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Opinión

  • | 2007/09/08 00:00

    El aroma del poder

    No me parece mal que Chávez, el alfa vecino, se meta a ayudar. Pero que eso no sea para que lo consideren un bello

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Henry Kissinger, ese cínico, decía que el poder es el mayor afrodisíaco. Luego entornaba los ojos y evocaba el infinito número de sus amantes. Es verdad: a cualquier batracio político, si se trepa lo suficiente en la jerarquía del gobierno de un país, le llueven los coqueteos, las ofertas y los halagos de miles de mujeres. Es lo más abyecto -y me lo sabrán perdonar las lectoras sensatas- de la condición femenina: su manera de babear y sucumbir frente a los poderosos.

No todas, por supuesto, pero un alto porcentaje de ellas, cuando se encuentran ante un poderoso rodeado de su guardia pretoriana, es decir de un grupo de hombres lambones y obsecuentes que le pasan papeles y le hacen reverencias, por feo que sea el importante, lo ven incluso bonito. Por ojichiquito u ojibrotao que sea, por mucha barriga que tenga, por muchas camisas rojas que se ponga, por muy viejo que esté, por mal que hable, por idioteces que diga, les basta su halo de potencia para sucumbir y declararse encantadas. Y por hediondo que esté, a ellas les huele bueno, porque el aroma del poder tapa cualquier efluvio fétido. He espiado esas risitas, ese nerviosismo, esos griticos, esa histeria, esos aspavientos, ese menear de ancas, ese trinar de gargantas, ese abanico de faldas, ese pelar de dientes...

¿Será envidia la mía? No lo descarto. De hecho hay una teoría muy interesante sobre la monogamia: que ésta fue un invento de los hombres débiles para evitar que los alfa de la manada se apropiaran de todas las mujeres. No me parece descartable la tesis. El caso es que cuando veo que las más bonitas del barrio se van con el más matón del vecindario, cuando en cada moto ruidosa y enorme va, como un extra adicional, en el puesto de atrás, una mestiza local teñida de rubia sueca; cuando veo un ejemplar femenino relleno de silicona tomado de la mano de paracos y mafiosos (porque hasta el 'Chupeta' operado les parece buenmozo), y cuando el ministrico cambia de modelo cada 15 días, y cuando el añoso jefe guerrillero se lleva a su cambuche a las guerrilleras más bonitas, algo se me revuelve en el estómago.

No sé si es el machista o el feminista que llevo dentro, lo que en mí se rebela frente a este primitivismo femenino. Sí, esta seducción ejercida por los poderosos, me repugna. Supongo que es lo mismo que sienten las mujeres cuando ven en acción ese primitivismo nuestro, simétrico, de los machos, que nos embobamos ante la belleza juvenil de una muchacha, por muy tonta que sea. Ese es nuestro más primitivo rasgo animal, y un par de erguidos pechos o de nalgas redondas nos seducen más que un gran cerebro. Pero ustedes, mujeres, al menos muchas de ustedes, lo que las hace tambalear, trastabillar, aflojarse de cascos, caer, es el poder, el poder, el poder.

La atracción fatal es comprensible y por eso las historias se repiten, idénticas como telenovelas: el gerente que acaba con la joven secretaria; la muchacha que se derrite con el añoso poderoso. Son tendencias que revelan una pulsión de fondo, la atracción fatal de los machos que-no-piensan-sino-en-eso (plantar una simiente), y la atracción fatal de las mujeres, que no persiguen una cosa sola, sino todas las cosas al mismo tiempo: un cálculo inconsciente de todo aquello que les dé seguridad, sensación de estar protegidas, cuidadas, bien provistas.

No me parece mal que Chávez, el alfa del país vecino, se meta a tratar de ayudar con las Farc en el tema de la paz y del intercambio humanitario. Pero que eso no sea para que al hombre lo conviertan en un héroe, e incluso en un bello (o en un feo que ya no lo parece) empezando por las que antes le declaraban su amor al alfa local y de repente se declaran encantadas y embriagadas de fervoroso amor bolivariano. Es que el tamaño sí importa: el tamaño del pozo de petróleo. Vendrá Sarkozy y ahí ya no quedará titeresa con cabeza.

Termino con dos consejos para machos: no confíen cuando una mujer muy joven y muy bonita les empieza a parecer también inteligente. Confíen en las mujeres que los quisieron cuando ustedes no eran nadie, y desconfíen de todas las que se declaren rendidas en el momento en que llegaron a ser alguien. Y un consejo para hembras: cuando vayan a conocer personalmente a un poderoso, reciten esta jaculatoria, que puede actuar como una 'contra' para el embrujo: abre el ojo, recuerda que es poderoso, la pócima del poder me lo hará ver hermoso.
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