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Opinión

  • | 1994/09/05 00:00

    EL GABINETE

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ME GUSTO EL GABINETE. POR LO MEnos me gustaron la casi totalidad de los nombres que se conocían el viernes, cuando escribí esta columna. Me parece, por ejemplo, que la dupleta Serpa-Botero, el primero amigo del diálogo, conciliador y fogoso, el segundo frío, fuerte y más inclinado a la mano dura, deja abierto un espacio muy amplio para manejar el problema de la subversión . En ese campo Serpa no llega, ni muchísimo menos, como un triunfador. Más bien como un fracasado, por cuenta de una política de paz que dejó varada el anterior gobierno. Posee una imagen desgastada, "demodé", ante la opinión pública, algo así como lo que los bogotanos llamamos un "tipo jartísimo". Tendrá que renovar su imagen cuanto antes. En cuanto a Botero, una de las caras nuevas del gabinete, produce confianza su insistencia, cuando habría podido escoger cualquier otro cargo más cómodo, de que lo nombraran precisamente en el Ministerio de Defensa. Si se quiso meter en ese "berenjenal" es porque debe tener planeado hacerlo bien. Eso significa que en el nuevo Ministro de Defensa se juntan las dos condiciones principales para ser buen ministro: capacidad y ganas.

A Guillermo Perry, el ministro de Hacienda, éramos varios quienes le teníamos susto. Nos daba miedo que en lugar de ser un acelerador del proceso económico inaugurado por Gaviria, se convirtiera en un freno. Pero sus primeras declaraciones han sido tranquilizadoras, bastante continuistas y serenas. Tendrá que desarrollar un poco el sentido del humor, del que carece por completo, y superar la terrible susceptibilidad a la crítica, porque le esperan épocas duras. Es bueno que entre Perry y los otros dos ministros económicos, Rodrigo Marín y Daniel Mazuera, exista una completa homogeneidad ideológica. Todos coinciden en impulsar la apertura con ligeras modificaciones, como en el aspecto cambiario.

Lo de Rodrigo Marín es un justo reconocimiento a sus capacidades, a su decencia y a su valentía. Fue el primer político no liberal que adhirió al actual presidente cuando Samper estaba en las encuestas 10 puntos por debajo de Andrés, una decisión que causó mucha controversia en su propio partido. Pero dejó la lección de que en Colombia hay que votar por el que a uno le parezca mejor, así sea que venga de otras toldas políticas, porque es lo más honesto.

Daniel Mazuera, nuevo ministro de Comercio Exterior, es uno de esos hombres que lo ponen a pensar a uno si ya había sido ministro, porque estaba en mora de serlo. Pero además de sus incontables méritos propios, su nombramiento constituye una jugada política impecablemente samperista. Hace cuatro años está con Pastrana, distanciado políticamente de su tío Alvaro Gómez. Pero sigue siendo su sobrino, con lo cual, su nombramiento es un homenaje a Santander para callarle la boca a Bolívar.

Y como Mazuera, el país estaba en mora de hacerle un homenaje a una de las mujeres colombianas más importantes: Cecilia López Montaño. En el sonajero comenzó como ministra de Agricultura, un día después la degradaron al de Educación y finalmente la ubicaron en el de Medio Ambiente. Acuérdense de mí: se hará sentir. Aunque sus detractores la califican de ser muy radical y peleadora, para rescatar el medio ambiente tendrá que ser radical y peleadora. Ya que tocamos el tema de la seguridad social, ni idea de quién es la señora María Sol Navia Velasco. Buena suerte, pero muchas pilas con su gran responsabilidad, porque ya el Ministerio de Trabajo dejó de ser una simple inspección y pasó a tener una enorme importancia económica y financiera, donde será clave la reglamentación de la ley de seguridad social.

El ministro de Comunicaciones, Armando Benedetti, es un intelectual y un excelente columnista. Por desgracia, una de sus últimas columnas apuntó a matar a dos periodistas, atentado del cual ambas salimos vivas, por fortuna. Ojalá canalice mejor su fogoso samperismo como funcionario público.

El antioqueño Juan Gómez Martínez, en Transporte, representa la más alta votación conservadora del país. Y qué caramba: hablando en plata blanca, después del de Hacienda, es el Ministerio con la chequera más poderosa. Ojalá la invierta como toca, para compensar la incapacidad de su antecesor, el Ministro más condecorado del anterior gabinete. (Puente o carretera que se caía, medalla que le caía al pecho...).

En cuanto al nuevo canciller, Rodrigo Pardo, será una de las estrellas del nuevo gabinete. Pero detrás de su nombramiento se esconde otra magnífica jugada "samperesca": Rodrigo es un profesional de cinco estrellas, prácticamente un técnico de la política internacional. Esta condición le permitirá a Samper darle a su vicepresidente, Humberto de la Calle, el juego político internacional que este último quiere tener. Esta unión del técnico con el político no solamente no choca, sino que podría reportarle al país grandes dividendos en el ámbito externo.

El ministro de Justicia, Néstor Humberto Martínez, es un jurista-economista y, como si fuera poco, viene de hacer carrera en Estados Unidos, donde debe haber dejado contactos bien útiles para un país tan necesitado de respaldo de los rubios. Además es una cara políticamente nueva, a quien le corresponderá rescatar el Ministerio de Justicia del limbo de innecesidad en el que lo dejó colocado su antecesor.

Bienvenido sea en Agricultura el sucreño Antonio Hernández Gamarra, a una cartera como la del manejo del campo donde le tocará ser profeta en su tierra: los más castigados por la inseguridad y el abandono estatal son, precisamente, sus coterráneos los costeños.

En Educación nos nombran a Arturo Sarabia Better, a quien también movieron como ficha de ajedrez por el tablero ministerial, y cual caballo saltó sobre el Ministerio de Trabajo para aterrizar finalmente en el que quedó. Más que la cuota de De la Calle en el gabinete, Sarabia es un hombre serio y capaz, aunque ha tenido pocas oportunidades para demostrarlo.

Si Samper se caracteriza por algo es por sus ecuaciones políticas. Me parece que este gabinete cumple con ellas, pero además le ofrece al país un equipo que mezcla experiencia con caras nuevas, gente madura con jóvenes, equilibrio político y gente de reconocida categoría intelectual.

Si el nuevo Presidente gobierna con el cuidado que hasta ahora parece haberle invertido a la conformación de su gabinete, podríamos decir, respirando hondo, que arrancamos bien.
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