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Opinión

  • | 2019/10/17 15:40

    “El moro ha cumplido con su deber, ya no lo necesitamos, puede irse…”

    El tratamiento dado al coronel Boy, uno de los héroes de la aviación militar colombiana, es un episodio es de normal ocurrencia en nuestro medio.

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Uno de los capítulos más importantes de la vida republicana y de la política internacional de Colombia fue el del conflicto armado que afrontamos con el Perú entre 1932 y 1933, después de que un grupo de civiles y militares peruanos se tomaron la población de Leticia el 1° de septiembre de 1932, con el propósito de reivindicar el Trapecio Amazónico, no obstante que, mediante un tratado firmado con el Perú en 1922, fue reconocido como parte de Colombia.

El presidente Olaya Herrera convocó a toda la nación para expulsar a los agresores y defender la soberanía nacional. Como nuestro país se encontraba inerme, inició una gran colecta nacional con el propósito de allegar fondos para la compra de material de guerra para enfrentar la agresión.

En diciembre de 1919 se había establecido en Colombia una empresa de aviación comercial que se llamó Sociedad Colombo Alemana de Transportes Aéreos (“SCADTA”), con capital de un industrial alemán y varios colombianos.  Como en nuestro país no había pilotos, la empresa los contrató en Alemania. La mayoría de ellos había participado en la Primera Guerra Mundial, en la se dieron los primeros pasos para la formación de la aviación militar.   

El jefe de pilotos de la SCADTA era el alemán Herbert Boy. Cuando estalló en conflicto con el Perú, Boy fue llamado a Bogotá por el presidente Olaya con el propósito de que él y sus colegas se integraran a las fuerzas armadas para pilotear los aviones adquiridos por el gobierno y se incorporaran a las operaciones militares que se adelantaban en el sur del país. Igualmente, se les asignó la tarea de entrenar a pilotos colombianos y garantizar la superioridad aérea sobre el Perú que en la Amazonía, por la carencia de comunicaciones, adquiría especial importancia. 

El presidente designó a Boy mayor honorario del ejército colombiano y comandante de la aviación militar en las operaciones en el sur del país. Boy con sus compañeros y los pilotos colombianos que formaron tuvieron actos de heroísmo y de arrojo que enorgullecieron al país y que cubrieron de gloria las armas colombianas. Herbert Boy, condecorado con la Cruz de Boyacá, fue reconocido como un héroe nacional.

En 1941, después del ataque japonés a Pearl Harbor, Colombia rompió relaciones con Alemania y los demás países del Eje. Los Estados Unidos, elaboraron una “lista negra” de ciudadanos alemanes, italianos y japoneses residentes en Colombia y que fueron concentrados en Fusagasugá y Cachipay. A otros, incluyendo algunos nacionales colombianos, se les obligó salir del país, abandonando o vendiendo apresuradamente todas sus pertenencias. 

Pero. ¡oh sorpresa”. Boy fue notificado que había sido expulsado del país. Aunque el gobierno afirmó que no había sido el autor de tal medida, el coronel se vio forzado a salir de Bogotá y a internarse en una finca. El coronel quedó desconcertado: de héroe había pasado de la noche a la mañana a ser un proscrito y de defensor de la soberanía, a traidor a la patria.    

Boy recordaría luego con amargura en su libro “Una historia con alas”, las palabras de Schiller en su drama “La conjuración de Fiesco”: “El moro ha cumplido con su deber, ya no lo necesitamos, puede irse…”  

Cualquier similitud con casos afrontados por muchos, incluso por miles de miembros de las fuerzas militares y de la policía nacional, que en su momento fueron héroes y ahora son villanos, es pura coincidencia…  

(*) Decano de la facultad de Ciencia Política, Gobierno y Relaciones Internacionales de la universidad del Rosario

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