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Opinión

  • | 2006/03/10 00:00

    El ‘Arca’ de un diálogo postergado

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ás de cuarenta años de fracaso de la opción militar: la alternativa privilegiada para solucionar el conflicto armado. Hasta ahora la violencia de las armas ha dado la sensación de mayor seguridad que la sensibilidad de las palabras… Cuánta es la cantidad de fracaso que se necesita para que el diálogo sea considerado una alternativa seria y menos costosa de vidas humanas.

En medio de este espectáculo fatal de los fusiles el señor Álvaro Leyva, candidato presidencial, ha propuesto un nuevo escenario que abra las puertas a la reconciliación nacional. ‘El Arca de Noé’. En ella aspira a que participen todos los sectores pertrechados en la guerra y aquellos involucrados con la consecución de la paz –todos: gobierno, insurgencia, paramilitares, militares, gobierno estadounidense, iglesia, entre otros. No habrá temas vedados (Semana, No. 1243).

Una propuesta no tan nueva si recordamos que varios movimientos por la paz han sugerido una negociación política ampliada del conflicto armado, en donde participe la sociedad civil y no sólo el gobierno y las guerrillas o el gobierno y los paramilitares. Con algunas reservas, el mismo ELN ha propuesto la ‘Convención Nacional’ en calidad de diálogo amplio que desemboque en un ‘Gran Acuerdo Nacional por la Paz’.

El nombre y su autor son pues lo menos importante. Lo relevante aquí son otras cosas: uno, vuelve lentamente a tomar fuerza la opción de la negociación política para encontrarle solución al conflicto armado con las insurgencias; dos, aparecen varias coincidencias en que este no debe circunscribirse al binomio gobierno-guerrilla; tres, que la desmovilización de los paramilitares no es sostenible en el tiempo si no se soluciona el conflicto insurgente; y cuatro, al parecer, el hecho de que las FARC consideren participar en un diálogo amplio, respecto de sus participantes, y abierto respecto de su contenido. En síntesis, que la solución definitiva a la confrontación bélica vendría por la vía del diálogo, pero no de un diálogo restringido, sino, de uno donde estén todos los actores relevantes de la guerra y de la paz.

Esta opción reaparece después de cuatro años de altibajos en la opción militar, en donde sólo se ha logrado la neutralización o el repliegue insurgente –pero no la solución. El 62% de los encuestados considera que el próximo gobierno bebe negociar con las guerrillas (El Tiempo, 05-03-2006). No obstante, en este caso, de la encuesta al hecho falta mucho camino por recorrer. Aún se necesita más fracaso para inclinar la báscula.

Mientras la decepción se fríe con la carne de soldados, guerrilleros y paramilitares convencidos de lo que hacen y, sobre todo, de civiles inocentes, ‘El Arca’ postergada debería intentar ser lo menos excluyente posible. Sus sucedáneos más actuales –la política de desmovilización de paramilitares, la Convención Nacional propuesta por el ELN y la Agenda Común acordada entre el gobierno Pastrana y las FARC– y los menos recordados –los acuerdos de paz con las guerrillas del M-19, EPL, Quintín Lame, PRT, CRS, &–, tienen en común el deseo de producir transformaciones nacionales, pero tanto las propuestas como los acuerdos dejan a actores relevantes por fuera. ‘El Arca’ no podrá ser una alternativa de reconciliación nacional si se piensa fundamentalmente para las FARC.

Sin embargo, trágicamente, los preparativos de un escenario de esta naturaleza parece que podrán tomar forma sólo dentro de cuatro años, es decir, a partir del 2010. A inicios del 2002 costaba trabajo aceptar que los diálogos de paz de San Vicente del Caguán habían sido un fracaso del gobierno Pastrana: sin planeación, sin norte. Hoy cuesta aceptar que la paz militar de Uribe es igualmente lo mismo. Con un peso negativo mayor: que, según las encuestas, se tendrá una segunda versión reloaded del actual gobierno. Respecto del conflicto insurgente, serán ocho años perdidos en el camino escabroso de alcanzar la paz.

De momento, el diluvio de odios, resentimientos y negocios del crimen que perpetúan el asesinato planificado, sea estatal, insurgente, o contrainsurgente, seguirá siendo el mejor regalo envuelto en el papel barato de nuestra política. De tal modo que ‘El Arca’ no sería para sobrevivir en la escalofriante tempestad; sería para intentar salir de una vez por todas de este charco encarnado y viscoso §

Marlon R. Madrid Cárdenas
Politólogo (Universidad Nacional),
Consultor, FESCOL.

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