Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

×

Opinión

  • | 2017/12/26 16:16

    ¿En vos confío?

    La foto muestra un dibujo de Jaime Garzón con una expresión entre la incredulidad y el horror. Justo encima se lee “El Centro Democrático es confianza” en una valla en la que este partido reinventa su mensaje. Así como lo hizo en el pasado con el tema de la seguridad, toma ahora por bandera justo lo que Colombia más necesita: confianza (y no se puede negar la enorme sintonía de Uribe con el país).

COMPARTIR

La desconfianza es el primer síntoma de esa enfermedad que envenena el alma llamada odio. No sorprende que promueva su antídoto justo uno de los partidos que más se ha encargado de propagarlo. La publicidad busca así blanquear el miedo que genera, y busca también "que todo cambie para que todo siga igual".

Pero, ¿es posible desarmar los espíritus en Colombia? ¿Es posible confiar en alguien, así sea en uno mismo que es en quien uno menos confía? En el pasado
programa de María Jimena Duzán, Julián de Zubiria Samper, Director del Instituto Merani y experto en educación, soltó esta bomba: "Según una encuesta mundial adelantada en más setenta países, mientras los chinos confían en el 65% de la gente que conoce y los nórdicos en el 75%, los colombianos solo confiamos en el 5%". ¡El 5%!

El dato aterra pero no sorprende: repiten todos los domingos en la iglesia "en vos confío", pero nadie confía en nadie porque en este país todo el mundo mira al otro por encima del hombro, con la arrogancia de quien exige respeto porque se cree superior por cualquier nimiedad (el color de la piel un tris más blanca, la cuenta bancaria con unos cuantos centavos de más e incluso hasta por tener un lejano parentesco con una reina de belleza del siglo antepasado: gente que necesita inventar motivos para poder quererse).

Tratan de enderezar un ego que morirá dormido porque es un ego de apariencias. "Respéteme porque usted no sabe quién soy yo". Y no son más que un amasijo de miedos e inseguridades. Hay además esa urgencia por etiquetar, y etiquetar es decir que el otro es diferente, que es gente de otro jaez; gente que no se parece a mí y debo por tanto alejarlo porque no es confiable. Uno sale a la calle esperando lo peor: sabe que volver a salvo es casi un milagro. Y no es por la inseguridad, que ya es mucho hablar. Es más por tener que tropezarse con todo eso odio y ese resentimiento y esa desconfianza de quienquiera
que sea, de Carulla a la plaza de mercado.

Este país agobia y estresa y hace daño y resta energías y todo es una pelotera. Aquí no se vive: no hay paz ni felicidad. ¡No hay humor entre tanta mirada totalitaria! Hay en cambio mucha mezquindad y cierta resignación "porque me tocó vivir aquí", que a cada quien le genera un profundo malestar. Las frustraciones por las metas personales no alcanzadas, la falta de oportunidades, la ilusión de futuro que se desvanece, la exigencia de consumismo sin
tener con qué, la pesada carga de la vida que ya no se vivió, el continuo enfrentar la ética propia con la del mafioso exitoso: es difícil no odiarse a sí mismo cuando uno se compara constantemente con la felicidad que los otros muestran en Facebook o Instagram.

Son también las redes sociales, que intoxican, desinforman, falsean y despedazan el incipiente tejido social. Y es la política y la polarización y los candidatos que insultan por ganar clickbaits, pues saben que el odio genera publicidad. Vivimos en el peligro de la crueldad de quien se ha derrotado de antemano. Vivimos en su delirio y por eso nosotros ya también nos hemos derrotado al desconfiar, sobre todo, de nosotros mismos.

Ya que es tiempo de reflexiones, ojalá cada quien piense en sí mismo y, al quererse, sepa que no tenemos que desaprovechar este país, que todavía podemos arrancárselo al odio. De lo contrario -como dicen que dijo James Joyce- "si no se puede cambiar de país, cambiemos al menos de conversación".

@sanchezbaute

¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 1888

PORTADA

Petro vs. López Obrador, ¿cuál es la diferencia?

El recién elegido presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, ha tenido una carrera muy parecida a la de Gustavo Petro. ¿Por qué uno pudo llegar al poder y el otro no?

Queremos conocerlo un poco,
cuéntenos acerca de usted:

Maria,

Gracias por registrarse en SEMANA Para finalizar el proceso, por favor valide su correo a través del enlace que enviamos a:

correo@123.com

Maria,

su cuenta aun no ha sido activada para poder leer el contenido de la edición impresa. Por favor valide su correo a través del enlace que enviamos a:

correo@123.com

Para verificar su suscripción, por favor ingrese la siguiente información:

O
Ed. 1889

¿No tiene suscripción? ¡Adquiérala ya!

Su código de suscripción no se encuentra activo.