opinión

Óscar Ramírez Vahos
Óscar Ramírez Vahos, columnista invitado. - Foto: SEMANA

Empieza el gobierno Petro: ¿debemos esperar lo peor?

Conocemos que la izquierda reivindicó hasta el heroísmo a la primera línea, una organización que hoy tiene 303 detenidos por delitos tan graves como homicidio, secuestro y terrorismo.


Por: Óscar Ramírez Vahos

A nadie le conviene que a Petro le vaya mal, como tampoco le convenía a nadie, o a casi nadie, una debacle de Duque. Sin embargo, muchos le apostaron a la total aniquilación del gobierno saliente para poder prepararle el terreno al presidente del Pacto Histórico. Esta fue una jugada que les puede salir mal.

Conocemos que la izquierda reivindicó hasta el heroísmo a la primera línea, una organización que hoy tiene 303 detenidos por delitos tan graves como homicidio, secuestro y terrorismo. Pero la primera línea sigue viva allá afuera, como se evidenció en las manifestaciones en el Portal Américas el pasado 20 de julio.

Lo ingenuo sería pensar que esa misma organización no va a repetir a final de este año todo su levantamiento violento, justo cuando la reforma tributaria de Petro desnude la realidad: que el nuevo mandatario amplificará los impuestos que Duque no pudo implementar y que esto será la cerilla que inicie el incendio provocado por la recesión económica mundial y la inflación desbordada. Comida cara, cada vez más cara.

“Si Petro la embarra, vamos a estar protestando”, dijo un encapuchado de la primera línea ante los medios en esas protestas del 20 de julio. Pocos sintieron sorpresa al respecto. Criaron cuervos y les sacarán los ojos.

Porque no se puede hacerle creer a un grupo de encapuchados que su accionar violento está al mismo nivel de la gesta independentista de Bolívar y Santander, y luego hacerlos a un lado, como si la historia se hubiera detenido. Esos mismos jóvenes verán a Petro como el nuevo e injusto monarca a derribar.

Si para entonces el presidente ya cumplió su promesa de desmontar el Esmad, y si también se sostiene en su convicción de permitir toda protesta social sin importar nada, lo que tendremos será un país bloqueado y colapsado por un nuevo paro nacional, mucho peor que el experimentado por Duque.

Hay cosas que un gobierno, sea el que sea, no se puede permitir. Por ejemplo, fallar a su promesa principal, que en el caso de Petro es el anhelo de “cambio” que la sociedad reclama. Colombia corre el riesgo de que los menos favorecidos se sientan decepcionados de Petro y en eterna espera de ese cambio. Me explico.

Todo esto se trata de economía. De las decisiones económicas que Petro adopte en su afán de marcar la historia del país. Una personalidad narcisista, como la suya, siempre piensa más en el futuro que en el presente. Petro quiere pasar a la historia como el mandatario que anuló el cambio climático, el que sometió a los ricos y el que garantizó la universalización de los derechos. Es decir, una mezcla entre Greta Thunberg, Karl Marx y Antonio Nariño. Pero para lograr todo eso tiene que afectar la economía del país, con reformas que han encendido todas las alarmas.

Suprimir el poderío económico de Ecopetrol, espantar la inversión privada y extranjera con impuestos, colapsar el sistema de salud, son cosas que van a afectar más a esos “nadies”, como él llama a los menos favorecidos, que a los ricos mismos.

Como colombianos, no tenemos otra opción que hacer contrapeso a esas reformas. Piensen en la cantidad de promesas y anuncios sobre las que Petro ya ha reculado por la presión pública reciente: el impuesto a los planes de celular, la locura del Estado contratando a todos los desempleados del país, la obligatoriedad de repartición de dividendos para las empresas… Hay que insistir en derribar todo aquello que pueda incendiar al país con una primera línea que ya se le salió de las manos al petrismo.

Empieza el gobierno Petro: ¿debemos esperar lo peor? Es con pesar que debemos responder que sí, y que también depende de nosotros, de la oposición, salvar a Colombia.

*Concejal de Bogotá