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Opinión

  • | 2004/08/22 00:00

    El esquinazo

    Ante Chávez, Pastrana y Uribe confundieron el interés nacional con el de Estados Unidos. Y los petroleros amigos de Bush nos dieron el plantón

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La cuestión es el Golfo, el de Maracaibo, que allá insisten en llamar "de Venezuela" y acá intentamos bautizar "de Coquivacoa". Un diferendo que se vive con más intensidad y más pasión allá que acá, porque el golfo afecta mucho más a Venezuela que a Colombia.

Por eso a Caracas le interesa que nuestras Fuerzas Armadas no estén bien armadas y que además tengan las

manos atadas. Es algo que por supuesto no se dice, pero que sabe cualquier coronel venezolano: mejor que el enemigo potencial siga ocupado en su conflicto interno.

Me dirán que el conflicto del vecino tiene el riesgo de contagiar la frontera con secuestros, emboscadas, extorsión y otros males. Es así. Pero el mejor modo de evitar ese riesgo no es apoyar al Estado vecino sino negociar en silencio con la insurgencia -al estilo, en su tiempo, de Francia con la ETA o de Camboya con el Vietcong-.

Desde hace pues medio siglo, a Venezuela le sirve que Colombia viva en guerra, y desde hace medio siglo sus gobiernos han buscado convivir con la guerrilla. La diferencia con Chávez es de grado y de estilo. Primero porque es bocón, para gracias y desgracias. Segundo porque es un coronel venezolano. Tercero porque el "patriotismo" es parte esencial del populismo (que lo diga si no Uribe). Y cuarto porque, en efecto, Chávez es bolivariano tanto como son las Farc.

En este caso Colombia es la parte débil, así que habría que cuidarse por punta y punta. Cuidarse al aplazar la carrera armamentista y al densificar las relaciones económicas con Venezuela, para alejar el peligro de una guerra en el golfo. Cuidarse además al evitar que Caracas necesite entenderse con las Farc, mediante la vigilancia estricta de la frontera y acuerdos eficaces de policía.

Las cosas anteriores tienen un punto en común: todas ellas suponen llevarse bien con el gobierno de Venezuela, sin importar que nos guste o nos disguste. Este es el alto interés de Colombia, y a él fue fácil adherir mientras los gobiernos de Bogotá y Caracas eran parecidos. Pero con Chávez se enreda el asunto y Pastrana, más todavía Uribe, cayeron en el juego que él andaba buscando.

No digo que sea fácil lidiar con Chávez, sino que el interés nacional es tenerlo de amigo. Pero Pastrana, más todavía Uribe, confundieron también en este punto el interés nacional de Colombia con el de Estados Unidos.

A Washington, sin duda, le sobraban motivos para oponerse a Chávez: su cercanía con Castro o su visitas a Gadafi y Husseim; su revivir la Opep; su tercerismo y sus conatos de expropiar; su negativa a autorizar aviones antidroga; su manoseo de las libertades básicas, sus ataques a Bush... Sólo que en este caso, la parte débil era Venezuela.

Y así, en vez de cuidarse las espaldas, Bogotá le sirvió de cuña a Bush: un Plan Colombia que asusta a los vecinos, una Iniciativa Regional Andina que excluye a Venezuela, un TLC que la deja por puertas y hasta el cuento de una operación conjunta entre la oposición de allá, los paramilitares de acá y la CIA que sabemos.



Las relaciones Bogotá-Caracas se fueron amargando. En lo militar: Colombia tratando de comprar 40 tanques AM-X30 y Venezuela buscando 50 aviones MiG. En el orden público: persecución en caliente y bombardeos a un lado, ganaderos secuestrados y guardias muertos al otro. En lo comercial: caída vertical del intercambio, bloqueo a los camiones y demandas ante el Tribunal Andino, congelación de pagos, deserción de Venezuela hacia Mercosur y de Colombia hacia el TLC. En política exterior: posiciones opuestas en Irak, en el Tratado de Rio, en la OMC. En política interna: Caracas coquetea con las Farc; Bogotá, con los golpistas de Caracas.

Con este desenlace: que los gringos nos dieron el plantón. Con Irak incendiado, con Arabia Saudita amenazada, con Rusia casi en quiebra y con China devorando reservas, los petroleros amigos de Bush concluyeron que su interés era apostarle a Chávez después de todo. Este fue el juego de Washington durante meses y es el que se hizo obvio a raíz del referendo.

Ahora tendremos que apañarnos nosotros solos con Chávez: es la vaina de los amigos cuyos amigos son más amigos que uno.
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