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Opinión

  • | 2018/08/09 01:39

    Otra 'perla' para el collar

    Inverosímil es imaginarse que Duque, quien escucha a diario y a toda hora la voz del 'Don' golpeando el tímpano de su oído con información y recomendaciones, desconociera que a este le importa un rábano la consulta anticorrupción y que todo lo expresado con anterioridad era solo el primer hilo de un bordado que solo terminará de concretarse dentro de los próximos cuatro años.

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Chévere el discurso de Ernesto Macías en la posesión de Iván Duque (por lo menos para reírse un poco y enterarse por enésima vez que el país nunca ha estado en guerra). Cheverísimo, como el título del programa del canal regional Telecaribe de los noventa. Para quienes estudiamos análisis del discurso seguramente nos pareció oceánico, con medio centímetro de profundidad y una geografía coloreada de grandes mentiras, pequeñas verdades, lugares comunes y datos negativos inflados que sorprendieron a más de uno de los presentes y a un gran número de colombianos que seguía la ceremonia a través de la señal de televisión, pero, sobre todo, a las delegaciones de mandatarios invitados que se miraban entre sí, sorprendidas, con cada palabra (venenosa) que salía de la boca de ese “padre de la patria” que funge de presidente del Senado.

Cheverísimo y cargado de una retórica agresiva, con un fuerte y penetrante olor a alcantarilla y oscuras oleadas de venganza. Para debatir lo anterior bastaría solo con leer algunos tuits del señor, o ver apartes de sus intervenciones en ese “circo democrático” que preside. No quedan dudas (no sé si alguien las tenga todavía) de que estamos frente a un tipo ramplón, avezado en la vulgaridad, un “académico de la calle”, un homofóbico entre pecho y espalda que la excongresista Claudia López no dudó en calificar de “patán, machista, agresivo y mentiroso” en una de sus participaciones del programa de televisión Semana en Vivo, que dirige la reconocida periodista María Jimena Duzán.

El problema con este señor no es solo que no tenga formación académica, que su título de bachiller (incluso) esté en dudas, o que pertenezca a un partido político dirigido por el expresidente más cuestionado por las organizaciones de derechos humanos de América y Europa en los últimos 20 años, con más de 300 investigaciones penales y disciplinarias en su contra y señalado por los jefes paramilitares (presos hoy en Estados Unidos y en las cárceles nacionales) de haber dado órdenes de desaparecer personas. El asunto con el flamante presidente del Senado, como en los exámenes de opción múltiple del Icfes, es que todos los puntos anteriores son válidos y verdaderos.

Escucharle decir a un expresidente “estoy muy berraco con usted, le voy a dar en la cara, marica”, o, “esta llamada la están escuchando esos hijueputas”, refiriéndose a los magistrados de la Corte Suprema de Justicia que lo investigan por los supuestos delitos que el país conoce, no corresponde al lenguaje utilizado por un estadista (ni siquiera en el baño), sino al típico rufián que dirige una organización criminal. Ni El Padrino, ese aclamado personaje interpretado por Marlon Brando en la icónica saga dirigida por Francis Ford Coppola y escrita por Mario Puzo, se le podría señalar de poseer un lenguaje escatológico y profundamente rufianesco. A diferencia de nuestro expresidente, El Padrino era un tipo calmado que tenía como política no amenazar a nadie ni expresar vulgaridades ante sus subalternos. Ningún miembro cercano a su círculo podría señalársele de impoluto porque todos, sin excepción, hacían parte de esa cadena mafiosa que desafiaba de frente a las autoridades, las compraba o, simplemente, las asesinaba. Ni los abogados, por supuesto, se salvaban de los señalamientos porque su misión era luchar por los intereses de la organización, dirigida con mano de hierro por un rey del crimen organizado que no aceptaba un no por respuesta si esta negativa afectaba sus negocios.

Del Centro Democrático se podría decir lo mismo: se necesita de una gran lupa para encontrar esa aguja en el pajar que pueda salvar a los “moralmente no impedidos”. Más que un partido, el CD entra en el abanico de cofradía política-religiosa (ver el video publicado por Noticias Uno la noche de la posesión, donde despotrican y se burlan de sus “enemigos políticos” como lo haría una banda delincuencial después de cometer el delito) que solo le importa el bienestar de los suyos. De ahí que la consulta anticorrupción que busca, entre otros siete puntos, reducir el salario de los congresistas, que hoy supera los 30 millones de pesos, se oponga como gato bocarriba a la posibilidad de perder las prebendas que cada año se hacen mucho más abultadas con la anuencia y complicidad del Ejecutivo y que, sin duda, afecta directamente el bolsillo de los colombianos más pobres.

Encontrar, pues, el brillo de la aguja en esa montaña de paja que representa el CD es, en términos retóricos, una misión imposible. Así como esa organización ficcional que dirige el gran Vito Corleone, el Don, el Padrino, el más respetado (o temido de los mafiosos de Nueva York) no daba puntada sin dedal y no hay inocentes porque para crear la cadena se hace necesario ensartar los eslabones y, sobre todo, que estén cohesionados, resulta increíble pensar que unos señores que reciben información de inteligencia militar y policiva de primera mano (ya que resultaría absurdo e inverosímil explicarlo de otra manera), que sabían de cada uno de los movimientos de los miembros de las Farc en La Habana, que conocían de antemano las coordenadas dadas a la Cruz Roja Internacional cuando de liberar a un secuestrado por la guerrilla se trataba, desconozcan qué pasa hoy al interior de su propio partido.

Inverosímil (y muy pobre de imaginación) es creer que Iván Duque no supiera del contenido del discurso del presidente del Senado y miembro de su bancada. Inverosímil pensar que lo expresado por el “bachiller” Macías en el desafortunado discurso de la posesión presidencial sea solo la manifestación de lo que Macías cree y piensa con respecto al gobierno del expresidente Santos y no la posición en firme de la bancada uribista. Inverosímil es imaginarse que Duque, quien escucha a diario y a toda hora la voz del ‘Don‘ golpeando el tímpano de su oído con información y recomendaciones, desconociera que a este le importa un rábano la consulta anticorrupción y que todo lo expresado con anterioridad era solo el primer hilo de un bordado que solo terminará de concretarse dentro de los próximos cuatro años, y que como el mito de Penélope tenga que tejerse y destejerse cada vez que las circunstancias lo ameriten y las necesidades lo exijan.

El discurso del presidente del Senado no fue, como lo han querido hacer ver los miembros del CD, la posición particular de un individuo (“una cosa es el gobierno y otra el partido”), sino la de una bancada que considera que tener la mayoría de las coaliciones del Legislativo es un cheque en blanco que le permitirá hacer y deshacer sin el contrapeso de la oposición. El discurso del CD (no del “bachiller” Macías) no fue solo ruin, bellaco, vulgar y grotesco ante la comunidad internacional que asistió a la posesión presidencial, sino también “barriobajero”, no propio de un partido sino el de una pandilla que festeja el triunfo de sus delitos como si hubiera ganado el Baloto.

En Twitter: @joaquinroblesza

E-mail: robleszabala@gmail.com

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