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Opinión

  • | 2018/10/12 11:13

    Educar para enfrentar el Antropoceno

    Mientras tanto, siguen las reuniones internacionales clamando por cambios drásticos de compostura para frenar el uso de combustibles fósiles. Toca ahora educar para enfrentar los riesgos del Antropoceno, que ya están anunciados.

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Las repercusiones anunciadas en el Informe sobre el Calentamiento Global de 1.5 C del Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC) ponen en evidencia la indiferencia, la ignorancia o la desidia de millones de personas y tomadores de decisión, frente a la situación para la cual no estamos siendo educados para resistir.

La lectura de la “Sexta Extinción, una historia nada natural”, de Elizabeth Kolbert (2015) recuerda a Cuvier, el famoso naturalista francés, quien publicó en 1812 un tratado donde afirmó  que vivimos en un mundo asolado periódicamente por cataclismos. Cuvier no se equivocó frente a la extinción de la megafauna y el eclipse que formó parte de una oleada de desapariciones y coincidió con la expansión de los humanos modernos, lo cual se interpreta más como su causa. La invención del cambio climático, que por sí mismo ya es un motor de extinción, también deja trazas geológicas, al igual que la lluvia radioactiva, el desvío de ríos, la agricultura con monocultivos y la acidificación de los océanos.

Según Kolbert, la palabra Antropoceno es una invención de Paul Crutzen, un químico holandés que compartió el premio Nobel por el descubrimiento de los efectos de los compuestos que reducen el ozono. En “La Geología de la Humanidad” que publicó en 2002 en la Revista Nature, Crutzen señala lo más grave: Los humanos hemos alterado la composición de la atmósfera, por una combinación de la quema de combustibles fósiles, la deforestación, la concentración de dióxido de carbono en el aire que ha aumentado en un 40% durante los últimos siglos, en tanto que la concentración de metano, un gas invernadero todavía más potente, se ha más que doblado. La ciencia ya tiene las pruebas de estos fenómenos que afectan la vida en el planeta, y sin embargo la educación parece estar aislada de estos hechos contundentes y probados científicamente.  

En este periodo de amplia movilización ciudadana por la defensa de la educación superior, cabe preguntarse cómo educar a la ciudadanía, en un contexto más amplio, para enfrentar el Antropoceno, la era geológica que ya afecta la salud pública, los ecosistemas en cada rincón del país y delata cambios sustantivos en el comportamiento de especies en cada hemisferio del planeta. En Colombia las respuestas de la academia no se han hecho esperar. Ya existen publicaciones y liderazgos desde las redes temáticas y desde algunos medios de comunicación.

La 1a Semana para la Acción Climática se desarrolló en Bogotá justo cuando los estudiantes estaban clamando mejor educación superior en las calles. La acción climática constituye un esfuerzo mancomunado de varias universidades públicas y privadas, de la Agencia Francesa de Desarrollo AFD, la Fundación Alma y la fundación Klimaforum Latinoamérica Network, liderada por Manuel Guzmán-Hennessey. Esta iniciativa busca también el apoyo del Ministerio de Ambiente para construir a mediano plazo  en Colombia, el Diálogo de Talanoa, plataforma facilitadora que trae su nombre internacional desde las Islas Fidji en el Pacífico Sur.

El Diálogo busca robustecer las voces de Actores No Estatales alrededor del mundo y particularmente entre el estudiantado, abriéndolo a la responsabilidad climática. Los jóvenes, demostrando una fantástica capacidad de movilización frente al derecho por una educación pública de calidad, también piden mejorar las circunstancias de investigación y docencia que exigen las circunstancias planetarias y los efectos del Antropoceno. La 1a Semana por la Acción Climática coincide entonces con el momento histórico de movilización donde hombres y mujeres deberían  solicitar más recursos para nuevos programas educativos que ayuden a enfrentar riesgos e impactos por el aumento de la temperatura global.

Las marchas en todo el país están demostrando la vitalidad de una juventud ávida de educación superior y de integrarse a las tendencias mundiales en la descarbonización de la sociedad. Es la oportunidad para robustecer la formación técnica de campesinos, Pueblos Indígenas y Afros desde sus culturas ancestrales, para que desde los territorios se aumente la resiliencia en las regiones con mayor vulnerabilidad climática, hoy bien identificadas por los sistemas de información geográfica.

Para acercar la problemática internacional al contexto nacional, la red KLN hizo un llamado a estudiantes y gestionó una entrevista telefónica con Thelma Krug, científica brasileña y subdirectora del IPCC, anclada en las negociaciones climáticas en Corea. La conversación con Thelma permitió recalcar la necesidad nacional de definir estrategias para  implementar la meta acordada. Entonces, con qué estrategias educativas y de comunicación se podrá contribuir a frenar las emisiones netas de CO2 al 2050 en Colombia?

Quedan sólo 32 años para acelerar la descarbonización de la economía y aún estamos lejos de que esa transición energética suceda de forma contundente.  Las iniciativas para impulsar acciones que comprometan a la generación del cambio climático deben ser apoyadas por el Estado, por el sector privado y la cooperación internacional. En la conversación con Thelma, conocimos de primera mano cuales son esas directrices y propuestas del IPCC, que vale la pena sean analizadas por docentes y estudiantes que hoy se movilizan en el país: El resumen enviado por Thelma es http://www.ipcc.ch/report/sr15/

Las “buenas maneras” y la educación para enfrentar el Antropoceno deberían llegarle también a una masa de personas que nos están empujando hacia peligrosos umbrales. Hoy nos preguntamos, cómo y a quién compete educar a estos responsables de la contaminación, sobre los riesgos del clima. Que entidad podría abordar la sensibilidad de aquellos que financian quemas, cultivos de coca, incendios, talas y deforestación en las selvas del Chocó, de la Sierra Nevada de Santa Marta, en las costas y en el Amazonas?

Quién  le llega a esa gente “inculta” y desinformada, con mensajes contundentes y claros?

Son ellos los responsables de distintas formas de contaminación en la atmósfera, en las aguas y en suelos, entre otros, por el uso que hacen de combustibles fósiles, pesticidas, extracción minera, etc. Se podría llegar con algún tipo de contundencia educativa a los responsables deforestadores y contaminadores? Quisiera tener un ápice de optimismo para poder afirmar que si se puede cambiar el chip de cada uno de esos individuos cuya capacidad de adaptación le permitiría entender el daño que está generando a la humanidad.

Todo suma en esa actividad desenfrenada e irresponsable, contribuyendo con al aumento de la temperatura global. En Colombia coincide con la tala de bosques invaluables para expandir cultivos de coca en las garras del narcotráfico. Lo uno está conectado con lo otro. Los sitios más deforestados coinciden con la ausencia de educación para un campesinado iletrado, que no ha tenido acceso a la educación ni a los servicios mínimos del Estado para sacar adelante el bienestar integral de sus familias.

El fenómeno de las drogas debe también estar asociado a la educación. Se siguen malinterpretado y fragmentado sus causas sociales profundas. Es allá, en esos parajes, donde la ausencia del Estado ha sido flagrante y donde más debería estar presente y solidaria la educación de la juventud rural, totalmente desamparada. Allí urge una política de educación pública, acompañando a ex-combatientes y familias indígenas que han sido contratadas para cultivar coca, a falta de otros opciones de vida.

En la conservación con Thelma, sobre el rol de los bosques amazónicos /sumideros de carbono, necesarios para contribuir con la meta propuesta por el IPCC de Emisión Cero al 2050, acordamos la importancia de priorizar la educación para la juventud rural y urbana y convertir el tema para tratar en el Diálogo de Talanoa en Colombia. La meta sugerida por el IPCC debería justificar entonces el refuerzo presupuestal de la educación pública en las regiones más impactados por el conflicto y por delitos múltiples: deforestación, minería ilegal, acaparamiento de tierras, desplazamiento forzado de comunidades indígenas y cambios drásticos de uso del suelo, con fines meramente especulativos.

Imposible cumplir con la meta del 2050 anunciada por el IPCC si no se frenan todos esos actos. La desaparición de los sumideros de carbono ya evidencia unos territorios “pelados” sin capa vegetal, convertidos en tierras decapitadas, inservibles. Un paisaje desolador.

Esta tendenciosa dinámica, íntimamente ligada a la vulnerabilidad climática, es otra razón más para robustecer la educación y las comunicaciones ante el derecho a la educación de calidad. Más becas, más estímulos para conocer los recursos naturales, más recursos para transferencia de saberes, más tecnología e innovación, son esenciales para que el estudiantado del país se sienta fortalecido por el  Estado.

Hoy son aún muy tímidas todas la respuestas para entendernos en la transición energética que exige la nueva era geológica, el Antropoceno. En cada una de las regiones que hoy está afectada por deforestación galopante, qué  y cómo hacer para que los responsables entiendan el efecto perverso de actos vandálicos que acaban con los bosques y afectan el clima?

Cómo ablandar el corazón de los indiferentes contaminadores que emiten CO2, circulando con vehículos cargados de diesel, envenenando el aire urbano que respiramos en las ciudades? cómo sensibilizar a los responsables de la producción de metano emitido por aguas servidas sin tratar, que vierten millones desde los municipios al Río Cauca, al Magdalena y al mar?

La Semana de Acción Climática organizada por la red KLN es un granito de arena es un océano de problemas que aparecen desconectados los unos de los otros. Sin embargo, ya se empieza a construir coherencia para aprender a comunicar la necesidad de descarbonizar la economía entre actores que contaminan, deforestan y corrompen. En este panorama de debilidades humanas, cómo intervenir sobre las fuerzas arrolladoras de la codicia y del poder en un mundo que ya expresó sus límites? Pesan aún demasiados oídos sordos e indiferentes.

De la conversación con Thelma Krug, nos llama la atención sobre la recomendación del punto D7 del Informe Del IPCC: “Robustecer las capacidades para la acción climática de autoridades nacionales y subnacionales, sociedad civil, el sector privado, Pueblos Indígenas y comunidades locales, para la implementación de acciones ambiciosas que impliquen limitar el calentamiento global a 1.5°C. La cooperación internacional puede proveer un ambiente facilitador para que esto suceda en todos los países y para toda la gente, en el contexto del desarrollo sostenible. La cooperación internacional es un facilitador clave para los países en desarrollo y las regiones vulnerables.

KLN se hace presente y su Iniciativa Diálogo de Tanaloa en Colombia cobra todo el sentido de oportunidad. Esta iniciativa logró convocar a varios de los actores claves, académicos, públicos y privados, para generar un diálogo estratégico y definir rutas para limitar, en Colombia, la subida inminente de 1.5 grados. Así debe continuar. La Acción climática de Actores No Estatales debe ser ambiciosa para alcanzar a permear la educación en municipios rurales y gobernaciones selváticas.

La formación climática de jefes de Planeación, Alcaldes, Concejales, Diputados y Gobernadores, debería ser obligatoria y estar acompañada con estrategias de comunicación adaptadas a la diversidad cultural de cada región. Esa tarea ha sido inexistente. Hoy el ministerio de Ambiente, sin dientes para poder actuar con fuerza para alcanzar la meta de Cero emisiones al 2050, tendrá que contar con iniciativas privadas como la red KLN.

La educación climática para el personal del Ejército Nacional, la Armada y las autoridades ambientales regionales también debería ser obligatoria y estar en la agenda. La movilización por la educación superior es también para ellos, que deben garantizar el derecho a proteger los sumideros de carbono,  libres de glifosato.

La tendencia, desafortunadamente, es seguir por caminos separados y tortuosos, a distintas bandas, los unos permitiendo la deforestación voraz y el acaparamiento de más feudos ganaderos, facilitar monocultivos extensivos, desplazando y aniquilando culturas de comunidades indígenas como los Nukak en el Guaviare, y de mujeres y niños Embera, que hoy deambulan por las calles de Bogotá, ante la mirada indiferente del Estado.  Mientras tanto, siguen las reuniones internacionales clamando por cambios drásticos de compostura para frenar el uso de combustibles fósiles. Toca ahora educar para enfrentar los riesgos del Antropoceno, que ya están anunciados.

P.D. Lamentable freno de la Corte Constitucional a consultas populares motivadas por proyectos mineros. Dado el fuerte lobby de las empresas, el Congreso dilatará la regulación de mecanismos de participación.

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