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Opinión

  • | 2003/01/12 00:00

    El escáner preventivo

    No digo que Estados Unidos haga mal en instalar aparatos de reconocimiento en sus fronteras. Digo que debería aplicárselos a todo el mundo

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En este mundo cada vez más paranoico en que vivimos hay un asunto que -por una especie de gusto masoquista- me atrae profundamente: el de las políticas migratorias de los países ricos. La semana pasada el gobierno de Estados Unidos puso en práctica un nuevo procedimiento de control para las personas que quieran ingresar en su territorio con visa: un escáner te hace una biometría del rostro, es decir, una foto digital sofisticada, y otro aparatico te toma huellas dactilares. Los datos van a un inmenso banco de datos y si la cara de uno coincide con la de algún delincuente (en general un delincuente extranjero recibe el nombre de terrorista), o si no coincide con los datos de la visa, el gobierno estadounidense te arresta, te deporta o toma las medidas pertinentes. Hasta aquí parece un procedimiento casi limpio, no mucho más fastidioso o humillante que la visa. Las medidas policivas de seguridad no le gustan a nadie, pero si los gobiernos las emprenden por el bien de todos, y si además las molestias del control las padecen todos, uno acaba sometiéndose, de buena o de mala gana. Pero lo fundamental en este nuevo filtro fronterizo es que no se escanean los rostros de todas las personas ni se toman las huellas digitales de todo el mundo. La inclusión o exclusión en la medida se da por motivos de ciudadanía: si usted es canadiense, europeo, japonés o australiano, no tiene que pasar por el escáner (salvo que pretenda quedarse más de tres meses). Si usted es ciudadano de Estados Unidos, no tiene que someterse al escáner jamás. Sin embargo, no podemos decir que el filtro sea racista. Aunque tendencialmente los blancos tendrán que someterse mucho menos a él (puesto que la mayoría de los blancos del mundo viven en los países de arriba), también es cierto que hay blancos entre los perjudicados (blancos argentinos, blancos surafricanos, blancos brasileños, blancos iraníes, etc.). Y aunque tendencialmente más negros, árabes, asiáticos, mestizos o indígenas americanos tendrán que pasar por el control, también habrá unos cuantos negros, árabes, asiáticos o mestizos que no tendrán que someterse al procedimiento: los negros, árabes, etc., nacidos en Angloamérica o en los demás países excluidos. En cifras aproximadas podemos decir que de los 6.000 millones de seres humanos que viven en la Tierra, un 15 por ciento (unos 900 millones de personas) están excluidos de la sospecha de terrorismo. El resto del planeta, que es como decir la periferia de la gran ciudad globalizada, es decir, más de 5.000 millones de personas, somos potencialmente terroristas, y por lo tanto investigados a priori, antes de cometer cualquier delito. Digamos que se nos hace un "escáner preventivo", en sintonía con la actual ideología triunfante de la "guerra preventiva". Escáner preventivo a los pobres. Lo que me interesa de todo esto, releyendo la Declaración Universal de los Derechos Humanos, es que se está imponiendo paulatina y silenciosamente un nuevo paradigma de discriminación que no se basa en el sexo, las convicciones políticas, la raza o las opiniones religiosas. Ahora las categorías para el trato migratorio o judicial tienen que ver más con el color del pasaporte que con el color de la piel, es decir, ni siquiera con el origen nacional, sino con el certificado legal de ciudadanía. Si usted es ciudadano de tal país recibe cierto tipo de tratamiento, si es ciudadano de estos otros países se le tratará de esta otra forma. Hace pocas semanas el gobierno colombiano aceptó de rodillas (a cambio de unos cuantos millones de dólares en armamento) que ningún ciudadano estadounidense podría ser enviado al Tribunal Penal Internacional. Al mismo tiempo el gobierno norteamericano decide que los terroristas nacidos en su territorio serán juzgados por los tribunales corrientes; en cambio los terroristas de otros países pueden ser llevados a Guantánamo y mantenidos indefinidamente en una especie de campo de concentración. Dice el artículo 7 de la Declaración Universal: "Todos son iguales ante la ley y tienen, sin distinción, derecho a igual protección de la ley". Parece un chiste, ¿verdad? No digo que Estados Unidos haga mal en instalar aparatos de reconocimiento en las fronteras. Esa es otra discusión. Digo que si lo hace, debería aplicar la medida a todo el mundo, empezando por sus propios ciudadanos, que no son inmunes al terrorismo activo (o ¿dónde nacieron Unabomber o los culpables de Oklahoma? ¿En el Limbo?). Claro, no lo hacen porque sus ciudadanos sabrían defender sus derechos, conocen la Constitución y entienden lo que quiere decir la Declaración Universal. En cambio nosotros, los 5.000 millones de ciudadanos del mundo de segunda categoría, agachamos la cabeza y todo nos parece bien. Con tal de que nos dejen dar un paseíto por Disneyworld, aceptamos cualquier humillación. Llegará el día en que se decida que los ciudadanos de la Zona A deben ser juzgados por tribunales independientes, y que los ciudadanos de la Zona B (nosotros, tercermundistas) podemos ser juzgados en cualquier Guantánamo. Que los de A no serán torturados nunca y los de B, a veces. Que los de A podrán tirar bombas y los de B no. En fin, cualquier arbitrariedad. Y ya no tendremos ni siquiera un periódico para protestar.
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