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Opinión

  • | 1993/04/05 00:00

    EL ARTE DE SOMETERSE

    ES UN MITO ESO DE QUE LOS GRINGOS COLABORAN Y MANDAN PRUEBAS. LOS GRINGOS NI COLABORAN, NI MANDAN PRUEBAS.

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El arte de someterse
TAL COMO LO INSINUA EL SUGESTIvo título del periódico El Tiempo, el pasado viernes, "Nadie confiesa en el cartel", parecería como si la famosa y controvertida política de sometimiento que ha conducido a la plana mayor de Escobar a la cárcel de Envigado, hubiera resultado un completo y rotundo fracaso.

Al fin y al cabo, la tal política de sometimiento se basa en el presupuesto de que el delincuente confiese algo, poquito o mucho. Se sobreentiende que el delincuente no va a confesar todo lo que hizo, pero por lo menos sí lo minimo.
Sin embargo los ejemplos que traía debajo el titular de El Tiempo pasaban al plano de lo absurdo.
Mientras alias "Arete" confesó un delito menor que hábilmente no sólo no compromete a Escobar, sino que perjudica más bien a los enemigos de Escobar (dicho en otras palabras: su confesión "se tira"a sus enemigos, los Moncada y Galeano), alias Lenguas, confesó porte ilegal de armas, alegando a su favor defensa propia. Un tercer miembro del cartel confesó olimpicamente que su único delito habia consistido en poner en contacto a vendedor con comprador de una cantidad insignificante de cocaina, pero que en lo que a él respecta, ni compró ni vendió. (A tal punto resultan ridiculas estas confesiones, que el doctor De Greiff tuvo que mandarles a decir a "Arete" a "Lenguas" y compañia que el Fiscal no era un imbécil).
Pero por ridículos que puedan sonar los ejemplos anteriores, no podemos caer en el tropicalismo, muy propio nuestro, de afirmar que la politica de sometimiento ha resultado una porquería, o el extremo contrario, una maravilla, porque tiene a la plana mayor del cartel encerrada en la cárcel.
La verdad está situada en algún punto medio de ambos extremos. La politica de sometimiento, para decirlo en una palabra más bien neutral ha sido útil. Y sobre todo, ha resultado superior a las expectativas que desperló su anuncio en épocas del ex ministro de Justicia Giraldo, cuando todo el mundo supuso que se entregarian los narcos pequeños, pero jamás los grandes. Y cuál no seria la sorpresa cuando en fila india se entregaron los Ochoa, y a renglón seguido Escobar y su pandilla...
La politica de sometimiento a la justicia es, sobre todo, una herramienta de trabajo que de no haber tropezado con el obstáculo de la fuga de La Catedral, habria podido producir resultados más importantes que los actuales. Para comenzar, hubiera permitido que nos ahorráramos unas cuantas docenas de muertos, y los Pepes probablemente no andarian en la peligrosa exhibición de justicia privada que le están dando al país.
Si Escobar no se hubiera fugado de la cárcel, estaria en la cárcel. Pues como dijo alguien muy inteligente, Escobar se fugó de la cárcel porque el Gobierno lo iba a meter a la cárcel. Y si estuviera en la cárcel, la politica de sometimiento estaría operando, con lo cual, desde luego habría ganado él, pero sobre todo, habría ganado el país. Lo que falló en el caso de Escobar no fue, pues, la política de sometimiento a la justicia sino los hombres que la aplicaron en su momento.
Un ejemplo que se menciona comúnmente para denigrar de la política de sometimiento, es el caso de Iván Urdinola, del que muchos sostienen que pagará una pena de cárcel insignificante. Por un tecnicismo jurídico, la rebaja de penas antes de las medidas tomadas en virtud de la conmoción interior era automática, y no discrecional. A Urdinola lo cobijó la primera modalidad, pero hoy por hoy se aplica la segunda. De todas maneras, por poca que sea la condena, es gracias a la política de sometimiento que Urdinola confesó delitos que permitirán mantenerlo en la cárcel. Depender de los Estados Unidos en este caso concreto, como en muchos otros, era muy arriesgado.
Es un mito eso de que los gringos colaboran y mandan pruebas. Por lo general no lo hacen, y cuando lo hacen, envían pruebas como la testimonial, que en Colombia no son suficientes, porque el estándar probatorio norteamericano es mucho más laxo que el nuestro.
Otro caso interesante es el de Juan David Rossi, narcotraficante que se entregó cuando ningún juzgado lo requerfa. No sólo se entregó, sino que confesó. ¿Por qué? Porque la política de sometimiento le permita sanear su situación. Eso significa que sin la mencionada política, el señor Rossi jamás se habría acercado a las puertas de la cárcel, y sería un narcotraficante mas deambulando por el mundo en busca de destino.
Volviendo al caso de "Arete" y "Lenguas", corren el riesgo de que la justicia logre probarles que cometieron delitos más delicados que las ingenuidades que han resuelto confesar, y en ello está empeñada la Fiscalfa, con todas sus baterfas.
Si ninguna de estas joyitas recibe la pena que se merece la culpa no será de la política de sometimiento. Será de la incapacidad del Estado para administrar justicia.
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