Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

×

Opinión

  • | 2011/04/26 00:00

    El modelo de desarrollo implícito en el TLC

    El TLC Colombia-Estados Unidos significa la consagración de un modelo de desarrollo en el cual Colombia abandona la ilusión de una industrialización intermedia y adopta una estrategia minero-energética y de servicios asociados.

COMPARTIR

La adopción definitiva del TLC Colombia-Estados Unidos viabiliza la adopción de los TLC con Canadá, la Unión Europea y Corea del Sur, adicionales a los ya vigentes con los países europeos no asociados a la Unión Europea (países EFTA) y con otros países latinoamericanos. Lo que falta es cuestión de mecánica política en los países socios y ajustes o maquillaje institucional interno en Colombia. Aunque la mecánica política y el maquillaje institucional pendientes pueden dar sorpresas dilatorias, la decisión fundamental pasa por el Congreso estadounidense.
 
 Este es un hecho inaudito dado que el TLC Colombia-Estados Unidos significa la consagración de un modelo de desarrollo y de inserción internacional con el cual Colombia abandona la ilusión de una industrialización intermedia y adopta una estrategia de economía minero-energética y de servicios asociados, vinculada a la dinámica norteamericana y en detrimento del mercado interior, estrategia que mereció ser definida de forma plebiscitaria interna.

El debate político sobre el TLC y el modelo de desarrollo implícito fue resuelto en favor de los partidarios del mismo dada la convergencia de al menos tres factores: la debilidad política y económica del sector industrial nacional -consagrada desde la apertura de los años noventa- sector sustituido inclusive en el ámbito gremial por la activa vocería de las empresas trasnacionales; el sorpresivo repunte de los precios de los productos agrícolas asociado a la crisis energética internacional, que viabilizó la emergencia de los agrocombustibles con los que se espera sustituir a los cultivos perdedores con los TLC; y por la gran popularidad del presidente Uribe, quien se preveía que sería reelecto y ningún gremio o empresario se atrevió a enfrentar ante la amenaza de ser excluido de la piñata de Zonas Francas, AIS, contratos y subsidios.
 
 Entre los opositores al TLC tampoco hubo la capacidad de mostrar de forma convincente la viabilidad de un modelo de industrialización alternativo, soportado en el mercado interior y la inserción internacional diversificada, esto es, articulado al mercado regional suramericano, al más dinámico mercado asiático y a los propios socios estadounidenses y europeos. Este último fue el modelo adoptado por los países de Mercosur.

Si Colombia va a ser sólo una economía de producción minera, de recursos energéticos (fósiles y de biocombustibles), de servicios especializados y de industria limitada a productos no transables, al menos debería adoptar las reformas institucionales que permitan un mínimo de sostenibilidad social, política y ambiental al nuevo modelo de desarrollo.

Las reformas pendientes implican pactos constituyentes sobre uso y distribución del excedente minero energético (incluye ley de regalías y Ley Orgánica de Ordenamiento Territorial), sobre sostenibilidad de cuencas y ecosistemas estratégicos (implica límites a la explotación minero energética y a la desforestación), sobre formación del capital humano para la producción de servicios de clase mundial (aspecto ignorado por el proyecto de reforma a la Ley 30).
 
 Pero sobretodo, la nueva ingeniería institucional debería diseñarse en la perspectiva de ampliar el Estado social de derechos y la democracia incluyente previstos en la Constitución de 1991. De lo contrario se reducirá a mero maquillaje institucional, como cuando los ingleses obligaron a Brasil a abolir la esclavitud (1888) so pena de restricciones al comercio: entonces las élites brasileras adoptaron formalmente la abolición “para inglés ver”. En la práctica la esclavitud se mantuvo muchos años después.
 

* Investigador del Instituto de Estudios Políticos y Relaciones Internacionales – IEPRI de la Universidad Nacional de Colombia.
¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 1888

PORTADA

Petro vs. López Obrador, ¿cuál es la diferencia?

El recién elegido presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, ha tenido una carrera muy parecida a la de Gustavo Petro. ¿Por qué uno pudo llegar al poder y el otro no?

Queremos conocerlo un poco,
cuéntenos acerca de usted:

Maria,

Gracias por registrarse en SEMANA Para finalizar el proceso, por favor valide su correo a través del enlace que enviamos a:

correo@123.com

Maria,

su cuenta aun no ha sido activada para poder leer el contenido de la edición impresa. Por favor valide su correo a través del enlace que enviamos a:

correo@123.com

Para verificar su suscripción, por favor ingrese la siguiente información:

O
Ed. 1889

¿No tiene suscripción? ¡Adquiérala ya!

Su código de suscripción no se encuentra activo.