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Opinión

  • | 2003/07/13 00:00

    El cómo y el cuándo de Naciones Unidas en Colombia

    Andrés Franco, experto en temas internacionales, escribe sobre la relación de las Naciones Unidas con el gobierno colombiano, para lo cual plantea como indispensable definir el papel de la ONU en Colombia para que "haga más y critique menos", y evidencia la necesidad de que el gobierno defina mejor ante los Estados miembros del organismo internacional la situación del país.

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Es un momento interesante en las relaciones del gobierno de Colombia y Naciones Unidas. Las opiniones que se ventilan públicamente indicarían que no hay puntos de encuentro muy claros sobre el papel que la ONU puede y debe cumplir en el país. ¿Qué se necesita para que la ONU "haga más y critique menos"?

En esencia, que lo decidan sus miembros a través de los órganos intergubernamentales como el Consejo de Seguridad o la Asamblea General. Es de allí de donde debe surgir un mandato que permita al Secretario General ir más allá de sus buenos oficios ejercidos directamente o a través de sus asesores y representantes especiales (como es el caso de Colombia).

Sin embargo, intentar lograr que la ONU "haga más" es una opción política que conviene analizar pausadamente. La situación política en Colombia jamás ha sido considerada en un órgano intergubernamental como tema de agenda como sí se ha hecho con Sierra Leona, Afganistán, Medio Oriente, Guinea Bissau, Liberia y República Democrática del Congo, por citar algunos. Es cierto que en la Comisión de Derechos Humanos se ha examinado un aspecto de la situación en Colombia (protección de derechos humanos) pero al hacerlo no se ha pretendido definir un papel político para la ONU en la resolución del conflicto.

Por ello, si el gobierno nacional decide activar la discusión de la situación en Colombia en el Consejo Seguridad o la Asamblea General, es posible que logre que la ONU "haga más" (es bien probable que se pierda el control político de una discusión en la que intervendrían otros estados con intereses nacionales bien definidos). Pero no necesariamente evitará escollos que tienen el potencial de enrarecer un poco más la relación con el organismo internacional.

El primer paso que tendría que dar el gobierno colombiano es promover una definición común entre los estados miembros de Naciones Unidas sobre qué es "la situación en Colombia". ¿Es una democracia asediada por terroristas? ¿Es un conflicto armado con implicaciones regionales en el que actúan grupos armados que cometen actos terroristas?

Si de entrada no es posible lograr un consenso en la definición de lo que es la situación en Colombia, difícilmente podrá haber armonía en las estrategias que deben seguirse para solucionar el problema. Es decir, no será posible que la ONU "haga más" pues uno es el camino para confrontar el terrorismo y otro es el de buscar una solución política a un conflicto armado.

El camino del terrorismo en Naciones Unidas es extremadamente explosivo. Al margen de que es imposible negociar lo que es terrorismo (árabes y africanos resienten que sus "liberadores" hayan sido catalogados de terroristas en el pasado por europeos y americanos), sólo en el caso de Al Qaeda y los Taliban en Afganistán ha sido posible que el Consejo de Seguridad califique por unanimidad de "terrorista" a un grupo armado. Y para ello fue necesario el 11 de septiembre pues antes de aquella nefasta fecha existían países como Paquistán y Arabia Saudita que bajo ninguna circunstancia admitían que se calificara a los Talibanes como tales.

Por ello, si se logra forjar un consenso político sólido, en un órgano intergubernamental, que defina la situación de Colombia como una democracia asediada por terroristas se estaría dando un paso histórico en Naciones Unidas. Colombia habría convencido a los quince miembros del Consejo de Seguridad de que eso es así y ahora podría proceder a persuadirlos a que actúen y tomen medidas concretas como se hizo con Al Qaeda.

Pero aquí hay también hay riesgos. El primero de ellos es que otros países con problemas similares van a querer que se les de el mismo tratamiento. Detrás de Colombia, quizás se apunte Indonesia para plantear lo de la provincia de Aceh; Filipinas para darle contexto a la situación de violencia en Mindanao; Sri Lanka para darle seguimiento a la provincia de Jaffna en caso de un colapso en las negociaciones con los Tamiles; Rusia para responder a Chechenia, etc, etc. Seguro que varios países del Medio Oriente y Africa tendrían algunas ideas complementarias. Es decir, si el Consejo decidiera ir por este camino que le propondría el estado colombiano, entraría a un laberinto político complejo de donde no podría salir fácilmente.

En segundo lugar, la experiencia reciente demuestra que Naciones Unidas no está muy bien equipada para la lucha contra el terrorismo global, y mucho menos para dar una pelea en un país determinado. Por supuesto, es posible que en el futuro si lo esté, pero los mecanismos que se han puesto en marcha para combatir a Al Qaeda y sus asociados (listas de individuos, capacitación para estados, congelamiento de cuentas, sanciones, etc) indican que allí no está la ventaja comparativa de la ONU.

La ONU suele ser más exitosa cuando puede contribuir a solucionar conflictos políticos. Por ello, es natural que evite celosamente catalogar a un grupo armado de "terrorista" y opte por condenar una y otra vez los "actos terroristas" que ese grupo cometa.

En Kosovo, la ONU evitó catalogar de "terrorista" al Ejercito de Liberación Nacional de Kosovo (KLA) a pesar de sus ataques contra mujeres y niños. Igual hizo en Angola con UNITA a pesar de actos de violencia indiscriminados contra la población civil. En ambos casos hubo críticas por esta posición de Naciones Unidas. Pero si hubiera cedido a las críticas habría matado cualquier posibilidad de ejercer el papel político que a la postre cumplió y que contribuyó de manera efectiva a solucionar pacíficamente la situación en ambos lugares. Quizás allí existan lecciones para Colombia.

Habrá un momento político adecuado y unas condiciones satisfactorias para que la ONU "haga más" en los campos en los que tiene una ventaja comparativa. Tendrá que ser un papel realista que considere las posibilidades de la organización y la coyuntura del país, y posible en la medida que existan los consensos políticos que permitan cumplir el papel que se le asigne.

*Internacionalista colombiano
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