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Opinión

  • | 1986/06/09 00:00

    EL PLANETA DE LAS MADRES

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Esta frasecita, que desde la creación del mundo tiene chantajeada la igualdad de sexos, podría tornarse súbitamente en una reflexión de museo.
Porque de pronto madre ya no va a haber una sino dos: la madre y el padre.
Por lo menos esa es la perspectiva que abre la noticia de que en un futuro no muy lejano los hombres también podrán dar a luz, que traían los periódicos locales la semana pasada.
Entre eso y un robot con uñas, o un tenedor de pilas, o una peinilla con radio, o un computador que recite manecitas rosaditas no hay sino un paso. Un pequeño paso que coloca esta lista de inventos inútiles, pero al fin y al cabo inventos, en el mismo grupo del embarazo masculino: o sea, alardes de progreso científico que dejan meditando mucho sobre la conveniencia que le traerían realmente a la humanidad.
Pero si bien pongo en duda la utilidad de que los padres del futuro también puedan ser madres, lo que sí no admite duda es el impacto que esta hazaña científica traería para el género humano, tan acostumbrado, como decíamos al principio, a aquello de que madre no hay sino una.
La primera duda que me asalta es si a un hombre embarazado habria que llamarlo madre, o si podría seguirsele llamando padre.
Porque eso depende de si la palabra madre alude a la condición femenina de las mujeres (o sea que madre viene a ser lo mismo que padre pero en femenino), o si lo hace mas bien al hecho de engendrar hijos.
Si es más exacta esta segunda interpretación, los registros civiles del futuro tendrán que incluir la aclaración de si se es hijo de madre-madre o de madre-padre.
No vaya y sea que después crean que uno es fruto del desliz de una tía.
Otra consecuencia del embarazo masculino será la revaluación de las teorías de Freud. El complejo de Edipo sufrirá una delicada interferencia del de Electra. Ya no será lo mismo que una hija sienta especial predilección por un padre que en realidad es su madre. Y a lo mejor, si la leyenda de Edipo Rey se hubiera escrito en esta época, se habría acogido al progreso de la ciencia y nos habría salido Edipo Reina.
Me pregunto, por ejemplo, si el concepto de masculinidad sufriría alguna variación con esta perspectiva de preñez del sexo fuerte. Hasta hoy las mujeres hemos sentido una debilidad especial por el hombre entre más características masculinas demuestre tener. No podría ser lo mismo enamorarse de un hombre que de un día para otro resulte con vocación de madre. Es una situación que jamás han previsto las rancheras mexicanas, donde el machismo se canta por estrofas salpicado de tequila y de balas.
Por más que trato, no me cabe en la cabeza una ranchera en la que el cuate le haga reproches a la mujer que lo dejó preñado. A lo mejor es pura falta de costumbre...
Donde si pondrá su "par treces" esta desconcertante hazaña cientifica será en el tema de la igualdad de sexos.
Imaginense lo que para una feminista rabiosa significaría la perspectiva de "sacarle el quite" a la madre naturaleza, que con sus exclusivismos ha tiranizado a la mujer desde el comienzo de la humanidad.
Pero, de pronto el asunto se nos devolvería a las mujeres como un bumerang. El primer hombre embarazado le contaría a todos los demás que el asunto carece de las dosis de misterio que, hasta ahora, nos abona a las mujeres la posibilidad exclusiva de ser madres. Y perderíamos, ante los hombres, ese algo inalcanzable que nos hace titulares de ciertos privilegios espirituales y afectivos. Es decir, el día en que las mujeres perdamos el poder de ser las únicas madres, los hombres se habrán ganado el derecho de tratarnos como de lavar y planchar.
Este avance científico del embarazo masculino sería especialmente traumático para los hijos.
Es cosa sabida que, hasta hoy, los niños nacen programados por la naturaleza con sentimientos especiales hacia sus madres. Las distinguen del padre en cuanto a la capacidad que éstas tienen de que las tiranicen 24 horas al día con llantos, exigencias de cariño y deberes domésticos.
Un niño distingue a su madre por la capacidad de aguante que esta tiene, en contraste con la de su padre. La ciencia no ha dicho si los padres-madres del futuro vendrán con esta misma capacidad de aguante, o si las próximas generaciones de niños tendrán que conformarse con tiranizar la mitad. Lo único que parece evidente es que los niños del futuro podrán sufrir una crisis de identidad, el dia en que descubran que han venido tiranizando a la madre equivocada.
Por lo pronto, aquellos hombres interesados en apuntársele a tan corajudo avance científico, pueden comenzar a prepararse aprendiendo, por ejemplo, a tejer en crochet. Con ello, si Dios quiere, se habrá vencido el último pretexto de la división de sexos.
Ese día Shakespeare se convertirá en el decano del machismo. La rudeza de John Wayne sonará como una herejia. Julio Iglesias aparecerá cantando en los escenarios con vestido de embarazo, y la ciencia universal podrá reposar tranquila. Habrá batido el récord del avance cientifico más inútil de la historia, sólo superable el día en que los televisores empiecen a producirse con limpiabrisas. --
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