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Opinión

  • | 2018/11/29 14:45

    Haciendo agua

    La falta de canales formales de comunicación en la Ley de Financimiento generó un ambiente de incertidumbre que poco le favorece a la economía colombiana. Que sí va el IVA a la canasta familiar, que ahora no; que la devolución del IVA se limitará al 90%, que ahora no se puede; que las gaseosas y cervezas no tendrán un IVA plurifásico, que ahora sí y así…

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No hay nada más difícil para un gobierno que tramitar una reforma tributaria, nada más difícil que echarle mano al bolsillo a los ciudadanos para financiar el presupuesto, mientras se habla de los peores escándalos de corrupción de la historia reciente de Colombia. Es una misión titánica buscar $14 billones adicionales para el erario, cuando la promesa de campaña fue “menos impuestos y mejores salarios”. Esta vez, parece que la mano la va a perder el Gobierno y su reforma tributaria no llegará, al menos entera, a buen puerto.

La cosa no empezó bien. Durante semanas, y pese a la oposición de todos los partidos políticos, el Gobierno insistió en su propuesta de gravar con IVA la canasta familiar, como base para financiar el presupuesto de 2019. Una pelea inocua en la que el Gobierno gastó buena parte de su tiempo, capital político y en la que no lo acompañó ni siquiera su propio partido. A partir de ese momento, los ponentes tomaron las riendas del proyecto, quitándole el papel protagónico al Ministro de Hacienda.

De ahí en adelante se formó el desorden: frente a los micrófonos y las cámaras, los congresistas anunciaban acuerdos con el Gobierno, que se desvanecían con el paso del tiempo. La falta de canales formales de comunicación generó un ambiente de incertidumbre que poco le favorece a la economía nacional. Que sí va el IVA a la canasta familiar, que ahora no; que la devolución del IVA se limitará al 90%, que ahora no se puede; que las gaseosas y cervezas no tendrán un IVA plurifásico, que ahora sí, y así…

Los partidos, empoderados como nunca, se encargaron de poner líneas rojas que reducen aún más las posibilidades de encontrar alternativas para financiar el presupuesto. Los liberales no le jalan a gravar las pensiones, Cambio Radical no votará una sobretasa en la renta para el sector financiero ni artículos que aumenten impuestos a gaseosas y cervezas, el uribismo insiste en que se suba el salario mínimo o se cree una prima adicional para los trabajadores que ganen hasta tres salarios mínimos. En esas condiciones, el Gobierno intenta abrirle el camino a su proyecto, en una carrera contra el tiempo.

En la ponencia para primer debate se dio el primer campanazo. De los $14 billones que quería recaudar el Gobierno, sólo se pudo llegar a acuerdos con los ponentes para recaudar $7,5 billones. Si no se endereza el rumbo, los partidos seguirán deshojando la margarita y el Gobierno tendrá que recortar programas sociales; esa decisión cuesta mucho en el terreno de la opinión pública.

Los autogoles tampoco han faltado. Mientras en Colombia el equipo económico del gobierno Duque hacía hasta lo imposible para que su proyecto no hiciera agua, la vicepresidenta, Marta Lucía Ramírez planteaba desde Miami la posibilidad de que se retirara el texto de la reforma. Una vez más, la falta de coordinación en el gabinete pasa factura, en una coyuntura en la que ese tipo de errores no se pueden cometer.

Con la llegada de la natilla y los buñuelos se empieza a agotar el tiempo del Gobierno para aprobar su ley de financiamiento y la cosa no está fácil. Si el Ministro de Hacienda no retoma el control del proyecto e impulsa un acuerdo mínimo sobre lo fundamental, el remedio terminará siendo peor que la enfermedad; una reforma tributaria sin un norte definido puede ser igual de peligrosa a un presupuesto desfinanciado.

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