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Opinión

  • | 2005/08/14 00:00

    El "sex appeal" de la autenticidad

    Muchos analistas están de acuerdo en que tampoco sonaría exótico que Mockus pudiera acariciar la próxima presidencia, sin representar a ningún sector

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El mismo día, el presidente Álvaro Uribe llama furioso a La W a defenderse de la acusación de estar perjudicando a la Empresa de Teléfonos de Bogotá. A la hora está pidiéndole prestada la bicicleta a un jardinero. A las dos horas está haciéndoles terapia de grupo a las barras bravas de fútbol. A las tres horas está manejando un carrito de maletas en un aeropuerto.

¿Nombre de la obra?

Politiquería, dirán unos. Populismo, dirán otros. Campaña para la reelección, dirán unos terceros. Pero nadie podrá negar que en cada uno de esos episodios esté totalmente 'pintado' el Presidente, y que todo sea compatible con su personalidad auténtica, impredecible e impulsiva.

Y en eso de la autenticidad, el único que lo iguala entre los candidatos a sucederlo es Antanas Mockus.

Después de haber estado varios meses estudiando en Inglaterra, regresó al país con la misma antipatía, displicencia, excentricidad con las que el país lo vio irse a su sabático. Pero ante todo, con la misma autenticidad.

Mockus regresa a Colombia a disputarse la candidatura contra un equipo de contendores que tiene también el mismo nombre de la obra: el zigzag.

Zigzagueando, casi todos han cambiado de identidad, de partido, de alianzas, han hecho trapecio, han dado volteretas, y el país ha observado atónito cómo ya nadie es lo que parecía ser, y cómo ya todo el mundo es lo que no parecía que fuera.

Mockus, en cambio, no ha cambiado ni un milímetro. En su momento le ofrecieron una embajada, y no aceptó. No quiso hacer alianza alguna ni parece que vaya a hacerla. No les para muchas bolas a los periodistas, y aunque no ha vuelto a disfrazarse ni de zanahoria ni de grillo, de volver a hacerlo a nadie le extrañaría un milímetro. Sigue siendo el mismo loquito, independiente y autoritario, una de sus facetas más fascinantes, porque la combina con el credo de la pedagogía que resume a la perfección lo que es un maestro: un pedagogo autoritario.

Ahora que su principal contendor, el ex alcalde Enrique Peñalosa, hizo su propio zigzag al retirarse del Partido Liberal, a Mockus se le ha abierto un espacio muy importante en la política. Al ser del mismo grado de autenticidad de Uribe, la gente lo percibe claro y nada ambiguo. Un aspirante confiable. Lo que se ve, es lo que es.

Aunque fue uno de los primeros en anunciar que no le gustaba la fórmula de la reelección, nunca ha sido un 'antifuribista' ni un 'furibista' rotundo. Siempre se ha prestado para reconocer los logros del gobierno, pero también sus desaciertos. Ha dicho públicamente que aunque apoya el proceso con las AUC, le da miedo que al suplantarse la autoridad de la ley por la de los acuerdos, el proceso sea muy endeble, y termine pasándole a Uribe lo mismo que a Pastrana con las Farc: dejar a la gente con un sentimiento de engaño y de desilusión.

"Soy muy malo para hacer arreglitos", ha dicho cuando se le pegunta si descarta una alianza con el Polo.

Si los contendores de Uribe son Serpa y Mockus, no sería aventurado pensar que Mockus de pronto podría quedar de segundo, lo cual sería una hazaña histórica: un candidato sin organización, sin maquinarias, capaz de derrotar al partido más poderoso de los últimos 20 años? Se convertiría en el fenómeno político del año entrante en Colombia. Aunque hoy no parecería posible, porque Serpa tiene 10 por ciento en las encuestas, y Mockus el 2 por ciento, remember Uribe: él fue capaz, con su 'manerita de ser', de subir del 3 por ciento al 52 por ciento...

¿Y si reelección no hay? Pues vuelve y juega la autenticidad. Muchos analistas están de acuerdo en que tampoco sonaría exótico que Mockus pudiera acariciar la próxima presidencia de Colombia, sin representar realmente a ningún sector.

Claro que en este último juego también aparecerían Antonio Navarro y Germán Vargas. Navarro representando a la izquierda y Germán Vargas como el más importante jefe político autónomo, frente a un partido que ya no será un partidito porque probablemente se llevará un gran pedazo del ponqué parlamentario. A este último, ante los trapecistas, hay que reconocerle que ha sido muy coherente desde cuando abandonó las toldas del liberalismo.

Pero la apuesta es si un representante de la izquierda, en el caso de Navarro, y de lo mejor que puede producir el sistema, en el caso de Vargas, pueden ser derrotables por alguien como Mockus.

¿Lo lograría un candidato 'alternativo' que no se representa sino a sí mismo?

ENTRETANTO?¿En el desayuno para limar asperezas en la Casa de Nariño, Uribe le habrá dado a Garzón huevitos pericos con relleno fluido?
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