opinión

Miguel Angel Herrera.
Miguel Angel Herrera. Bogotá Enero 23 de 2020. Foto: Juan Carlos Sierra-Revista Dinero. - Foto: JUAN CARLOS SIERRA PARDO

El miedo al presidente electo

La posible buena noticia es que Petro pareciera querer disipar el temor de millones de ciudadanos a su mandato. Por ello, quizás, llamó a la unidad nacional, promovió consensos sobre los principales problemas del país y priorizó la paz como madre de la transformación que quiere liderar.


Por: Miguel Ángel Herrera

El miedo se convirtió en el sentimiento predominante en quienes no votaron por Petro. Unos tienen más y otros menos, pero todos tienen algún grado de temor. Muchos lloraron el domingo, otros no lo podían creer y otro tanto llamó a sus amigos y familiares en el exterior. Al día siguiente, el lunes, el sistema económico confirmó el sentimiento: el dólar se trepó y la icónica acción de Ecopetrol cayó estrepitosamente.

Es cierto que el miedo viene desde la campaña, y desde mucho antes incluso, pero se profundizó con el discurso de Petro, tras conocer que había ganado. El tufo marxista y socialista para justificar la reforma agraria, hablando de señores feudales y esclavitud, produce pavor. Esa reforma es urgente, pero explicada solamente desde el latifundio -como lo hizo el presidente electo-, no genera confianza y mantiene vivo el miedo a la expropiación, aunque Petro la niegue. Y la intervención sobre el poder judicial, que vimos con la solicitud de liberar a los jóvenes de la primera línea, es otra señal que vigoriza el temor sobre el Petro que no queremos.

Al discurso se sumaron algunos hechos políticos que ahondaron el sentimiento. Que Maduro avizora nuevos tiempos, que Diosdado viene a la posesión y que Ortega se puso a disposición del presidente electo. Y para rematar, tenemos alta especulación mediática y política sobre el gabinete del gobierno electo, sobre si nombran al uno o al otro, sin fuentes veraces, exacerbando la incertidumbre. Flaca contribución que hacen los medios en un momento en el que la opinión pública necesita información confiable.

El miedo es una fuente de pobreza. Las familias se dividen por buscar nuevos horizontes; las empresas congelan o reducen sus inversiones; las fuerzas armadas se desorientan; los que actúan en la ilegalidad se activan, por ejemplo, invadiendo latifundios; los particulares venden sus activos por debajo de su valor real y las comunidades se arman, entre muchos otros fenómenos sociales que podríamos comenzar a vivir.

La pregunta clave entonces es si el miedo será permanente en la era Petro o si es un sentimiento de coyuntura. Si se vuelve una estrategia del nuevo gobierno o si será reemplazado por la moderación que mostró Petro como candidato en las últimas semanas de campaña.

El mismo Petro es el único que puede resolver este interrogante. Tiene la gran responsabilidad de espantar el miedo e instalar la certidumbre y la tranquilidad. Para eso es imprescindible que se pronuncie periódicamente como hombre de Estado y no como candidato revolucionario, que fue lo que vimos en su discurso del domingo. Más allá de que se pronuncie con los nombres de quienes lo acompañarán en el alto gobierno, necesitamos como nación que desvirtúe los principales temores: reelección inmediata, borrón del sistema de pensiones privadas, eliminación de las EPS, toma o cierre del Congreso, “democratización” de la propiedad privada y agenda internacional con los países socialistas.

Lo que dijo Petro desde el Movistar Arena sobre la reforma agraria confirma su aproximación revolucionaria a las reformas que necesita el país. Ese tono eufórico revolucionario es válido en campaña, pero como presidente electo, el tono tiene que ser de líder del Estado, respetando la independencia de los poderes públicos, protegiendo la institucionalidad y promoviendo la legalidad. Como estadista debería, en sus próximas alocuciones, darnos certidumbre sobre las reformas que irán primero, las prioridades que marcarán la agenda del Plan Nacional de Desarrollo y las políticas públicas del actual gobierno a las que dará continuidad. También es primordial que nos diga qué rol jugarán sus controversiales aliados y colaboradores políticos de la campaña, como Roy, Benedetti y Piedad. De lo contrario, seguiremos con miedo.

La posible buena noticia es que Petro pareciera querer disipar el temor de millones de ciudadanos a su mandato. Por ello, quizás, llamó a la unidad nacional, promovió consensos sobre los principales problemas del país y priorizó la paz como madre de la transformación que quiere liderar. Pero esas buenas intenciones no son suficientes para que desaparezca el miedo en la sociedad que no es de izquierda. Resulta contradictorio que el nuevo presidente de la paz, lo primero que genere en la ciudadanía que no votó por él, sea miedo. La paz es para todos y debería comenzar con la confianza de los gobernados en su gobierno, y seguidamente en la política de pacificación que proponga.

Es evidente que Petro necesita construir confianza en medio país que no votó por él. Parece dispuesto a construirla, pero faltan muchas señales frecuentes que configuren una tendencia de actuación política coherente con la visión moderada que nos mostró para ganarse el voto de centro. La confianza podría facilitarle la vida a Petro en el Congreso porque llegaría más rápidamente a consensos y alentaría a los sectores intranquilos a respaldar sus propuestas. Ojalá esas señales lleguen antes del 7 de agosto para que nadie piense en Miami y, por el contrario, todos nos sumemos a construir el país con justicia social que Petro acertadamente ha soñado.