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Opinión

  • | 1998/09/14 00:00

    EL PEDIDO DE MUÑOZ

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Quienes le reconocemos a la Constitución del 91 el mérito de haberse atrevido a modernizar el Estado, debemos también ser los primeros en señalarle sus errores. Por cuenta de ellos fue factible que se produjera un episodio muy grave la semana pasada. En patota, los miembros de la Comisión de Televisión, con el actor Carlos Muñoz como su más furioso vocero, se reunieron con representantes de los grupos económicos para pedirles la cabeza de un conocido periodista radial, porque concretamente a Muñoz "no le gustó" la forma como el periodista lo interrogó una mañana de estas. Tan inaceptable presión sobre los grupos económicos por parte de la Comisión plantea un interrogante: ¿Fue peor el remedio que la enfermedad? ¿Era menos grave la situación en este campo antes de la Constitución del 91, cuando la televisión era manejada directamente por el gobierno, y era el gobierno el que respondía con nombre propio por sus aciertos o desaciertos? ¿O es peor ahora, cuando un grupo de personas manipulan la televisión con la disculpa de que forman parte de un organismo supuestamente independiente? En su buen propósito de quitarle al Presidente de la República el poder para manejar la televisión a su antojo, la Constitución del 91 pudo haber resultado más papista que el Papa. Creó un organismo en teoría independiente del gobierno, pero con todos los canales abiertos para seguir siendo manejado por él. Sus actuales integrantes son representantes del Presidente, unos, o del Congreso, otros. Eso explica que la última licitación de televisión hubiera favorecido principalmente al gobierno de turno, y que en la actualidad existan incluso ciertos noticieros sobre los que no se sabe aún a ciencia cierta a quién pertenecen, aunque en el papel se diga una cosa, pero en la práctica todos los caminos conduzcan a ciertas cabezas del Congreso de la República.Con el resultado de que con escasos tres años de funcionamiento, la Comisión de Televisión se ha convertido en un monstruo de varias cabezas, que hace o deshace, que premia o descabeza, que contrata o descontrata, posando ficticiamente de ser un organismo independiente. El tono con el que Muñoz se atrevió a pedir el despido del conocido periodista lo explica todo. Los miembros de la Comisión de Televisión son unos emperadores que resuelven temas de vida o muerte para la televisión, y que después ahogan sus responsabilidades con un gran espíritu de cuerpo, y se cobijan bajo el anonimato que les otorga integrar un organismo pluripersonal. "O todos en la cama, o todos en el suelo", como decía hace unos días el comisionado Alvaro Pava, para rehuir un caso de responsabilidad personal. Algunos de sus miembros, incluso, viajan con frecuencia al exterior solicitando escoltas y comités de bienvenida a los países que visitan, argumentando que tienen categoría de ministros de Estado. O se trasladan en grupo a 'sesionar' una semana entera en Cartagena, dejándose invitar de los dueños de ciertos intereses privados, como planean hacerlo la semana entrante.Los comisionados también recomiendan a los organismos encargados la forma como se debe repartir el botín de Señal Colombia, teniendo el cuidado de premiar o castigar de acuerdo con las circunstancias.Participan incómodamente en la selección de los directores de noticieros que han comenzado a aparecer en una nueva cadena de televisión del Estado, TV Andina, y allí también hacen recomendaciones claves acerca de la forma como deben ser escogidos sus beneficiarios. Siempre protegidos por la apariencia de ser un organismo independiente...Pero la Comisión de Televisión no fue la única 'embarrada' de la Constitución del 91, en su ánimo de controlar el poder presidencial. Bajo la disculpa del loable propósito de despolitizar la elección de las cabezas de organismos de control claves del Estado como la Procuraduría, la Fiscalía y la Contraloría, terminó haciendo algo más grave: politizando las Cortes, que son las encargadas de escoger ahora los candidatos para dichos cargos. Como resultado, las Cortes vienen equivocándose con demasiada frecuencia en los nombres que envían para integrar las ternas de candidatos, y cuando alguno de ellos termina en líos judiciales, todos acaban lavándose las manos.Es lo que estamos viendo actualmente con el caso de la terna de la que tendrá que salir el próximo Contralor: que deja mucho que desear. Pero además, y salvo honrosas excepciones, quienes aparecen en esas ternas invierten semanas en 'lagartearse' su nominación entre sus nominadores. Inevitablemente, a estos últimos no les queda más remedio que dedicarse a 'politi-quear', lo que constituye una clara degradación de la majestad de la justicia. Para dibujar más claro el panorama, los dejo con dos interrogantes. El primero: ¿Qué habría pasado si los grupos económicos ceden a la presión de Muñoz? Y el segundo: ¿Qué pasaría si el país vuelve a equivocarse, por sexta vez consecutiva, en la elección del Contralor?
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