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Opinión

  • | 1997/03/17 00:00

    EL TRAMPOLIN DE MARIA EMMA

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Equivocarse en el manejo de las relaciones fronterizas con Venezuela tiene más consecuencias que las de una simple metida de pata diplomática. Es como acercarle un fósforo a una caneca de gasolina.Eso, exactamente, fue lo que sucedió con el incidente fronterizo de la semana pasada en Arauquita, que dejó como saldo la muerte de un niño. A las siete de la mañanadel día siguiente al incidente, cuando ni aún las autoridades locales sabían realmente qué había pasado, la Canciller prendió un fósforo en el micrófono de un programa radial, y no sólo se apresuró a condenar un hecho cuyos detalles ignoraba por completo, sino que anunció públicamente el envío de una nota de protesta al gobierno venezolano cometiendo una grave descortesía diplomática.Como era de esperarse, el canciller Burelli y el propio presidente Caldera irrumpieron en cólera. Las notas de protesta son instrumentos que los gobiernos manejan en secreto, por la delicadeza de sus alcances. Es la manera de quejarse sin declarar la guerra. Jamás se anuncian por radio, ni antes de enviarse, ni una vez enviadas. Pero lo cortés, cuando las relaciones lo permiten, como en el caso de Venezuela, es llamar al canciller del país respectivo y anunciarle privadamente el envío de la nota.En el caso que comentamos, hubo moñona de equivocaciones. La consecuencia es que el canciller Burelli se enteró de la nota de protesta por los medios de comunicación, con el agravante de que ni siquiera se encontraba en Venezuela. Después vino el incidente de Tibú, en el que la arrogancia venezolana pudo haber sido alentada por el equivocado manejo del conflicto anterior.No es que no tuviéramos la razón en protestar. De Venezuela no podemos aceptar la brutalidad ni la persecución en caliente en el tratamiento de los incidentes fronterizos. Pero no hay que desconocer que en el origen de los hechos de Arauquita estaba la guerrilla colombiana, que se la pasa en canoa navegando por los ríos Arauca y Orinoco, haciendo lo que se le da la gana. El flash de imagen de doña María Emma en los micrófonos radiales pudo haberle representado puntos a favor en Colombia, pero nos colocó frente a Venezuela en una singular situación: una fuerza irregular amenazando con crear un conflicto entre las fuerzas regulares de los dos países. Tampoco fue afortunado el reciente manejo de unas declaraciones del general McCaffrey, zar antidrogas, contra las bajas penas impuestas a los Rodríguez. Pasando por alto que McCaffrey era el único amigo que teníamos en el gobierno de Estados Unidos, un defensor permanente de los esfuerzos de nuestro país contra el narcotráfico, nuestra Canciller le envió una desafortunada carta 'refregándole' al general lo que nuestro país hace en materia de narcóticos. La carta, estructuralmente bien escrita si el remitente hubiera sido cualquier otro gobierno distinto al de Samper, fue divulgada primero a los medios y después al general. Eso le cayó al zar antidrogas como una patada. Pero al interior del país le representó a la Canciller otros puntos de prestigio personal que nada ayudan en el dramático escenario internacional de Colombia, pero que a ella, con la 'zapateada' a McCaffrey, le sirven de trampolín para cualquier decisión que esté preparando tomar en marzo próximo.Adicionalmente, es discutible la utilidad del último viaje de la Canciller a Estados Unidos a finales de la semana pasada, del que trajo la noticia que ya todos sabíamos: que no seremos certificados. La decisión ya estaba definida, por lo que María Emma tenía pocas posibilidades de éxito. Pero en cambio, con su visita de la semana pasada prácticamente legitimó el proceso de certificación de Estados Unidos, que obedece a una ley interna de dicho país, y no a un acuerdo internacional. Las leyes internas de otros países no comprometen a los demás. Pero una visita inoportuna sí puede vincular a un país a los mecanismos internos de otro, como sucedió a última hora con Estados Unidos.Este viaje, como muchos otros de nuestra Canciller, que prácticamente no duerme en Colombia, obligan a preguntarse si sus permanentes desplazamientos le sirven más al país, o al plan de millas que ahora ofrecen las aerolíneas para el viajero frecuente. Es obvio que los cancilleres tienen que viajar, nadie pretendería que es buena una diplomacia de escritorio. Pero los viajes deben tener propósito. La corrida de un catre en Ginebra, o la inauguración de una discoteca en Bangkok, no ameritan la presencia de nuestra Canciller. Podrán decir que estoy exagerando: pero su reciente visita oficial a Suecia resultó algo semejante a los dos ejemplos anteriores, no sé si por lo del catre o lo de la discoteca.Nuestra Canciller condimenta su extraordinaria capacidad política su carrera en este campo no tiene reversa ya con una feminidad apabullante y con un toque de clase indiscutible. Pero por delante tenemos problemas graves, como la insolencia nicaragüense y el manejo de la reciente entrega de la soberanía de Colombia a Estados Unidos en la modalidad de la persecución en caliente de las embarcaciones colombianas en nuestra zona económica exclusiva, un derecho que incluso unas islas minúsculas de las Antillas le han negado valientemente a Estados Unidos. A los no alineados les hemos sacado un mínimo de kilometraje diplomático: apenas una visita a Francia y ahora una al Africa. Y frente a Estados Unidos continuamos siendo el único país amigo que ha sido descertificado en la historia, y en lugar de corregir el rumbo estamos dedicados a comportarnos como verdaderos enemigos políticos de dicho país. Y lo que falta vivir con Venezuela...Ninguna de estas situaciones puede manejarse con la lujuria del micrófono o de las cámaras de televisión, ni con las declaraciones que los colombianos quieren oír. Ojalá la Canciller no se equivoque en utilizar sus gestiones diplomáticas como un trampolín político personal. nn La Canciller anunció la nota de protesta por radio y cometió una grave descortesía diplomática
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