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Opinión

  • | 2019/11/04 06:31

    El próximo ministro de Defensa

    Cada día que el presidente Duque mantiene en el cargo al ministro de Defensa, es un día menos que le queda al Gobierno para responderles a sus electores, más tiempo perdido en el objetivo de cumplir las propuestas de campaña (fueron 23 para ser exactos) en que prometía seguridad a cambio de votos.

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Y también son veinticuatro horas de desventaja para el Centro Democrático en la carrera política, sin logros en seguridad el partido de gobierno queda tuerto, mueco y ñato para la foto de campaña del 2022.

Lo más grave es que cada jornada laboral del ministro Botero es un día más en que se erosiona la seguridad de todos los colombianos. Ni en las crisis de seguridad en las fronteras, ni en las masacres en los resguardos indígenas, ni mucho menos en las protestas de las ciudades, este ministro ha dado muestras de ser un estratega, un buen gerente (así lo vendieron) o de contar con liderazgo efectivo sobre las Fuerzas Militares. Por el contrario además de tardías y erráticas, sus decisiones han tenido un tufillo de conflicto de interés y corrupción, por el manejo poco ortodoxo de sus negocios personales, como lo explicó María Jimena Duzán en su columna ‘Yo me vigilo‘ (08/06/2019).

No sabemos hasta cuando el primer mandatario va a seguir con la cacofonía de “defender a su ministro de Defensa” y usar para esto la pirotecnia de unas estadísticas en las que nadie cree. Abro paréntesis, actualmente el Ministerio de Defensa no publica las cifras oficiales de seguridad y defensa, esta práctica democrática que se fijó en el primer Gobierno de Álvaro Uribe y gracias a la cual todos los ciudadanos podíamos ver mes a mes la evolución de los indicadores de secuestro, homicidio y ataques terroristas entre otros, se encuentra suprimida durante la administración de Guillermo Botero, cierro paréntesis.

A pesar de la premura, el relevo de Botero no es nada fácil, cada uno de los tres “ministeriables” que suenan, tiene al menos un pero para asumir el cargo. Por un lado, Federico Gutiérrez quien estaba de primero en la fila, quemó sus puentes con el Centro Democrático al mantener hasta última hora su apoyo a la candidatura de Santiago Gómez a la Alcaldía de Medellín, sus errores de cálculo electoral dividieron los votos y sepultaron la candidatura de Alfredo Ramos (el de Uribe). La pérdida de la principal alcaldía para el Centro Democrático la semana pasada, es también la pérdida de la palomita ministerial de Fico.

El segundo en el sonajero es Jorge Enrique Bedoya, presidente de la SAC. Bedoya podría ser el cuarto dirigente gremial que en la última década asume la cartera de Defensa, pero a diferencia de los anteriores que llegaron de Fedecafe, la Andi o Fenalco; Bedoya sí tiene experiencia en el sector, fue viceministro de Defensa de Santos durante más de cuatro años y lo hizo bien. El pero del presidente con Bedoya esta en que este le acepte el cargo, el costo personal de dejar un liderazgo gremial en el que lleva solo un par de años es muy alto, además Bedoya debe intuir que llegará con las manos medio atadas al cargo, sin poder armar su propia cúpula de comandantes, con las principales decisiones presupuestales ya tomadas (mal tomadas), sin tiempo ni autonomía suficiente para armar su equipo de trabajo y con los celos de un partido político que no le va a perdonar del todo su pasado con el Santismo.

El tercer elegible es el Consejero de Seguridad Rafael Guarín, quien tiene igual o mayor incidencia en las decisiones del presidente que el ministro Botero. Guarín no solo lideró el empalme, escribió la política de seguridad e incidió en varios de los principales cargos en el Ministerio de Defensa, también ha tomado la vocería frente a la embajada de Estados Unidos y tiene todas las credenciales ideológicas para representar al Centro Democrático en el cargo. El pero al nombramiento de Guarín y que deberá ponderar el presidente, está en su aislamiento dogmático, lo que afecta la capacidad del Gobierno para concertar soluciones y su probada incapacidad para delegar (a la muestra el lento avance de las Zonas Futuro, una excelente estrategia pero sin mayor nivel de ejecución).

Para rematar, el próximo ministro de Defensa quedará inhabilitado para hacer campaña política tan solo 14 meses después de asumir el cargo, por eso nadie con aspiraciones presidenciales o con un peso político a nivel nacional, le va a jalar a un periodo tan corto y con tan alto riesgo de fracaso. Este es otro problema para el presidente, como resultado de haber mantenido a Guillermo Botero tantos días en un cargo que nunca entendió.

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