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Opinión

  • | 2001/10/29 00:00

    El Salvador: de la guerra a la paz. 10 años del acuerdo de paz con el FMLN

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En enero de 1.992, hace 10 años, el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional —FMLN— de El Salvador, firmó un acuerdo de Paz con el que se puso fin a un cruento conflicto armado que se prolongó durante doce años. La confrontación dejo a su paso decenas de miles de muertos —más de 70.000 según algunos estimativos— y un país en sus campos y ciudades literalmente devastado por la guerra.

Cuando la negociación política se abrió finalmente paso en El Salvador, ya habían sido agotados otros intentos, especialmente bajo la administración demócrata cristiana de Napoleón Duarte. El fracaso sobrevino a todos los intentos anteriores por razones que hoy, en una perspectiva histórica, resulta más claro determinar: debilidad del régimen político para producir consensos internos, especialmente entre sectores de la ultraderecha, los empresarios y las fuerzas armadas; creciente presencia militar de los EE.UU. con escaso apoyo a la salida política, y finalmente, la creencia en la posibilidad de un triunfo militar. Y es en este marco en el que el FMLN toma la decisión estratégica de lanzar el más grande esfuerzo militar de su historia, en lo que se denominó la "ofensiva general". En diciembre de 1989 la guerrilla salvadoreña concentró todas sus fuerzas, renovó todo su armamento, adquirió baterías de misiles antiaéreos Sam 7, y desató una feroz ofensiva sobre San Salvador y otras capitales de departamento, durante quince días de intensos combates.

La ofensiva general, cuidadosa, larga y secretamente preparada, tenía –según cálculos de la comandancía del FMLN– dos escenarios posibles para su desenlace: incluía, en primer lugar, la posibilidad real de colapsar al ejercito mediante la definición militar de una batalla estratégica en la capital del país (o en cualquier otra de las ciudades asediadas) provocando consecuentemente la caída del régimen político, o, en un escenario alternativo, precipitando en condiciones absolutamente favorables, una negociación política.

¿Por qué se jugó el FMLN el todo por el todo en una ofensiva estratégica, buscando definir el conflicto? Básicamente lo hizo por el agotamiento político y militar de la propia guerra en la opinión interna; por el surgimiento de un liderazgo político nacido desde la ultraderecha que llega al poder a través del partido Arena, pero en cabeza de un lúcido y pragmático hombre de empresa como Alfredo Cristiani, y en razón también a un complejo contexto internacional en el que se mezclaron los precedentes esfuerzos diplomáticos del grupo de Contadora, la caída del comunismo, la invasión de EE.UU. a Panamá, y por sobre todo, la pérdida del poder por los sandinistas en Nicaragua.

La guerra en El Salvador tuvo lugar bajo una condición excepcional dada por un territorio pequeño, poblado extensamente por masas de campesinos inconformes que fueron el origen del levantamiento armado, y en total ausencia de selvas o montañas. El FMLN creció políticamente no solo por una justificación histórica (dictaduras cívico-militares, represión, injusticia social) sino también con base en su gran desarrollo militar, que en 1982, de no ser por la intervención norteamericana, lo tuvo a las puertas de la victoria. Pero desde entonces, las fuerzas armadas salvadoreñas operaron su propio recambio. Conformaron fuerzas de reacción inmediatas (BIRI) que operaban como fuerzas estratégicas; desplegaron el uso intensivo de fuerzas especiales de choque y reconocimiento de largo alcance (PRAL) y otorgaron prioridad al fortalecimiento de la capacidad aérea para transporte de tropas, apoyo de fuego en combate e inteligencia electrónica. Todo bajo una nueva doctrina contrainsurgente en la que las decisiones estratégicas sobre la guerra se sujetaron al poder político y en las que se impuso la desarticulación de los escuadrones de la muerte, así como un claro mandato de respeto al DIH y los derechos humanos.

Una guerra, toda guerra, tiene límites en cuanto a sus posibilidades políticas y militares. Traspasar ese límite sin una victoria contundente o una negociación satisfactoria implica el riesgo de la anarquía y la barbarie. En El Salvador, llevado el conflicto a este límite por la acción del FMLN, la ayuda norteamericana y el proyecto modernizante de Cristiani, se logra finalmente aquella masa crítica de hechos y condiciones para favorecer la negociación.

En El Salvador fue imposible pactar un cese al fuego previo, a cambio de lo cual si hubo la suscripción de un acuerdo global sobre DIH y Derechos Humanos, propuesto por la ONU. Y en un hecho sin precedentes, la transición de la guerra a la paz, luego de firmado el acuerdo, fue posible gracias a lo que se dio en llamar "La paz armada", una etapa intermedia en la que el FMLN desmovilizó sus hombres y armas por etapas, en la medida en que las reformas acordadas iban siendo implementadas.

Hoy el FMLN es la segunda fuerza política del país, domina en la Asamblea Legislativa y tiene en su poder un crecido número de alcaldías en todos los departamentos, incluidas capitales. Es, por lo demás, una alternativa real para el próximo debate presidencial. Es bien cierto que la negociación del conflicto no ha resuelto en estos diez años problemas sentidos de los salvadoreños. No obstante, con la firma de la paz nació la democracia política, algo ajeno a la tradición histórica de ese país. Un acuerdo político de paz es un gran paso pero no es la reconciliación en sí misma. Le pregunté alguna vez a Joaquín Villalobos, comandante histórico del FMLN, que esperaba el de un proceso de reconciliación. Me dijo que, para empezar, tenía que ser la posibilidad de que antiguos enemigos pudieran, por primera vez, dormir tranquilos.

*Ex combatiente del M-19 en El Salvador
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