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Opinión

  • | 1996/10/14 00:00

    EL SEXO DE LOS VICEPRESIDENTES

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Uno de los más célebres ejemplos de imbecilidad colectiva que se les dan a los niños en las clases de historia es el de los bizantinos en la hora final de su imperio: mientras los turcos escalaban las murallas de la ciudad, los bizantinos dedicaban todas sus energías a discutir sobre el sexo de los ángeles. En Colombia no hay ángeles (o, en fin, muy pocos: los asexuados o más bien bisexuales ángeles de Sopó, y uno, muy viril, que tuvo una hija con la novelista Laura Restrepo). Pero hay en cambio algo más adecuado para las discusiones inútiles que los ángeles mismos, o que los arcángeles, los serafines, los querubines, los tronos, las dominaciones: hay vicepresidentes. O tampoco los hay, y ese es justamente el motivo de nuestras discusiones. Como el cargo de vicepresidente está vacante por la atropellada, aunque muy demorada, renuncia del que había, los colombianos empleamos todas nuestras energías en discutir sobre el sexo, e inclusive sobre el matiz de sexo, que debe tener nuestro próximo vicepresidente. ¿Mujer liberal, como María Emma Mejía? ¿Mujer conservadora, como Noemí Sanín? ¿Hombre? ¿Y si es hombre, qué tipo de hombre? ¿Empresario, político, joven, viejo, cachaco, costeño? ¿Y qué tan hombre? ¿Un verdadero sietemachos, como dicen que es, digamos, Carlos Lemos, ex comunista, ex liberal, prefascista, ex intelectual, 10 veces ex ministro, embajador inextirpable, sucesivamente lopista, turbayista, barquista, gavirista, samperista, rudo con los débiles y suave y mullido como una alfombra con los poderosos (sean presidentes de Estados Unidos, o solamente de Colombia, o simplemente del Grupo Radial Colombiano), y resuelto siempre a sacrificarse aceptando cualquier cargo público que le ofrezcan? En eso estamos. Unos dicen que Lemos no. Otros dicen que Lemos sí. Lemos dice que Lemos sí. En fin: en eso estamos. Mientras discutimos quién debe ser el vicepresidente, los enemigos escalan las murallas. Aunque esto, desde luego, es pura metáfora: así como no tenemos ángeles en Colombia, tampoco tenemos murallas. Y además ¿qué enemigos? ¿Los que ya están adentro, como los narcos o como el embajador Frechette? ¿Las guerrillas? ¿Los paramilitares? ¿Los desechables? Ni siquiera sabemos quiénes son nuestros enemigos: la prensa, dicen los políticos; los políticos, dice la prensa. Como si los dueños de la prensa no fueran, a la vez, políticos, y viceversa. Pero en fin: en eso estamos. Y la discusión es perfectamente inane. En primer lugar, porque la única función del vicepresidente consiste en reemplazar al presidente en caso de que éste renuncie cosa que no va a pasar, o sea destituido _cosa que ya no sucedió_, o muera _cosa que es de esperar que no ocurra_. Pero además, y tal vez sobre todo, porque en el muy improbable caso de que un vicepresidente sea quien sea viniera a reemplazar al actual presidente, la situación en nada cambiaría con respecto a los problemas reales del país: los narcos. Frechette, las guerrillas, los paramilitares, los desechables, la prensa, los políticos. Un vicepresidente elegido por el Congreso que hay y que, de chiripa, heredara la presidencia, sería tan débil como el presidente que hay ahora, o incluso todavía más; tan sospechoso de origen como el presidente que hay ahora, o incluso todavía más; tan poco creíble para el señor Frechette como el que hay ahora, o incluso más; tan poco tratable para las guerrillas como el que hay ahora, o más; tan incapaz de lidiar a los paramilitares como el que tenemos, o más; tan poco de fiar para la prensa, o más; tan inútil o más, o incluso mucho más como este que tenemos para ocuparse de la tragedia creciente del país. Y si de hacer nombramientos se trata, pues con el presidente que tenemos basta y sobra: no es necesario sustituirlo por ningún vicepresidente. ¿O es que acaso no han sido nombrados por el presidente que tenemos todos los candidatos que suenan para ser sus potenciales sucesores como vicepresidentes? Noemí, María Emma, Lemos. Hasta el vicepresidente renunciante, Humberto de la Calle, fue escogido para la vicepresidencia y nombrado embajador por Ernesto Samper. Así que, por favor, discutamos de cosas serias.
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