Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

×

Opinión

  • | 2003/12/15 00:00

    El 'Club Scrooge

    La paradoja más triste del pavo es que lo único comestible que tiene el pavo es el relleno. El cual no es de pavo y sale carísimo, mucho más caro que el pavo (y ahí está el negocio de los supermercados)

COMPARTIR

Hay un humorista mexicano, Germán Dehesa, que fundó hace algún tiempo un círculo de odiadores de la Navidad: el Club Scrooge. El nombre está tomado del protagonista del Cuento de Navidad de Dickens, Ebenezer Scrooge, especie de figura emblemática de la resistencia contra las fiestas de supuesta armonía y fraternidad, pero que en realidad

son homenajes al mal gusto y al despilfarro. No sé qué credenciales habrá que tener para entrar en este minúsculo grupo de inadaptados navideños, pero voy a intentar que me admitan con este artículo.

En realidad el Club Scrooge no solamente abomina la Navidad. Está en contra de todos los días especiales que el marketing y el comercio internacionales se han inventado para obligarnos a comprar chucherías: el día del padre, del niño, del maestro, de la secretaria, del amor y la amistad, el halloween, más un etcétera de 365 motivos, uno por cada día del almanaque, como en una especie de santoral laico que reemplaza los rezos por regalos.

Mientras escribo esto, a duras penas me puedo concentrar por el ruido demente de las papeletas y los voladores. No paran. Releo el cuento de Dickens y me doy cuenta de que en su tiempo, por lo menos, "el día más maravilloso del año era la víspera de la Navidad". Un día, dos días, ya eran suficientes para despertar la indignación de Scrooge. Imagínense si hubiera vivido ahora, cuando los adornos de Navidad empiezan a aparecer a finales de octubre, los villancicos radiales martillan desde noviembre, los árboles y la nieve de algodón a principios de diciembre (y eso que en Belén no nieva nunca). Por no hablar de los alumbrados y monigotes navideños: los empiezan a poner dos meses antes, pero duran, como sucedió el año pasado en Medellín, hasta después de Semana Santa.

En el cuento de Dickens la gente (es una Londres pobre todavía, de principios de la revolución industrial, lejana del consumismo absurdo y opulento de hoy) hace un banquete una vez al año, y no se habla de regalos y aguinaldos. Ahora las fiestas se suceden una tras otra por un mes, las personas engordan como cerdos, el 31 a la media noche prometen hacer dieta, y todos los que pueden se deshacen de un regalo horrendo que les dieron para pasárselo a otra persona en una perpetua triangulación sin sentido.

Los supermercados, las bombas de gasolina, las revistas, las tiendas de decoración te ofrecen un pavo de regalo por la compra de cualquier otra cosa. Importan pavos de quién sabe dónde y cuando uno menos piensa se encuentra con dos pavos invadiéndole el congelador (en el mío a duras penas cabe un pollo, pero ese no es el asunto). Lo peor es lo que resulta después, cuando el inmenso animal sale del horno. La paradoja más triste del pavo es que lo único comestible que tiene el pavo es el relleno. El cual no es de pavo y sale carísimo, mucho más caro que el pavo (y ahí está el negocio de los supermercados) pues para que sea bueno hay que comprar nueces, pasas, frutas secas, piñones, ciruelas, yerbas raras... La carne negra se le echa al perro y la pechuga alcanza para tres.

Admito que de niño yo también gozaba con el arbolito, con el traído del Niño y con Papá Noel. Dickens traslada a Scrooge a su infancia, acompañado por un fantasma, para que vuelva a querer la Navidad. Ese es el truco que mejor funciona. Tratan de volvernos otra vez infantiles para que aceptemos el "espíritu navideño", es decir, para que entremos en la lógica consumista del "día internacional del regalo", como lo bautizó Ricardo Bada, un aforista germanoespañol. Eso es lo más grave de la Navidad: que nos vuelve pueriles, dispuestos a aceptar el ruido ajeno, a antojarnos de cosas inútiles que después no sabremos dónde poner.

Y todo esto por no hablar (aquí, en el Tercer Mundo) de los que sólo pueden ver la Navidad desde afuera, como espectadores que miran el banquete y el derroche de los demás. Los que más tienen son los que más reciben de lo que menos necesitan. En vez de tantos gastos en marranadas obscenas y en montones de objetos que ni los niños disfrutan; en vez de los millones en publicidad y en electricidad, sería mejor hacer como una conocida que tengo: "No me den aguinaldos, no me hace falta nada. Cómprenme un mercado para una familia de desplazados de Urabá". Una voz sensata en esta barahúnda de derroche y vulgaridad.

Dice Dickens de Scrooge que "no había calor que pudiese calentarlo, ni tiempo invernal que lo pudiera enfriar más". Las Navidades, para él, no son otra cosa que meras "estupideces". Scrooge es hosco y pretende, cuando camina por la calle, "que toda la simpatía humana guarde las distancias". Los navideños felices le tienen compasión: "¿Quién sufre con sus extravagantes ideas? El, siempre él", dicen de Scrooge. Sin embargo es el único con una brizna de sensatez.
¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 1893

PORTADA

Gobierno de Duque: un despegue con ventarrón

El llamado de Duque por la unidad del país fue empañado por el beligerante discurso del presidente del Senado. ¿Puede esto afectar la gobernabilidad del nuevo mandatario? Análisis de SEMANA.

Queremos conocerlo un poco,
cuéntenos acerca de usted:

Maria,

Gracias por registrarse en SEMANA Para finalizar el proceso, por favor valide su correo a través del enlace que enviamos a:

correo@123.com

Maria,

su cuenta aun no ha sido activada para poder leer el contenido de la edición impresa. Por favor valide su correo a través del enlace que enviamos a:

correo@123.com

Para verificar su suscripción, por favor ingrese la siguiente información:

O
Ed. 1893

¿No tiene suscripción? ¡Adquiérala ya!

Su código de suscripción no se encuentra activo.