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Opinión

  • | 1985/06/10 00:00

    ¿ES USTED MANUPULABLE?

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Si desea averiguarlo responda las siguientes preguntas:
· ¿Cree usted que el gobierno planea acabar con el Sena y con el Instituto de Bienestar Familiar?
· ¿Considera que el ministro de Hacienda entró al gobierno llamándose Roberto y saldrá de el llamandose Herodes?
· ¿Sabe, por casualidad qué significa eso de las "rentas de destinación especial"?
Respuesta: Si contestó afirmativamente las dos primeras preguntas y negativamente la tercera, usted forma parte de la gruesa lista de colombianos víctimas de una sofisticada manipulación de la opinión pública, que la semana pasada se puso en marcha precisamente para eso: es decir, para convencernos de que don Herodes Junguito planea dejar a los niños colombianos sin hogar y a los obreros sin capacitación.
Esa fue por lo menos, la sensación con la que cogió a cientos de colombianos el fin de semana pasado previo lavado cerebral con ayuda de un hábil bombardeo de titulares de prensa: "Diterentes estamentos expresan preocupación por suerte del Sena".
"Iglesia, gremios y trabajadores rechazan el desmonte del Sena". "Salvar al ICBF pide Lleras Restrepo". "Con recursos del ICBF y Sena se financiará a partidos". "Damas liberales rechazan recorte a ICBF y Sena".
Sin embargo, muy pocos se tomaron el trabajo de averiguar qué era realmente, lo que habia detrás de todo este chismorreo. ¿Acaso era verdad que el gobierno le había declarado la guerra a la niñez y a las clases trabajadoras? El mismo Lleras Restrepo parecia sugerirlo así, cuando escribia en un editorial de Nueva Frontera: "Que un recorte en las capacidades del ICBF (...) se pueda cumplir, y precisamente bajo la administración de Belisario Betancur, es cosa que no alcanzo a entender".
Con afirmaciones como ésta del ilustre ex presidente y titulares de prensa como los anteriormente transcritos, resultaba dificil que a alguien le quedaran fuerzas para seguir averiguando. Y es una lástima, porque de pronto habria descubierto algo sorprendente: la verdad desnuda, en medio de todo este montaje, no era sino la de que el gobierno había intentado ordenar sus finanzas, como está obligada a hacerlo cualquier ama de casa organizada.
La clave del lío parece estar en lo que se conoce con el nombre de "rentas de destinación especial", nombre complicado de una cosa realmente muy sencilla: son aquellos ingresos provenientes de un impuesto, que el legislador le asigna directamente a una actividad gubernamental con el objeto de que goce de cierta autonomía financiera para el cumplimiento de sus fines. Así funcionan entidades con las que trajinamos a diario como el Sena, el ICBF, el Fondo Nacional del Café, el ISS, las Cajas de Compensacion Familiar, Coldeportes, el Fondo Vial, la Corporación Nacional de Turismo, etc., etc., etc.
Pues bien, el gobierno hizo al respecto varios descubrimientos sorprendentes. Descubrió, por ejemplo, que el 50% de sus ingresos fiscales cae bajo esta modalidad, que le resulta imposible responder por estos dineros, porque están fuera de su control presupuestal; que ello ha determinado que muchas de las entidades beneficiarias de estos dineros se comporten como auténticas republicas independientes, acumulando superávit que son incapaces de invertir y determinando la coexistencia de excesos de liquidez de esas entidades con situaciones de penuria en otras no menos importantes; y que esta circunstancia debilita la capacidad de acción del gobierno frente a sus planes de desarrollo, además de impulsar el desbordamiento del gasto público y de colaborar en el crecimiento del déficit fiscal.
¿Qué era, en últimas, lo que pretendía proponer el gobierno, antes de que ciertas manos manipuladoras le atravesaran tan hábilmente la teoria de Herodes?
Es mas fácil entenderlo con un ejemplo. Los juzgados del país se han quedado sin dinero para comprar papel en qué escribir y en muchas ciudades les han cortado el agua por falta de pago. Estas son apenas dos consecuencias de un déficit de 9.287 millónes que registra el Ministerio de Justicia. Sin embargo, la Superintendencia de Notariado y Registro, favorecida por las rentas de destinación especial, registra un superávit de 3.876 millones de pesos, que tiene inveitidos en depositos a término y otras modalidades semejantes. ¿No resulta coherente procurar que un porcentaje de este superávit se invierta en dotar a la rama jurisdiccional de la infraestructura necesaria para que pueda administrar justicia?
Algo parecido, pero desde luego bien distinto del intento de desmontarlos, pretende hacer el gobierno con el Sena y el ICBF.
En el caso del Sena se propone, específicamente, que un porcentaje de su superávit de 5 mil millones de pesos se invierta en actividades afines como la educación a distancia. Y en cuanto al ICBF, se ha descubierto que es una entidad cuya liquidez le ha permitido darse el lujo de no captar la totalidad de los recursos que le ha asignado el legislador, y simultaneamente desatender de manera gradual el número de casos atendidos.
De manera que, respetando el sentido de las obras de carácter social pero conjurando el riesgo de que estas entidades acumulen recursos que no pueden invertir, el gobierno propone tímidamente la reasignación de 6 mil millones de pesos para ampliar la cobertura de ciertas actividades sociales, que saldrían de lo que les sobra, y no de lo que invierten, tales entidades.
¿Y qué pasa?
Al doctor Lleras se le alborota la paternidad sobre entidades creadas bajo su gobierno como el Sena, el ICBF y Proexpo y pone el grito en el cielo, pero sobre las demás favorecidas con las rentas especiales no parece tener reparos en que el gobierno las reorganice financieramente.
Un congresista insinúa impunemente que estos 6 mil millones de pesos se invertirían en la financiación de las campañas políticas, y un periodista que se come el cuento lo publica.
Un grupo de damas liberales encuentra la oportunidad de dibujar públicamente, a través de una ingeniosa carta, un panorama consistente más o menos en que el conservatismo arrasaría, cual Atila, con los programas de ayuda a la familia y a la niñez, si el liberalismo no estuviera ahí para impedírselo.
Y así, el propósito del gobierno de ordenar sus cuentas cae bajo las garras demoledoras de un examen particularista y político que sólo confirma una teoría. La de que a veces los gobiernos son malos porque el país se los exige. -
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