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Opinión

  • | 2019/07/26 15:47

    Fiestas patrias y polarización

    Hasta hace poco tiempo todos los colombianos estábamos del mismo lado con nuestro presidente, nuestro ejército y nuestra policía. Nosotros como sociedad no tenemos que reconciliarnos, nosotros no nos estábamos matando. Nos estábamos defendiendo de una amenaza armada bastante poderosa y por el camino fuimos víctimas de todo tipo de crímenes comunes y crímenes de guerra

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Estas semanas que son de festivos y conmemoraciones de la independencia, y la oportunidad para celebrar una "colombianidad" que una a los ciudadanos alrededor de un proyecto de nación, desafortunadamente están siendo tomadas por quienes tienen una agenda de división para avanzar sus objetivos políticos.

 Durante décadas estas fechas fueron la oportunidad de agradecer y demostrar apoyo a las fuerzas armadas por su labor en proteger a los colombianos de unas amenazas que aunque militar y tácticamente eran internas, la realidad política y estratégica siempre fue que tenían un importante componente de amenaza externa también.

 El liderazgo político y el apoyo ciudadano a las fuerzas armadas durante las décadas de conflicto armado y crecimiento del narcotráfico siempre fueron tibios. Hubo picos relacionados tanto con el recrudecimiento del terrorismo mafioso, como con las evidencias de fortalecimiento del poder de fuego de los grupos insurgentes, pero en general no se tuvo una clase política ni interesada ni involucrada en los asuntos de defensa y seguridad nacional. El liderazgo estratégico se le dejó a los militares y nunca se promovió el apoyo de la ciudadanía. Sin embargo, siempre hubo respeto y agradecimiento hacia las fuerzas armadas.

 Algo cambió cuando se reestableció la figura del ministro de defensa civil en los años noventa, al menos en cuanto al compromiso del gobierno en el liderazgo y responsabilidad en los asuntos de seguridad nacional. Sería con la llegada de Álvaro Uribe a la presidencia cuando finalmente un líder político haría un llamado a la población para apoyar con compromiso y contundencia a la fuerza pública, y de la misma manera, usaría su poder y autoridad para exigir a las fuerzas armadas resultados concretos y visibles.

 No hay necesidad de contar en esta columna lo que logró Uribe con esos dos elementos. La historia y las estadísticas están ahí para quien quiera revisarlas. Es cierto que el Plan Colombia, la reforma militar y la reestructuración del ministerio de defensa implementados por los ministros Rodrigo Lloreda y Luis Fernando Ramírez durante el gobierno de Andrés Pastrana fueron fundamentales para los logros de Uribe. Pero fueron herramientas necesarias, no suficientes.

 Al terminar el gobierno Uribe, los colombianos estaban unidos en torno a una visión de país, de objetivos y en torno a un liderazgo civil para lograr dar paz y tranquilidad a los ciudadanos. La favorabilidad de Uribe, dependiendo de la encuestadora que se use, osciló entre el 70% y 78% en las últimas semanas de su gobierno. La favorabilidad del Ejército era del 85% y la de la Policía del 74%. Colombia estaba unida –en gran mayoría-, y apoyaba a sus líderes e instituciones. En esas condiciones se celebró el bicentenario del grito de independencia.

 Nueve años después, el panorama es totalmente diferente. Desde que Juan Manuel Santos hábilmente convirtió un acuerdo con una guerrilla en "la paz de los colombianos", y quienes objetaron violaciones a la constitución, las leyes y a los principios democráticos y de justicia quedaron graduados de "enemigos de la paz", la sociedad quedó dividida y las instituciones perdieron apoyo ciudadano.

 Ese discurso, y el de la reconciliación que Colombia necesita han sido muy dañinos. Primero que todo, ningún colombiano que haya vivido alguno de los 50 años de agresión por parte de las Farc puede ser "enemigo de la paz". Pero más aún, el mayor despropósito de todos es esa sensación que cunde en el país de que ahora el tema es de reconciliarse entre colombianos. !Es que Colombia no estaba ni está en guerra civil!

 Desafortunadamente ya la historia no se enseña en los colegios, pero no se olvide que en lo que respecta a las Farc, eran 20-25mil delincuentes en armas con una red de apoyo de máximo una o dos decenas de miles más. En el peor de los escenarios eran 50mil delincuentes agrediendo a 47 millones de colombianos. ¿En qué momento pasamos de eso, a que dos bandos por mitades se tengan que reconciliar?

 Una cosa es que una sociedad perdone a un grupo criminal y otra muy distinta sanar las heridas de una guerra civil. Hacerle el juego a ese grupo de políticos, jueces, periodistas, ONGs, y gobiernos extranjeros que promueven la división convenciéndole de que hay un bando que defiende la paz y que quiere la reconciliación y otro que quiere la guerra y la venganza, lo único que hace es permitir que se avance esa agenda dañina del resentimiento y el odio.

 Ese mismo grupo de gente es el que estuvo detrás de la reducción de las capacidades y el pie de fuerza militares y del desmonte de los organismos y dependencias de inteligencia. Ese grupo es el que utiliza cualquier oportunidad para atacar a las fuerzas militares y de policía como institución cuando hay escándalos de corrupción de alguno de sus miembros.

 La división, el odio y el resentimiento. Las mismas herramientas que crearon cambios políticos en Venezuela, Ecuador, Bolivia, Argentina y México. Y ya sabemos qué ha pasado y está pasando con esas aventuras.

 No se equivoque. Hasta hace poco tiempo todos los colombianos estábamos del mismo lado con nuestro presidente, nuestro ejército y nuestra policía. Nosotros como sociedad no tenemos que reconciliarnos, nosotros no nos estábamos matando. Nos estábamos defendiendo de una amenaza armada bastante poderosa y por el camino fuimos víctimas de todo tipo de crímenes comunes y crímenes de guerra. Sí, también fuimos víctimas de los paramilitares y del Eln y del Epl y la lista sigue.

 Hacer la paz es perdonar a esos agresores y entender que cualquier futuro viable para Colombia pasa por apoyar al presidente en lo que respecta a la seguridad nacional y por el agradecimiento, el respeto y el apoyo a nuestros hombres y mujeres de la fuerza pública. Si no lo entendió para el 20 de julio, todavía está a tiempo de hacerlo para el 7 de agosto.

 Felicitaciones al Ejército Nacional y a cada uno de sus soldados por un bicentenario de victorias y !gracias por tanto!

 @mcarradini

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