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Opinión

  • | 2001/06/25 00:00

    El poder de soñar

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El tricolor del la bandera nacional dejó su marca sobre la cima del Monte Everest a 8.848 metros de altura sobre el nivel del mar por primera vez en la historia. Este hecho confirma la gran capacidad que un grupo de colombianos trabajando en equipo y comprometidos con alcanzar un sueño tienen para lograrlo. Durante la última semana cuatro colombianos pisaron la cumbre más alta del mundo después de dos meses de duro trabajo en la montaña y cuatro años del esfuerzo y compromiso de 12 personas que han participado en el equipo.

El proceso del equipo colombiano comenzó con el sueño de una persona, un montañista: Cristóbal von Rothkirch. En 1996 Cristóbal decidió escribir una carta al gobierno chino solicitando el permiso para que una expedición 100% colombiana pudiera intentar la cumbre. Antes de que escribiera la carta, la cumbre del Everest era solamente un lejano e inalcanzable sueño. Al cabo del tiempo el gobierno chino respondió la solicitud de Cristóbal, Colombia tenía el permiso. Una acción, el primer paso en búsqueda de este sueño dio resultados. Siguió un difícil proceso de búsqueda y perdida de patrocinadores, se conformó el equipo que llevó a cabo la primera expedición colombiana hacia la cumbre del Everest. Sus integrantes eran Cristóbal, Juan Pablo Ruiz, Marcelo Arbeláez, Manuel Arturo Barrios, Roberto Ariano, Gonzalo Ospina, Miguel Vidales, Nelson Cardona, Carlos Rodríguez y Luis Alberto Camargo apoyados por Granahorrar como patrocinador.

Después de varios meses de preparación física y de una organización logística bastante compleja, partió el equipo hacia los Himalayas en julio de 1997. La expedición duró tres meses de los cuales estuvimos en el Chomolugma o Everest (Madre diosa de la tierra) 61 días arriba de los 5.200 metros. En la montaña los movimientos ocurrieron como se habían planeado. estábamos bien preparados logísticamente y listos físicamente. Después de instalarnos en el Campamento Base Avanzado (CBA) a 6400 metros, montamos y equipamos los dos campamentos de altura principlaes a 7.100 (C1) y 7.800 m (C2). Faltaba instalar el tercer campamento de altura a 8.300 m (C3); este lo planeábamos instalar de paso en el asalto de cumbre. Era el momento de bajar al Campamento Base (CB) a 5.200 m. para recuperar fuerzas y alistar el asalto a la cumbre. Descansamos una semana y de nuevo subimos al CBA. Al comenzar el proceso de alistar el camino, una avalancha nos paró. Cuatro personas de nuestro equipo estaban parados muy cerca de donde la pared de nieve y hielo se desprendió, costándole la vida a un montañista coreano. Nuestros objetivos y esfuerzos cambiaron instantáneamente, debíamos apoyar a los coreanos. Pasados 5 días de búsqueda infructuosa, los coreanos se retiraron de la montaña y nosotros reanudamos nuestro intento. Al subir al C1 encontramos el campamento destrozado por las condiciones ambientales de los últimos días, lo mismo en el C2. De nuevo y trabajando en equipo con otras expediciones reestablecimos los campamentos. El clima no estaba amigable, los fuertes vientos llegaban rápido y la nieve todavía estaba acumulada en la montaña. La posibilidad de establecer el C3 se esfumaba y decidimos intentar un asalto desde el C2. Manolo y Marcelo fueron las personas seleccionadas por el equipo para hacer este intento debido a su experiencia y desempeño. En el intento lograron subir la bandera a 8.200 m, lo que ya representaba un récord para Colombia. El clima no cedió, ninguna expedición de más de 24 que habían en diferentes rutas de la montaña, logró la cumbre en esa temporada. Nuestra expedición fue la segunda en subir más alto durante los intentos.

Granahorrar seguía con nosotros al regresar a Colombia y emprendimos la tarea de organizar nuestra siguiente expedición. En 1998 decidimos tratar de cancelar una deuda pendiente con el Monte Manaslu (8.163 m), ya que algunos integrantes del equipo habían intentado escalar esta montaña sin éxito en 1984. Debido a diversas circunstancias no todo el equipo podía tomarse el tiempo libre para participar en la expedición. En este momento se abrió la oportunidad para que otros colombianos ingresaran al equipo. Se seleccionó a Fernando González y a Lenin Granados dada su experiencia y trayectoria como montañistas y escaladores colombianos. La historia del clima fue similar a la del año anterior. La montaña no habría sus brazos a ser escalada. Después de una tormenta, en donde cayó mucha nieve, el equipo decidió retirarse de su intento debido al riesgo que estas condiciones presentaban. Durante su retiro pasó lo indeseable. Una gran avalancha levantó a Fernado y a Lenin arrastrándolos montaña abajo. Fernando fue encontrado dentro de una grieta. Desafortunadamente Lenin no corrió con la misma suerte y entregó su vida a las montañas que amaba. "Vuele alto Lenin" (QUAP)

Un tiempo después de la muerte de Lenin, ya en Colombia, el equipo decidió que su deber era continuar el proceso para así honrar a Lenin y su sueño de ver la bandera tricolor en la cumbre del Everest. En 1999 partimos con el apoyo de Inversiones Carrizosa como patrocinador único, hacia el Cho Oyu (8.201 m). Esta vez todos los miembros del equipo participaron y la expedición se llamó "Expedición Lenin Granados" en honor a nuestro compañero. El clima y las condiciones se mostraban difíciles. En un momento dado la montaña se abrió y permitió que seis miembros del equipo pusieran la bandera colombiana en su cima. Este hecho fue de suma importancia ya que desde la cima del Cho Oyu se puede ver la cara norte del Everest y recordar nuestro objetivo principal el Chomolugma.

Desde nuestro regreso empezamos a buscar los recursos necesarios para llevar a cabo una nueva expedición al Everest. Agua Manatial se unió al equipo abriendo las posibilidades de consolidar otros patrocinadores y emprender hacia la cima del mundo una segunda vez. La expedición Manantial Everest 2001 salió hacia Tíbet en marzo de este año contando con casi todos los integrantes del equipo. Debido a compromisos previos con OpEPA, una fundación colombiana, yo no pude acompañarlos físicamente aunque desde acá continué apoyando al equipo. El clima no permitía fácil acceso a la montaña y los expedicionarios estaban afectados con problemas respiratorios y de gripe. El equipo trabajó duro en la montaña a pesar de estas dificultades colocando los tres campamentos de altura. Una vez equipada la montaña y en el momento que esta abrió sus brazos (cambio de clima), Fernando y Manuel Arturo caminaron hacia la cumbre seguidos por Juan Pablo y Marcelo colocando sus huellas y la bandera tricolor en la máxima altura alcanzable por el hombre caminando.

El hecho de que un solo montañista o pocos, pertenecientes a una expedición constituida por varios expedicionarios pose sus pies en la cumbre, representa el triunfo de todo el equipo del cual forma parte. Sin el trabajo, esfuerzo, compromiso y sacrificio de todos los integrantes del equipo probablemente no hubiera existido ni siquiera la oportunidad de acercarse a esa cumbre. Se dice, "una expedición exitosa es la que coloca por lo menos uno de sus integrantes en la cumbre y más aún es la que regresa completa a casa".

Los colombianos tenemos un sueño: la paz. Tomando lo aprendido en las montañas más altas del mundo, podemos decir que si cada colombiano decide hacer la paz, ésta llegará con seguridad. Un sueño que no cuenta con acciones para alcanzarlo y perseverancia, se quedará como un sueño inalcanzable. Quienes soñamos, tenemos la obligación de dar el primer paso, el segundo, y todos los necesarios para poder llegar a la cumbre: la paz.

Para conocer más acerca de la expedición Manantial Everest 2001, visite la página www.opepa.org



*Miembro del Equipo Manantial Everest 2001

Director Ejecutivo - OpEPA
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