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Opinión

  • | 1990/10/15 00:00

    ESPONTANEOS DE COLOMBIA ! UNIOS !

    El único "espontáneo" con posibilidades de ser constituyente es Higuita.

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Para que de una vez se vayan desilusionando los romeos y julietas de la reforma constitucional, me atrevería a decir que ningún espontáneo podrá resultar elegido constituyente por cuenta propia. Si salen, lo harán arrastrados por algún nombre que tenga el suficiente reconocimiento a nivel nacional, como para servirle de efecto longplay a su lista. Es decir, que así como la canción hit de un disco "jala" a las otras nueve desconocidas, cada lista por la constituyente deberá ir "jalada" por un personaje de poderosa raigambre electoral.
Y digo poderosa. porque el 'puesto" en la constituyente saldrá carísimo desde el punto de vista electoral, para confirmar lo cual sólo se necesita echarle números al posible cociente constitucional. Los cálculos más pesimistas dicen que la constituyente obtendrá alrededor de cinco millones de votos. Los más optimistas dicen que siete millones. Eso significa que el cociente electoral de la constituyente estará entre 60 y 100 mil votos, y que el residuo estará cercano a los 40 mil.
Promediando estos cálculos en 80 mil, ¿cuánta gente en Colombia es capaz de obtener un mínimo de ese número de votos en unas elecciones?
Repasando las últimas cifras electorales, descubro que sólo hay 23 colombianos que fueron capaces de sacarde 80 mil votos para arriba. Y todos ellos andan inhabilitados para la constituyente, porque están en el Congreso.
Si sólo veteranos del clientelismo, del manzanillismo y de las cuotas burocráticas, tipo Guerra, Name y Santofimio, han logrado obtener este número gigantesco de votos, ¿cómo esperan hacerlo los espontáneos de la constituyente, encabezados por ciclistas retirados, viudas, pequeños empresarios y reporteros de televisión?
Conscientes de este problema, las grandes corrientes políticas están estudiando cada una su estrategia. Veamos cuál es, frente a esta realidad, la situación de los partidos.
En el Liberal, que está convertido, por cuenta de sus facciones internas, en un auténtico archipiélago político, no hay un solo personaje de 80 mil votos fuera del Congreso, distinto de los ex presidentes. El único, por su condición de veloz fenómeno político, que no está en el Congreso y que hubiera podido ejercer un efecto long play sobre una posible lista única del liberalismo, es Ernesto Samper, que por ahora está ocupado en el Gobiemo. Pero entre los votos que hubiera recogido Samper, y los que arrastraría el nombre de algún patriarca liberal de la talla, por ejemplo, de Otto Morales, a quien el partido liberal le pone más admiración que votos, existe un gran abismo.
Eso sólo le deja al liberalismo la posibilidad de fraccionarse regionalmente para lo que, en la meta de los 80 mil votos del cociente, tendrá que salvarse quien pueda.
En el social conservatismo la situación no es muy distinta. Diferente de Andrés Pastrana, quien ya dijo que no le "jala", no hay grandes electores fuera del Congreso. Eso coloca a los social conservadores en una clara desventaja frente a su archirrival, el movimiento de Salvación Nacional. Aquí terminarán confrontándose la fuerza política del social conservatismo en las regiones contra la fuerza política individual y nacional de Alvaro Gómez, quizás el único colombiano que, no siendo congresista, ni ex presidente, está libre para aspirar a la constituyente, y es capaz de aportarle a su lista, en legítimo efecto longplay, más de un millón de votos.
Luego está el M-19, que sólo tendría a Navarro Wolf para hacer una pirueta parecida. Y digo parecida, porque no es factible que el fenómeno político del M-19 en las últimas elecciones, que fue producto de una explosión coyuntural de emociones y expectativas, se repita sin la trágica inminencia del llamado "voto funerario". Pero sin Navarro, que también anda ocupado en el Gobierno, no hay personaje de calado nacional capaz de repetir la pasada hazaña del M-19.
Distintos de estos partidos y movimientos, a los espontáneos diferentes de Higuita les quedan pocas posibilidades. Salvo escasas excepciones, las fuerzas sociales no van, en materia de constituyente, a ningún Pereira. Los indigenas podrían poner un constituyente, los evangélicos otro, la coordinadora de movimientos cívicos (que puso en las últimas elecciones cerca de 120 mil votos) entre uno y dos, los movimientos de acción comunal (unidos) otro par, los estudiantes (si Gabo acepta encabezarlas) otros dos, los sindicalistas quién sabe, y pare de contar. Todo lo que ocurra distinto a esto será palo.
En conclusión, la pregunta es si la constituyente logrará cambiar las costumbres políticas colombianas. Aquí nunca se ha votado por ideas sino por nombres. Por el contrario, alrededor de la constituyente hay una cantidad de ideas pero casi nadie, excepción hecha de Alvaro Gómez, tiene nombre.
Si en Bogotá, una espontánea como Maria Teresa Herrán, con columna propia y trayectoria en televisión, tiene posibilidades tan remotas, ¿qué podrá esperar en Cúcuta o cualquiera otra ciudad intermedia un médico honorable, con aspiraciones constituyentes?
Digan lo que digan los Carrillos y Cepedines, yo creo que los votos por la constituyente, con una docena de excepciones, serán los que representen a los jefes políticos.
¿Seria éste el espíritu original de los "sardinos" que se inventaron el revolcón?
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