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Opinión

  • | 2019/06/25 19:34

    El comandante contra sus policías

    Desafortunadas han sido las decisiones y declaraciones del comandante de la Policía de Bogotá frente a los hechos ocurridos la semana pasada frente a la Universidad Javeriana. En los videos que todo el país ha visto una y otra vez, y desde diferentes ángulos, se ve la gresca entre policías en moto y 'skaters', cuando los primeros intentan desbloquear la Séptima en plena hora pico.

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Muestra el video un impacto entre la moto del policía y un skater de saco blanco, allí pudieron haber ocurrido varias cosas, imprudencia y velocidad excesiva, una distracción del agente (nada raro producto del estrés de estar casi solo en medio de una multitud) o un mal cálculo en el giro y la frenada, nada distinto a lo que le pasa a cualquier motociclista cuando un peatón se le atraviesa en una vía principal. No se ve una intención del policía por atropellar, no hay una acelerada previa sino el sostenimiento de la velocidad en los segundos antes del choque. 

Se ve también que el joven impactado se recupera rápidamente, corre detrás del tumulto que arranca a patear sin tregua al policía cuando este queda aprisionado entre el asfalto y su moto. Ninguno de los skaters auxilió al policía, unos lo golpeaban y los otros observaban, absoluta vergüenza. Una mención especial merece el skater que en medio de la bronca agarra su patineta y toma impulso para saltar sobre la moto policial, mientras unos se juegan su integridad, este veía  un juego de calle, un obstáculo para demostrar destrezas en la patineta y divertirse en medio del borbollón.

Si no fuera por los reflejos de otro policía que estaba cerca, el resultado habría sido fatal, si su compañero se demora veinte segundos más en usar su moto como escudo protector, quien sabe cuántas patadas más hubiera recibido en las costillas el agente. 

Un segundo video tomado en la calle 45, muestra a una mujer agrediendo con toda su fuerza a un policía por la espalda, y la reacción de este golpeándola y tumbándola. De la mujer no sabemos ni el nombre, del policía que será suspendido y sancionado por instrucciones del general. En Estados Unidos golpear a un Policía (ABPO en la jerga gringa) tiene una sanción penal mínima de 90 días de prisión y dos años de libertad condicional, además de una multa de hasta 15 millones de pesos. 

Del general Penilla hasta ahora no han salido palabras de respaldo y solidaridad con ninguno de los siete uniformados heridos, ni un llamado al respeto por la autoridad y el espacio público, ni mucho menos anuncios de investigaciones para identificar y judicializar a los agresores que con patineta en mano (un objeto de material contundente y borde fino) buscaban e impactaban las cabezas y espaldas de los policías. Del oficial superior solo han salido notificaciones de suspensiones e investigaciones contra sus subalternos. 

Es válido que el comandante de la Policía Metropolitana cuestione los actos del servicio de sus hombres, que reconozca y actúe frente al abuso de autoridad o el uso excesivo de la fuerza (como en efecto ocurrió con el manejo agresivo de dos motos). Pero esto no puede llevar al señor comandante al otro extremo y exponer de esa manera tan dramática a sus hombres frente a la opinión pública, con declaraciones que casi justifican la agresión que recibieron y olvidando su compromiso sagrado de proteger los derechos fundamentales de quienes están bajo su mando. 

Ojala que los pronunciamientos del general Penilla pidiendo la solidaridad de los ciudadanos para que envíen los videos que tengan sobre esos hechos, sirva no solo para evaluar y sancionar la conducta de los policías como él lo ha anunciado, sino de manera prioritaria para orientar las investigaciones que permitan identificar a los salvajes skaters que agredieron a nuestros policías con palos, tablas y patadas.

***

Saldo: Está en lo correcto Maria Isabel Rueda cuando afirma en su columna de ‘El Tiempo‘ que la suspensión de la aspersión aérea con glifosato no obedece a criterios jurídicos ni científicos, sino puramente políticos y presupuestales. Si bien es cuestionable que la Universidad Sergio Arboleda (o cualquier universidad) difunda resultados de un estudio que no ha sido evaluado por un grupo de pares académicos ni aceptado por una revista especializada, es menester de esta columna recordar que hace cinco años en la Facultad de Economía de la Universidad de los Andes se hizo exactamente lo mismo (para demostrar lo contrario) y fortalecer la decisión del Gobierno Santos de suspender la aspersión. 

Con el mismo criterio de laxitud científica (difundir antes de validar) el doctor Uribe Restrepo en su condición de ministro de Salud presentó ante la Corte Constitucional “evidencias” según las cuales el Instituto Nacional de Salud identificó una relación causal entre el glifosato y un tipo de  cáncer (algo que ningún otra entidad de salud en el mundo ha demostrado). El estudio que radicó el ministro en la audiencia (y se filtró a ‘El Espectador‘) tampoco ha sido publicado por una revista especializada ni objeto de una revisión formal.

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