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Opinión

  • | 1996/09/02 00:00

    EL COSTO DE DOS VISAS

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Cien mil cultivadores de coca y raspadores de hoja se sublevan en el sur, en el Guaviare, en el Putumayo, en el Caquetá, en el Cauca, y muy pronto también en el Huila. Se alzan contra la erradicación y fumigación de los cocales, que son su única fuente de ingresos mientras el gobierno no cumpla las promesas de reconversión de cultivos y apertura de mer-cados alternativos del 'Plante', que no ha cumplido en dos años ni podrá cumplir en los dos que le quedan, porque para eso no hay plata. El Ejército los reprime a plomo: para el plomo sí hay plata. Ya van muchos heridos, varios muertos. El presidente Ernesto Samper, que quiere hacer méritos con Estados Unidos por ver si de ese modo recupera su visa, promete (aunque es otra promesa que, él lo sabe, tampoco podrá cumplir): "Vamos a combatir hasta el final estos cultivos de la muerte". Y el general Harold Bedoya, comandante del Ejército, que no quiere perder la suya, lanza una marcial proclama: "Esto es una guerra, y la vamos a ganar".Falsa promesa, triste proclama. Triste guerra ésta, contra colonos miserables. Es sin duda verdad que a éstos los azuzan los guerrilleros de las Farc. Pero si pueden azuzarlos (y si, para empezar, existen guerrilleros) es justamente porque son colonos miserables, expulsados a esas selvas inhóspitas por la violencia de otras guerras que los marciales antecesores del general Bedoya prometieron ganar, y tampoco ganaron. Pobres colonos miserables, reducidos al monocultivo de la hoja de coca en la selva talada y destruida porque los antecesores de Samper tampoco cumplieron sus promesas de recuperación del agro: el PNR, el ya remoto DRI, la lejanísima Reforma Agraria. Ahora, para que el presidente Samper recupere su visa y el general Bedoya no pierda la suya, les prohíben vivir: si no quieren morirse de hambre por las buenas, hay que matarlos a bala.Y guerra imbécil, por añadidura. Porque como deberían saber de sobra personas informadas como Samper y Bedoya, lo que genera los cultivos de coca en las selvas colombianas no es ni la existencia de los colonos miserables ni la presencia subversiva de las Farc, sino el hecho de que los muchos millones de consumidores de cocaína de Estados Unidos importan miles de toneladas de ese producto cada año. El único producto colombiano que de verdad tiene un mercado importante y estable en Estados Unidos, que no está sometido a las descertificaciones, como las flores, ni a las presiones diplomáticas, como el banano. El único producto colombiano de exportación rentable. Y que es rentable única y exclusivamente porque su comercio está prohibido. La persecución de los campesinos cocaleros, con las sublevaciones consiguientes, o la extradición de los capos locales del narcotráfico, con el narcoterrorismo consiguiente, son los elementos de los cuales depende ese descomunal valor añadido que hace que el tráfico de cocaína sea un gran negocio. ¿Cuándo reconocerán el hecho evidente de que la prohibición ES el negocio? Quienes contribuyen a mantenerla Bedoya con su guerra, Samper con su política son objetivamente los mejores aliados de los narcotraficantes: los que les garantizan que su negocio seguirá siendo rentable, y los seguirá haciendo ricos y poderosos.Detrás de Samper y de Bedoya, y de sus antecesores, están, claro está, los verdaderos responsables de la riqueza y el poderío de las mafias de la droga: los gobiernos de Estados Unidos, que son los que han impuesto la prohibición universal. Sin los presidentes Clinton, Bush, Reagan y, hacia atrás, hasta Nixon, sin los Helms y los Kerry, sin los Gelbard, los Frechette, los Tambs, la droga no sería negocio para los narcotraficantes. Y en consecuencia, éstos no hubieran podido financiar en Colombia campañas presidenciales. Y Ernesto Samper no hubiera perdido su visa.Pero al fin y al cabo los Frechette, los Tambs, o _más arriba_ los Clinton y los Nixon, tienen un atenuante en la culpabilidad. Su política puede ser inmoral: pero gracias a ella el negocio de la droga es un gran negocio, y es un negocio de Estados Unidos. En cambio la política de los Bedoya o los Samper, y de todos sus antecesores en los últimos 30 años, no sólo es inmoral sino, además, en la práctica, contraproducente: lejos de generar para Colombia riqueza alguna, la ha sumido en la corrupción y en la violencia. A Estados Unidos el negocio de la droga le aumenta el Producto Interno Bruto. A Colombia la destruye. Pero para que la droga siga siendo negocio, y en consecuencia aumentando el PIB norteamericano, es necesario que Colombia mantenga la guerra que la destruye.Triste guerra. Guerra ajena. También la perderemos. Y ni siquiera es seguro que por el hecho de librarla, y de perderla, Samper recupere su visa, y Bedoya conserve la suya.
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