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Francisco Santos - Foto: Andrés González

ELN, paz y negocios

Con esta negociación, Petro les aumenta el oxígeno político a Maduro y su régimen mafioso. Sería bueno que, a cambio, pidiera la liberación de los más de 250 presos políticos que esta dictadura tiene pudriéndose en sus cárceles. Soñar no cuesta nada.

Por: Francisco Santos

El proceso de paz que se inició en Caracas con el ELN tiene algunas cosas buenas y la mayoría malas. Entre otras, porque el ELN ya no es la misma organización de hace diez años y mucho menos la que se sentó en Maguncia a negociar con la sociedad civil en 1997 o con la que Luis Carlos Restrepo negoció en 2005 y estuvo a punto de firmar el inicio de un proceso en Cuba.

Lo primero que hay que reconocer es la diferencia entre el ELN y las Farc. Las Farc son un ejército con partido, mientras que el ELN es un partido en armas. Eso quiere decir que en el primero las órdenes se cumplen, como en un ejército, mientras en el segundo todo se debate y se tiene que llegar a consensos para tomar decisiones y avanzar sobre ellas. O, para ser más prácticos, el primero tiene orden mientras el segundo no.

Un ejemplo fue la desmovilización en el año 92 de una parte del ELN, la Corriente de Renovación Socialista. Era la época de la desmovilización del M-19, del EPL y del Quintín Lame. Y el debate se dio en el ELN. Por pocos votos se decidió seguir en la lucha armada, pero permitieron a los que promovieron el debate desmovilizarse.

Pero esos eran otros tiempos, cuando el narcotráfico, los negocios ilegales y el refugio en Venezuela no formaban parte de su historia y de su ADN. Sí, su control político de Arauca era, y aún es, total y la extracción de riqueza por medio del secuestro, de la extorsión y del control total de la contratación en Arauca era su mecanismo de financiación. Pero en los últimos 15 años esto cambió.

Lo primero es que el narcotráfico se tomó al ELN. De unos pocos frentes que utilizaban el narcotráfico para financiarse en 2005, hoy gran parte de la organización se nutre de los recursos ilegales de este negocio. Eso cambia la mentalidad de la organización, el incentivo de lucha y, sin duda, corrompe la cadena de mando.

Lo segundo que cambió es Venezuela. Allí están protegidos y se han convertido en la primera barrera de contención del corrupto Estado venezolano, o lo que queda de él. El ELN controla la frontera con Colombia, controla gran parte de los negocios ilegales e incluso en acciones contra las disidencias de las Farc en Apure y en otros lugares de la frontera operó de manera conjunta con las Fuerzas Armadas venezolanas.

En Venezuela recluta, está creciendo, se está enriqueciendo y hoy el ELN es una guerrilla binacional. En este nuevo escenario la pregunta es: ¿va a dejar el ELN ese negocio tan bueno? Es apenas obvio que no. Por eso la perspectiva de este proceso al final va a ser muy parecida a la del proceso de las Farc, se desmoviliza una parte, adquieren unos beneficios y el resto sigue en su negocio violento y criminal.

El proceso de paz con la Farc no trajo paz y seguridad a Colombia. Es más, y en eso son responsables los dos últimos gobiernos por no copar el territorio, en muchas zonas las organizaciones criminales que quedaron o reemplazaron a las Farc son más violentas. Lo mismo va a suceder con el proceso de paz con el ELN. No sé si otro Nobel, esta vez para Petro, ya se lo dan a cualquiera, pero de paz, de verdadera paz en los territorios, nada. Ni en Venezuela ni en Colombia.

El mejor ejemplo de lo que va a pasar ya se dio. Cuando Petro abrió la frontera pensó que eso iba a reactivar la economía y normalizar la situación. Y no pasó nada. Tanto, que el mismo presidente se quejó públicamente de la falta de resultados reales ante una acción tan ‘importante’ como era esa normalización. Pues es muy probable que el proceso de paz sea otra reapertura del puente.

Y lo bueno. Se desmovilizarán algunos de los dirigentes históricos de esa organización. Una parte de esos frentes también se desmovilizarán. Ojalá Arauca pueda normalizarse y deje de ser ese escenario de corrupción integral que maneja el ELN allí y se pueda recuperar el libre debate democrático, que hoy está totalmente condicionado por ellos. Y quizás la presencia de Otty Patiño en la negociación pueda lograr algo más. Sin duda, Otty conoce la mentalidad del ELN, sabe cómo operan y en qué están, no se hace ilusiones sobre el voluntarismo con que muchos llegan a estos escenarios y es profundamente realista y creativo.

Vamos a ver cómo avanza este proceso. Que pasa por Caracas y, por lo tanto, tiene mucho que ver con la situación de Maduro y las posibles elecciones libres, que no creo se vayan a dar en 2024. Lo cierto es que, con esta negociación, Petro les aumenta el oxígeno político a Maduro y su régimen mafioso. Sería bueno que, a cambio, pidiera la liberación de los más de 250 presos políticos que esta dictadura tiene pudriéndose en sus cárceles. Soñar no cuesta nada.