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Luis Carlos Vélez Columna Semana
Luis Carlos Vélez. - Foto: JUAN CARLOS SIERRA PARDO

El gobierno Petro

Petro también es la materialización del hastío, especialmente el de los más jóvenes, de una clase dirigente racista, clasista y muchas veces corrupta.


Por: Luis Carlos Vélez

A partir de este fin de semana Colombia dará un firme salto a lo desconocido. Por primera vez en la historia de nuestro país, el gobierno será de izquierda. Gustavo Petro se sale del molde de lo que han sido los gobernantes nacionales. Es un exalcalde, exsenador y un exguerrillero.

Aunque sus seguidores se molesten, es imposible separar su pasado como miembro de una organización al margen de la ley de lo que significa su llegada al poder. Se trata de un elemento considerable si se tiene en cuenta que es precisamente el tema del proceso de paz con la guerrilla de las Farc uno de los que más polarización genera, que la insurgencia ha mantenido una estrecha relación con el narcotráfico y el régimen de Venezuela, y que ahora el tema de una “paz total” con todas las organizaciones violentas es el que se empieza a construir en su nuevo gobierno.

Sin embargo, Petro también es la materialización del hastío, especialmente el de los más jóvenes, de una clase dirigente racista, clasista y muchas veces corrupta. Fue precisamente la negligencia de los ostentadores de poder a solucionar los problemas de los más necesitados la que ha llevado a los menos favorecidos a empujar colectivamente una opción que represente cambio.

La pandemia jugó un papel fundamental en la elección del nuevo presidente. Este fin de semana el representante de la Colombia Humana juramenta porque la crisis de la covid-19 dejó al desnudo dos problemas estructurales: que la corrupción tenía en los huesos al sistema de salud y que los únicos que podían sobrevivir encerrados en sus casas eran los que tenían ahorros y comida en la nevera, pero no la mayoría, que vive de la informalidad y el día a día.

En medio de la tragedia del coronavirus, Petro también logró enarbolar las banderas de las minorías afro e indígenas del país. Ante la imposibilidad de conocer al detalle cómo votan los colombianos por la falta de encuestas a boca de urna el día de las elecciones, la hipótesis que nos permite elaborar el mapa electoral de la Registraduría es que el país negro del Pacífico e indígena del sur de la nación fueron fundamentales en la elección del mandatario.

La llegada de Francia Márquez también marcó un hito. Se trata de la primera mujer negra que llega a la Vicepresidencia de la República. Un nombramiento que exalta una doble minoría ignorada tradicionalmente por el poder macho blanco colombiano. Una apuesta que catapultó las posibilidades del ahora mandatario.

Colombia se suma entonces a la ola antiestablecimiento que abraza América Latina. Sin embargo, quedan dudas sobre qué tenor tendrá ese cambio en nuestro país. ¿Qué clase de izquierda será la que Petro aplique en Colombia?, ¿será una moderada llena de simbolismos como la de Andrés Manuel López Obrador en México?, ¿caótica, ignorante e inocente como la de Pedro Castillo en Perú?, ¿briosa y pseudointelectual como la de Boric en Chile? ¿O corrupta y criminal como la venezolana de Chávez y Maduro?

No hay duda de que Gustavo Petro es lo que quiere el país. Las mayorías votaron buscando un cambio radical de todo; han venido identificando las variables generadoras de inequidad, corrupción y el incumplimiento de la promesa de que con educación y honestidad se logra ascender en la pirámide social nacional.

Pero la gran pregunta es cómo lo hará, ¿siendo un demócrata que respeta la Constitución? ¿O siendo un autócrata que destruye la democracia y su Carta Magna? A esta pregunta, la más trascendental, aún no le encuentro respuesta.