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Opinión

  • | 2006/07/25 00:00

    Festejos deportivos nacionales (Por fabio Parra Beltrán)

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El fútbol es el deporte que más une, aunque en general los deportes de multitudes nos hacen tomar partido por alguno de los enfrentados, en lo que los colombianos somos expertos. Nosotros nunca perdemos, sólo cambiamos el deporte y el apoyo según las circunstancias. En una época celebrábamos con Uruguay y Brasil, las selecciones más importantes del fútbol suramericano de mediados del siglo pasado; mientras nuestro éxito más grande era el histórico gol olímpico de Marcos Coll en el mundial de 1962. Y con menos intensidad, seguíamos los títulos de Juan Manuel Fangio convertido en el rey de la Formula Uno.

Terminado este ciclo, los ojos del fútbol miraron hacia Argentina y los del automovilismo se trasladaron a Brasil. Kempes y Maradona impusieron el fútbol gaucho en 1978 y 1986, y en el automovilismo Ayrton Senna remplazaba a Fangio imponiendo un nuevo estilo en la F1. Luego volvió el fútbol de Brasil.

Hasta ahí la historia no tiene mucho a favor de Colombia. Se puede decir que nada; celebrábamos los triunfos de los vecinos, gastando lo del mercado en cerveza, convirtiendo en millonario a Julio Mario Santodomingo. Pero llegaron los nuestros en los ochentas, cuando Lucho Herrera se ganó una vuelta a España y Fabio Parra alcanzó el tercer lugar en Francia. También el fútbol financiado por el narcotráfico, lo que para las estadísticas no importa, con el América de Cali y el Nacional de Medellín entró a la élite suramericana animando la Copa Libertadores que el equipo paisa ganó en 1989. Entonces nacieron figuras como René Higuita y Carlos “el pibe” Valderrama, que fueron reconocidos por su talento y por haber llevado a Colombia al mundial de 1990.

La desgracia cayó cuando superamos el orgullo de los argentinos tras derrotarlos en su propio estadio por 5 goles a 0 en 1993; ese día nuestro fútbol se acabó. De ahí en adelante no hemos logrado nada importante, fuera de la participación de Faustino Asprilla e Iván Ramiro Córdoba en la liga italiana; pero Asprilla, un rumbero que en sus ratos libres jugaba fútbol, prefirió las fiestas, las mujeres y los caballos y regresó al país cuando jugaba en Inglaterra. El campeonato local era un negocio quizás igual o más corrompido que el italiano de ahora, así que cuando se disminuyó la plata de la mafia, se convirtió en el torneo de barrio que parece hoy. La última final asimilaba un partido entre Jinchos Club y Atlético Fatiga, un partido flojo, para coronar a un equipo tan mediocre como los otros 15 que compiten por la Copa Mustang.

Cerrando el siglo, volvimos a las alegrías de antes, las de los vecinos. Los ciclistas perdieron las ganas o los patrocinios para ir a competir a Europa y el fútbol no producía más que tristezas, y aunque triunfábamos en otros deportes ningún éxito se siente tan propio como los que dan los deportes de multitudes. No obstante cuando caíamos vencidos del aburrimiento de no encontrar un deporte para sentirnos representados, llegó Juan Pablo Montoya como la revelación y el hombre que podía acabar con el monopolio triunfalista de Schumacher en la F1. Así no lo presentaron los medios y así lo identificábamos; nos hizo erizar la primera vez que estuvo en el podio y nuestra bandera ondeo en el Gran Premio de España en el 2001, y lloramos emocionados cuando bandera e himno acompañaban al ganador colombiano en el Gran Premio de Italia ese mismo año.

Pero todo terminó y de nuevo quedamos huérfanos, pues de aquí salen de vez en cuando uno o dos deportistas que por pocos días nos hacen sentir superiores al resto de la humanidad, encargándose ellos mismos de despertarnos del sueño y transportarnos a la realidad, esa que nos lleva por la senda del eterno retorno y nos enseña que todo vuelve a su estado natural. El nuestro es ser perdedores. Así pues que no sorprende que Montoya esté dando un paso al costado al cambiar un auto de F1 por un carrito chocón, o que Botero no esté en el Tour de Francia; y no será sorpresa que el campeonato local en la final en diciembre, vuelva a tener la misma emoción del anterior y equipos idénticos al deportivo tapita o el club durok en la final.
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