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Opinión

  • | 2001/09/17 00:00

    Forómetro

    El mejor chiste fue de Garzón: “Si Estados Unidos manda fumigar las zonas de cultivo, ¿por qué no fumigar también las de consumo?“

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Me fui “de metiche” al foro de la Andi en Cartagena, para ver y oír en vivo y en directo a los candidatos presidenciales confrontando sus tesis. A Raimundo Angulo, zar de la belleza colombiana, no le habría gustado el evento: en él se desnudaron los candidatos, en una de esas raras ocasiones en que la coincidencia de todos en el mismo recinto permitía compararlos de pies a cabeza. En medio del pesimismo que nos embarga a los colombianos, resulta francamente increíble que en un país tan emproblemado todavía haya gente que aspire a ganarse el lío de ser presidente de la República. En este caso cinco. De todos los sabores, olores y colores. Claramente hay de dónde escoger.

A cargo del valeroso dirigente del gremio, Luis Carlos Villegas, la intervención de los candidatos cupo toda en medio día (intenso, sí) con reglas de juego claras y tiempo limitado. (Serpa se alargó un poco y, sintiéndose acosado por la hora, hizo algo que yo no había visto que ocurriera nunca: paró de leer su discurso en la mitad y le contó a la audiencia qué decía el resto). La conclusión es que hacer el viaje para oírlos valió la pena, aunque en el resto del mundo pueda parecer exótico que en Colombia esté en pleno furor una campaña presidencial a la que le faltan ocho meses —un siglo, en política— para definirse.

El más aplaudido: Alvaro Uribe. Se sabía de antemano. Era su escenario. El menos fue Serpa: no era el suyo. El más profundo: Alvaro Uribe. En un esfuerzo por demostrar que le cabe el país en la cabeza trató más de 25 temas en media hora. El más ladrilludo: Uribe. Tantos temas embutidos en un solo discurso lo hicieron parecer una especie de tesis de grado para la Universidad de Oxford, pero a pesar de la hora (casi 2 de la tarde) y del hambre que reinaba en el recinto tuvo lleno total y la ovación no se hizo esperar. El mejor expositor: Augusto Ramírez. Fue el único que no leyó, sino improvisó. La más carismática: Noemí. Logró proyectar en la audiencia seguridad y credibilidad. El más original: Luis Eduardo Garzón. Como candidato primíparo despertó la curiosidad de la audiencia con ideas frescas y un tono espontáneo. El más estudiado para la conferencia: (power point, estadísticas y todo): Garzón. El de mejor humor: Garzón. El de peor: Alvaro Uribe. No se le saca un apunte divertido ni con tirabuzón, defecto quizás atribuible a su tremenda timidez. El más juicioso: Uribe. Fue el único de todos que ‘se pateó’ absolutamente todas las intervenciones de sus adversarios. Además, tenía impreso su discurso, un ejército de gente joven lo repartió entre la audiencia y la mayoría lo siguió, hoja por hoja. El mejor chiste: el de Garzón. “Si Estados Unidos manda a fumigar las zonas de cultivo, ¿por qué no fumigar también las zonas de consumo?”. El peor chiste: el de Serpa. “El país cometería un error si no me elige como presidente”. El más desperdiciado: Serpa. Es mucho mejor improvisando que leyendo. Pero, sobre todo, no logró superar la principal crítica en su contra: no proyecta mucha seguridad en el tema económico. Su discurso fue un diagnóstico de la mala situación, lleno de deseos, pero poco claro en las fórmulas de solución a la crisis. El mejor conquistador: Garzón. Sabía que el auditorio de derecha (la crema y nata de la clase empresarial) le era adverso, y por cuenta de registrarlo (“aquí son pocos los votos que tengo”) logró sacar varias carcajadas del auditorio. Los más frenteros: Garzón y Uribe. El primero fue el único de los candidatos que se atrevió a tocar el tema de la legalización de la droga. El segundo propuso ahorrarle una buena suma al Estado cerrando el Consejo de la Judicatura y la Comisión Nacional de Televisión, “porque no sirven para nada”.

Con excepción hecha de Serpa y Uribe, que no se metieron con sus adversarios, pullas fueron y vinieron. Ramírez le dijo a Serpa que si su lema era que a la gente no había que juzgarla por lo que decía sino por lo que hacía, dos gobiernos eran suficientes para entender qué tipo de presidente sería. Noemí llamó a Serpa “el candidato de las maquinarias y el clientelismo”. A Noemí le preguntaron por quién votaría en la segunda vuelta, entre Serpa y Alvaro Uribe, dando por hecho que ella no llega. Noemí dijo de Serpa que su propuesta de paz consiste en que “al son que le toquen los guerrilleros, baila”. Pero la peor fue una pregunta que alguno de los asistentes le hizo a Alvaro Uribe: “Si su propuesta es que los corruptos no puedan volver a ejercer un cargo público, y en caso de que usted no llegue a la segunda vuelta, ¿piensa volver a darle su voto, como en las elecciones anteriores, a Horacio Serpa?”. Patinó, y patinó y patinó... pero por fin salió de esa por la tangente.

En economía: las fórmulas contra el desempleo aparecieron de primeras en todos los discursos, haciendo evidente la existencia de dos escuelas: la del crecimiento económico que patrocinan Alvaro Uribe y Noemí, y la de las medidas de choque, que patrocinan Serpa y Garzón, poco partidarios de reformas laborales a cambio de una fuerte intervención estatal. El menos claro en este punto, Augusto Ramírez.

La paz: es evidente que con el desempleo, es el tema de esta campaña, así existan ingenuos que todavía insistan en “no politizarla”. Serpa: duro. Nuevamente insistió en que si los guerrilleros quieren la paz habrá paz, pero si quieren la guerra, habrá guerra, “una opción que hay que mirar de frente”. Y aunque se declara firme partidario del diálogo aclara que “seré el más dedicado adversario de las organizaciones armadas ilegales”. Hay que ponerle, sí, mucha atención a su propuesta de marchar hasta el Caguán el próximo 29 de septiembre, porque suena tan interesante como irrealizable. Ramírez es el más preparado en el tema de la paz. Hizo una valiente denuncia de cómo las multinacionales extranjeras, y en especial la empresa alemana Mannesman, han contribuido a sufragar a la guerrilla a través del pago de costosas vacunas. Y concluye en cinco puntos su propuesta frente al proceso de paz: presión financiera —para evitar que el narcotráfico siga surtiendo a las Farc—, presión de la opinión, presión de la comunidad internacional y presión militar. Noemí: su propuesta de la persecución en caliente en la zona de distensión contra los guerrilleros que delincan y se refugien en ella arrancó entusiasmados aplausos de la audiencia, pero no parece muy factible que un piquete de soldados se arriesgue a entrar a la zona de distensión persiguiendo a una manada de guerrilleros. Para Garzón la guerra es una opción absolutamente descartada: de todos, es el único que presenta el diálogo como su propuesta definitiva para tratar a la guerrilla, y de ahí no se mueve un milímetro. Curiosamente, Alvaro Uribe, en un discurso de 11 páginas, sólo le dedicó siete párrafos al tema, quizá consciente de que debe ofrecer más que mano dura. Se concentró principalmente en el tema del desempleo y la seguridad social, consciente de que nada de lo que diga o deje de decir sobre el tema del proceso de paz le va a quitar la etiqueta política que se ha ganado. En este aspecto quizás es el que de todos los candidatos, tiene un nicho propio mejor definido y con respecto al cual más claramente tiene el país colocadas sus expectativas. Rechaza claramente la existencia de la zona de distensión, y es de destacar su franqueza en contra de la posibilidad de hacer una reforma constitucional en la cual los subversivos tengan voz y voto. Categóricamente dice que no. Pero si esa es su posición, el interrogante que surge entonces es el de cuál es el espacio que le deja a una negociación política del conflicto, a la que tampoco descarta de un portazo.

Temas en los que más coincidieron: dos —Uribe y Garzón— proponen enfáticamente un Congreso unicameral. (Cualquier mención a la posibilidad de reducir el Congreso producía automáticamente el entusiasmo de la audiencia). La corrupción: los más enfáticos en la necesidad de combatirla fueron Ramírez, Noemí y Uribe. Dialogar con los paras: bajo condiciones, Serpa, Ramírez y Uribe. Garzón ni siquiera los dio por existentes. Globalización: todos la dan como un hecho inevitable, les guste o no, y tienen propuestas para manejarla.

Y en cuanto a las mejores frases, la de Serpa: “¿Qué me habría pasado si yo tuviera rabo de paja?”. La de Ramírez: “A veces me dan ganas de prohibirle al Congreso que vuelva a legislar”. La de Noemí: “Seré la primera presidente de Colombia con faldas”. La de Garzón: “El presidente López dice que hacer reforma agraria en Colombia no vale la pena porque la tierra no es buena. Entonces, ¿por qué no la regalan?”. Y la de Uribe: “Ante el espectáculo de 70.000 tugurios y 500.000 compatriotas en la miseria que uno ve cuando llega a Cartagena surge con indignación una pregunta: ¿dónde están los auxilios parlamentarios?”.

El que se atreva a decir que de esta sopa de matices no sale un presidente de la República para Colombia está en nada. Yo, por lo pronto, y salvo un cambio abrupto del clima político —como la aparición de candidatos de última hora, algo perfectamente factible a ocho meses de campaña que hacen falta— ya me decidí.
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