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Opinión

  • | 2006/02/12 00:00

    El fin justifica a los medios

    El debate sobre la 'milimetría' en el cubrimiento de la campaña presidencial puede convertirse en un juicio arbitrario contra los medios, opina Carlos Cortés, director de la Fundación para la Libertad de Prensa.

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Suponga que usted es camarógrafo y periodista de la Fórmula Uno. Un día su jefe le dice antes de una carrera: "desde hoy, todos los carros tienen que salir en televisión exactamente el mismo tiempo, y al final tiene que entrevistar a todos los pilotos y hacerles las mismas preguntas". Usted se encoje de hombros y le responde: "Jefe, ¿y si hay un duelo en la punta, un estrellón de los dos de Minardi o se vara el japonés, no les dedico unos minutos más? Su jefe le responde con un 'no' rotundo.

Algo similar sucede ahora con los noticieros de televisión y los programas de radio. Según la ley de garantías - que reglamentó la reelección presidencial inmediata en Colombia - estos medios de comunicación deben enviarle un informe semanal al Consejo Nacional Electoral (CNE) donde expliquen los tiempos o espacios que les otorgaron a las campañas de cada candidato. El mismo artículo obliga al CNE a publicar esa información y verificar que la presencia de los candidatos en esas emisiones sea "equitativa".

La preocupación de los directores de medios es múltiple y lógica: no existe una definición de cubrimiento "equitativo"; no está clara la manera como los medios deben presentar los informes semanales, y no se sabe cuáles son las sanciones por hacer un cubrimiento inequitativo ni cómo hacerlo mientras no haya candidaturas como tales, sino precandidaturas.

Aparte del riesgo de que esta norma convierta al CNE en una instancia de censura - cuando se habla de la evaluación cualitativa de la información que tiene que hacer -, existe el riesgo de señalar a los medios como los responsables del desarrollo que tenga esta campaña, cualquiera que sea: para ningún candidato habrá 'milimetría' (su carro salió dos veces menos que el rojo o su respuesta fue más corta que la del otro), todos habrán hablado menos y todos, en algún momento, se quejarán de la discriminación de los medios.

Si los noticieros se centran en dos candidatos, estarán polarizando la campaña; si el programa de radio los incluye a todos brevemente, estarán minimizando sus ideales y volviendo la campaña superficial. La 'milimetría' parte de un supuesto equivocado: más información no implica mejor información ni información positiva. Y viceversa: menos información no implica menos contundencia ni es necesariamente información negativa.

No se puede ocultar que en todo el mundo los medios de comunicación se convirtieron en el vehículo de las campañas políticas, y que todas las estrategias electorales apuntan a conquistarlos. Pero tampoco se puede ocultar que ha sido el periodismo - y no la justicia - el que ha destapado los principales escándalos de corrupción en la política, no sólo en Colombia, sino en todo el mundo. Pero si empezamos a hacer un periodismo con instrucciones, convertimos a los periodistas en simples notarios. El fin de informar a la sociedad, de fomentar su interés político y su capacidad crítica, justifica la libertad de los medios.

Como en las carreras, que haya juego limpio en la política no depende del periodismo. La buena política depende de los políticos, de los partidos políticos y del gobierno. Y si eso sucede, lo tienen que reflejar los medios, que además tienen una obligación más importante: darle elementos de juicio a su público para que tome decisiones, y hacerlo con transparencia, autorregulación y veracidad.

Que un piloto decida estrellar a otro no depende del camarógrafo; que un piloto tenga más plata y por lo tanto mejor carro, tampoco. La carrera que se viene encima es inédita en Colombia. Pero, por favor, si sale mala no le eche la culpa al periodista que se la está mostrando.


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