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Opinión

  • | 2006/11/04 00:00

    El efecto criptonita

    Quizás el ejemplo más patético del efecto criptonita está a punto de presentarse en Ecuador, donde el apoyo de Chavez ha invertido las posibilidades del favorito

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Hace dos meses el liderazgo continental de Hugo Chávez parecía imparable.

Sus favoritos iban en proceso de triunfar en las elecciones presidenciales de México, Perú y Ecuador, pero finalmente los resultados le salieron muy mal en los dos primeros países, y es muy probable que tampoco le salgan bien en el tercero.

Los candidatos que apadrinaba perdieron las elecciones, y la expansión de su revolución bolivariana ha quedado, por lo pronto, relegada a Evo Morales en Bolivia.

Analistas políticos han resuelto decir simpáticamente que Hugo Chávez resultó ejerciendo un efecto "criptonita" sobre los candidatos latinoamericanos que ha apadrinado. Todos han sido en su momento favoritos en las encuestas, pero cuando Chávez se les arrima, se debilitan, igualito a Superman cuando Lex Luthor le pasaba por las narices las rocas verdes que anulaban sus extraordinarios poderes.

Así sucedió con Manuel López Obrador en México. Se daba por seguro que le ganaría a su rival, Felipe Calderón, pero éste hábilmente volteó el resultado utilizando la táctica de relacionar a López Obrador con Hugo Chávez, aunque se dice que los dos líderes de izquierda ni siquiera se conocían personalmente. Primer gran totazo para las expectativas chavistas.

Después vino el caso de Ollanta Humala en el Perú, gran favorito, sobre todo teniendo en cuenta que su rival, Alan García, era un repitente con muy mala fama. A Chávez se le fue la mano en su explícito apoyo al candidato de izquierda, y los peruanos se negaron a aceptar lo que percibieron como una indebida intromisión del Presidente venezolano en la política interna de su país.

Pero quizás el ejemplo más patético del efecto criptonita de Chávez es el que está a punto de presentarse en Ecuador. El izquierdista Rafael Correa es, de lejos, el mejor de los candidatos. Joven, churro, carismático, tiene humor, es excelente orador, pero una vez más, el apoyo público de Chávez ha invertido las posibilidades del candidato favorito.

En cambio, muy posiblemente ganará las elecciones el billonario empresario bananero Álvaro Noboa, quien si no fuera candidato de Ecuador sino de Colombia, habría sido motivo de grandes bochinches en los medios de comunicación.

No existe escándalo al que no se le haya vinculado. Se le ha acusado de que sus empresas bananeras viven del trabajo infantil, de que ha evadido impuestos, de que varias empresas de su propiedad están registradas bajo direcciones falsas, de que durante su primera candidatura presidencial excedió los gastos electorales permitidos, además de que la sangrienta disputa con sus hermanos por la multimillonaria fortuna de su padre ha alimentado durante varios años las crónicas de la farándula ecuatoriana.

Al frente de una fundación cristiana llamada Cruzada Nueva Humanidad, abandera la lucha contra la miseria, la ignorancia, la debilidad espiritual y el odio. Se la pasa repartiendo bananos y bendiciones durante sus correrías políticas.

La más reciente derrota de Chávez fue la de su aspiración de derrotar a Guatemala e imponer a Venezuela como nuevo miembro del Consejo de Seguridad de la ONU. Aunque le ha adjudicado la derrota a Estados Unidos, el verdadero derrotado fue Chávez, al que le tocó declinar su aspiración a favor de Panamá. Y aunque el mandatario actual sea heredero de Omar Torrijos, pocos países más dependientes de Estados Unidos que éste.

En esa elección se hizo evidente que los países del Caribe, que parecían fuertes aliados de Chávez, se mostraron ambivalentes frente a la hora de respaldar a Venezuela contra Estados Unidos.

Y no sólo Chávez desperdició millones de dólares en viajes de campaña desde Bielorrusia a Vietnam para obtener las dos terceras partes de los votos que necesitaba, sino que en el fondo, a Estados Unidos no le interesaba tanto el triunfo de Guatemala como la derrota venezolana. Y la logró.

También muy cerca de su propio proceso electoral, Chávez está intentando suavizar un poco el virulento lenguaje que utilizó en la asamblea de las Naciones Unidas, cuando dijo que ahí olía a azufre y comparó a Bush con el diablo.

En su publicidad electoral no aparece ya con su tradicional y agresiva camisa roja sino con una azul clara, diciendo que él lo ha hecho todo en la vida "por amor".

Falta ver qué ocurrirá en Nicaragua, donde otro consentido de Chávez, Daniel Ortega, está punteando en las encuestas presidenciales.

Pero no sería mala idea que Ortega repase los anteriores ejemplos para que tenga presente que, con la criptonita, no juega ni Superman. n?

ENTRETANTO… ¿El ex presidente César Gaviria, famoso por su seriedad en materia fiscal, estará de acuerdo con la decisión de su partido de someter a un referendo el régimen de transferencias fiscales a las regiones, que le costaría al gobierno el equivalente a tres reformas tributarias?
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