiencia para ejercer el cargo, pero si implica hacer un esfuerzo especial en el reclutamiento para desestimar el sesgo de género que se pueda tener.

El ejemplo que el alcalde electo de Bogotá hace en ese sentido es diciente. No solo ha identificado un equipo de mujeres para acompañarlo, sino que también las ha conseguido bien capaces, lo cual es un requisito esencial. Gran diferencia hay con muchos funcionarios electos a nivel central, en la cual hay muchas funcionarias y funcionarios cuyo nivel profesional deja que desear.

La base de la discriminación de las mujeres es cultural. Interesante sería que algún congresista, en vez de declarar el sancocho como plato nacional, estudie el tema y reconozco, por lo menos teóricamente, la importancia de que el trabajador remunere la economía del cuidado a su pareja. Los empresarios, mientras tanto, deberían hacer un esfuerzo consciente para facilitarle a sus empleados cumplir con sus deberes del hogar, para que tengan un mejor rendimiento en la oficina.