Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

×

Opinión

  • | 1995/08/14 00:00

    EL ARTE DE PEDIR PUESTO

    Lo más difícil de hacer oposición es encontrar una frase que implique estar contra el gobierno pero en el gabinete

COMPARTIR

POCOS MOMENTOS DE LA VIDA NACIOnal ponen a prueba el ingenio de los políticos como cuando el Presidente de la República anuncia cambios en su gabinete.
Esto sólo ocurre dos o tres veces cada cuatro años. Tenemos la fortuna de estar por estos días ante la primera crisis ministerial de este gobierno, y por eso, como en los eclipses, se recomienda estar muy atento y no perderse un solo movimiento de los políticos, enfrascados en una tarea de apariencia sencilla pero en el fondo difícil: pedir puestos.
Durante los largos años del Frente Nacional ese problema era simple. La Constitución era clara al decir que la mitad del gabinete tenía que ser liberal y la otra conservadora. Punto. El problema se reducía a la habilidad del presidente para escoger, pero el resto de la gente tenía una actitud obligatoriamente pasiva.
Pero en 1968 todo cambió. La reforma constitucional de ese año estableció que a partir del final del Frente Nacional, el presidente tendría que darle participación adecuada y equitativa en el gabinete al partido que siquiera en votos al del presidente. El debate parlamentario en aquella época no fue fácil. Con diccionario en mano, los congresistas tardaron seis meses en llegar a un acuerdo sobre las dos palabrejas, aunque a muchos de ellos siempre les quedó la sensación de que adecuada quería decir todo lo contrario que equitativa.
Desde el punto de vista de los presidentes la cosa no fue tan grave, pues, en el fondo, lo adecuado y equitativo eran conceptos subjetivos, difíciles de refutar, y el asunto se reducía a nombrar ministros. El problema ha sido para los políticos de los partidos de oposición, pues han tenido que justificar que están en contra del gobierno pero que aceptan sus ministerios. Es decir, bravos pero agradecidos a la vez.
Así fue de ahí en adelante, y es por eso que la elaboración de retruécanos por parte de la oposición para aceptar ministerios con cierta dignidad ha sido desde entonces un espectáculo digno de verse.
Poco tiempo antes de posesionarse Belisario Betancur, el liberalismo encontró una buena frase para esa fórmula: Participación en el gobierno con derecho a la crítica. Pero a los pocos días, cuando Betancur no tuvo en cuenta a las directivas liberales para nombrar ministros, la cambiaron por una no menos ingeniosa: Participación personal y técnica sin responsabilidad política.
A lo largo de ese mismo gobierno y ante las sucesivas crisis ministeriales, la misma actitud se llamó Colaboración con fiscalización y luego fue cambiada por una casi magistral: Colaboración constitucional con independencia crítica.
En el siguiente gobierno, elegido tras la campaña liberal de Virgilio Barco, quien ofrecía un gobierno de partido, el conservatismo encontró un título imaginativo y sencillo para describir la decisión de estar en contra pero -como siempre- no del todo: Oposición reflexiva.
En la administración Gaviria el problema era distinto, pues había conservadores de distinto pelambre (Partido Conservador, Salvación Nacional y Nueva Fuerza Democrática), además de gente de otras fuerzas, como el M19. Aquí el ingenio se puso a prueba y se llegó a una fórmula buena Dara todos dentro de un gobierno de Participación Nacional: los partidos se comprometen a respaldar las políticas que correspondan a aquellas carteras en las cuales tienen ministro.
La truculencia máxima durante ese gobierno se dio cuando el ministro de Salud, que era del M-19 y quien había hecho su campaña en contra de la extradición, firmó un decreto con los demás ministros mediante el cual eran extraditados a Estados Unidos varios colombianos. La explicación, escrita en hoja aparte que acompañaba el decreto, decía que el ministro estaba en contra pero que firmaba por razones de técnica jurídica. En contra y a favor a la vez: he ahí el secreto.
El asunto promete ser aún más espectacular en este cambio de gabinete. ¿Cómo va a hacer el conservatismo para aceptar ministerios y sintetizar los sentimientos hacia Samper de Fabio Valencia, que lo adora; Alvaro Gómez, que habla pestes, y Pastrana, que lo detesta? Y todo en una sola frase...
Pero a pesar de la dificultad ya se están haciendo esfuerzos notables. A mediados de la semana pasada Jaime Arias, presidente del directorio conservador, soltó una perla digna de esta galería: Hay que distinguir entre oposición y crítica.
¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 1903

PORTADA

¿Quién es el colombiano prófugo y socio del régimen de Maduro?

Esta es la increíble historia del empresario Álex Saab, el hombre que hizo llave con el presidente de Venezuela para ejecutar operaciones por cientos de millones de dólares en el mundo con la comida de los venezolanos.

Queremos conocerlo un poco,
cuéntenos acerca de usted:

Maria,

Gracias por registrarse en SEMANA Para finalizar el proceso, por favor valide su correo a través del enlace que enviamos a:

correo@123.com

Maria,

su cuenta aun no ha sido activada para poder leer el contenido de la edición impresa. Por favor valide su correo a través del enlace que enviamos a:

correo@123.com

Para verificar su suscripción, por favor ingrese la siguiente información:

O
Ed. 1903

¿No tiene suscripción? ¡Adquiérala ya!

Su código de suscripción no se encuentra activo.