opinión

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Almirante David René Moreno Moreno, columnista - Foto: Cortesía: Almirante-David-René

El silencio es cómplice

Al igual que millones de colombianos, todavía no se asimila el impacto de la llegada al Palacio de Nariño de la izquierda mundial representada en Petro, personaje grotesco de la historia contemporánea de nuestro país, gracias a la indiferencia de casi el 50 % de los colombianos que no asistieron a las urnas y al apoyo de quienes se dejaron engañar por la fácil verborrea de un encantador de serpientes que mucho prometió y poco cumplirá.


Por: David René Moreno Moreno

El descalabro macroeconómico del país se vaticinó ampliamente, pero no lo creyeron quienes votaron a favor del totalitarismo; Ecopetrol ya perdió más del 12 % de su valor y las acciones nacionales también se afectaron en más del 5 %, con el nefasto resultado electoral. El valor del dólar se disparó y alcanzó los 4.100 pesos, mientras que en casas de cambio se vendió a 5.000 pesos. Se afectó la disponibilidad de efectivo en sucursales bancarias por el retiro de grandes sumas. Lo triste es que la afectación apenas comienza.

En el campo político llaman la atención varios temas, siendo el más destacado la desaparición de los partidos tradicionales que ni siquiera presentaron candidatos a la elección presidencial. Esto va unido con el segundo tema: no hay lideres políticos. ¿Qué ha pasado? ¿Ha sido de tal magnitud la corrupción que por vergüenza de los malos políticos estos se han apartado? Es una degradación de la política la trashumancia de políticos que sin sonrojarse van en busca de la ubre que mejor los amamante y peor indignidad el llegar a ocupar la cabeza del poder Legislativo, que ha sido ampliamente señalado por la bajeza de muchas de sus actuaciones.

Sin lugar a discusión, la unión hace la fuerza, siempre que todos jalen en la misma dirección; ojalá fuera en dirección del progreso, desarrollo y bienestar de la nación. Desconcierta ver cómo cambian tan rápido los apoyos y alianzas políticas en el país. Hoy todos quieren estar al lado de Petro, personaje al cual rechazaban por sus tendencias ideológicas y sus descabelladas propuestas comunistas. ¿Es que los políticos no se quieren dar cuenta de que el país ha llegado a esta situación por su culpa, por sus acciones y omisiones? ¿Es que los colombianos hemos sido los idiotas útiles dentro del ajedrez político?

El futuro del país se ve negro; Petro y sus adeptos se opusieron a la reforma tributaria y en ello se apoyaron para generar anarquía, pero hoy están proponiendo una reforma que afectará el bolsillo, no solo de quienes tienen capacidad económica, sino que perjudicará a la clase media y a quienes son de escasos recursos. Esto es, aquejará a quienes votaron por el cambio que propuso Petro. El nuevo impuesto al patrimonio acabará con los pocos ahorros que han logrado subsistir a los avatares de la pandemia y las nuevas cargas tributarias harán inviables a muchas empresas, generando desempleo y disponibilidad de productos, así como afectará la calidad de vida de los colombianos.

Esto es una muestra de que Petro engañó a quienes votaron por él y no les va a cumplir; por ejemplo, los integrantes de la primera línea estarán esperando el 8 de agosto que les llegue el mercado a la puerta, que les otorguen las becas en las universidades y les asignen la casa o el apartamento expropiado, pero al no ver cumplido su sueño harán uso de la violencia y el terrorismo para que les cumplan lo propuesto. ¿Petro y sus alcaldes autorizarán el empleo de Esmad para repeler la brutalidad de los vándalos?

Poco se ha dicho del superministerio que van a crear con más capacidades, responsabilidades y funciones que cualquiera de los actuales. Le van a incorporar la Policía Nacional para darles armas a las decisiones políticas de los alcaldes, le van a dar el poder de concentrar a más de 300.000 hombres y mujeres que integran las compañías de seguridad y vigilancia privada, le agregan la inteligencia estratégica del país con la Dirección Nacional de Inteligencia, le incorporan al Inpec, esto es, tendrán a cerca de un millón de personas dependiendo de este Ministerio, con más armas que el mismo Ministerio de Defensa. ¿Cuál será el propósito? ¿Apoyarse en este Ministerio conformando una Guardia Nacional para dirigir y armar a unas milicias que los mantengan en el poder?

Pero no todo se ha perdido ni se perderá si los colombianos unidos luchan por mantener al país, por mantener la producción, por mantener el empleo, por generar beneficios, por denunciar al mundo entero las violaciones a los derechos y libertades que caracterizan los gobiernos tiránicos y dictatoriales como el que se espera de parte de Petro y sus seguidores. El silencio es cómplice. Acordémonos de que el país tiene unas Fuerzas Militares profesionales y disciplinadas, respetuosas de la constitución y las leyes y son los garantes de la democracia. Colombia es grande.