opinión

Javier Fernández Riva
Javier Fernández Riva - Foto: Eduardo Lora

¿Gafas obligatorias? A propósito del debate pensional

Nadie lo había tomado en serio porque no acarreaba mayores tropiezos. Pero, cuando se masificó la bicicleta, empezó a notarse que muchos no mantenían bien la dirección, se saltaban los pares o cruzaban intempestivamente a izquierda o derecha.


Por: Eduardo Lora

Los siniestros viales se volvieron muy frecuentes, y los tiempos de desplazamiento al trabajo, en lugar de mejorar, se volvieron erráticos: más cortos para algunos, pero más largos y estresantes para la mayoría. Después de varios meses de concienzudo análisis, un comité de reconocidos expertos internacionales concluyó que el problema era que la mayoría de la población padecía de miopía.

El Gobierno de turno culpó a los anteriores por haber permitido la importación de gafas caras, que muy poca gente estaba en capacidad de comprar, en lugar de haber fomentado su producción nacional a precios módicos. También les cayeron las culpas a las universidades por concentrarse en formar filósofos de la salud en lugar de optómetras. ¿Cómo era posible que casi nadie fuera consciente de su miopía? Aún después de haber difundido ampliamente las conclusiones de los expertos internacionales, las encuestas de opinión mostraban que solo una fracción reducida de la población se consideraba a sí misma miope, excepto entre los mayores de 60, muchos de los cuales sí se clasificaban como miopes.

Puesto que no había tiempo que perder en más diagnósticos, se decidió que todo ciclista debía usar gafas certificadas, cuya producción masiva se ordenó en forma inmediata a una empresa privada y a una pública. Ambas se comprometieron a producir gafas distintas para hombres y mujeres. Como el informe de los expertos había concluido que las miopías más corrientes estaban entre una y tres dioptrías, se recomendó a la empresa privada producir gafas de 1.5 dioptrías de corrección y a la pública producir gafas de 2.5 dioptrías de corrección. Y se le informó al público que podría escoger la empresa que prefiriera. Eso sí: el que quisiera cambiar después de proveedor debería pedir un concepto técnico de las dos empresas para hacerlo.

A los pocos meses, una nueva encuesta encontró que cerca de la mitad de los usuarios regulares de bicicleta estaba llegando más rápidamente y con menos estrés al trabajo, una cuarta parte no notaba mayor diferencia y una cuarta parte encontraba que su situación había empeorado. Intrigado por la inconformidad de estos últimos, un periódico de oposición publicó una serie de entrevistas de hombres y mujeres decididos a no usar gafas por ningún motivo; algunos incluso amenazaron con organizar manifestaciones que podrían volverse violentas: “Veo mejor sin esas estúpidas gafas”, dijo alguno; “No nos someteremos al paternalismo coercitivo de este Gobierno”, dijo otro.

La ministra de Solidaridad Intergeneracional pidió a la Policía de Tránsito redoblar la vigilancia e incautar las bicicletas de quienes estuvieren infringiendo las normas. El ministro de Tránsito manifestó su compromiso de defender las indudables mejoras en la circulación y los obvios beneficios de las gafas obligatorias para la mayoría de los ciclistas.La incautación de bicicletas avanzó con toda eficacia; a los pocos meses se estableció una subasta pública de bicicletas usadas para facilitar la vinculación laboral de quienes hasta ahora no habían tenido acceso a ese medio de transporte.

Sin embargo, algunas empresas empezaron a quejarse de la dificultad de reemplazar a los trabajadores que habían renunciado recientemente a su trabajo. Lo más extraño fue que, aunque los negocios en general iban mejor, las empresas de confecciones, muebles y servicios diversos para el hogar insistían en que sus ventas estaban cayendo. Y, más extraño aún, los distribuidores de bicicletas (en su mayoría importadas) registraban ventas casi 20 por ciento más bajas que antes.

El Gobierno aceptó que la situación requería algún análisis adicional y decidió consultarle a la recién creada Federación Nacional de Optómetras. ¿Sería posible que el problema fueran las gafas, a pesar de que tanto la empresa pública como la privada habían obtenido la certificación internacional EXO-23 en reconocimiento a los estándares de calidad, diseño y durabilidad de las gafas? La FNO conceptuó que el problema no estaba en las gafas propiamente, sino en el hecho de que habían quedado desatendidas las necesidades de los usuarios de baja y de alta miopía. Puesto que no tendría sentido desmantelar la eficiente producción de gafas y las buenas relaciones que las empresas habían desarrollado con la FNO y con el mismo Gobierno, se llegó recientemente a una recomendación salomónica: la doble gafa.

La idea, que está por implementarse, consiste en ofrecer a quien lo requiera gafas de media dioptría, que se pueden usar debajo de las gafas obligatorias.Hay muchos detalles por decidir todavía: qué empresa producirá las nuevas gafas, si será permitido usar solo las nuevas gafas (a lo cual se oponen las dos empresas actualmente existentes) y si se exigirá a quienes quieran las nuevas gafas que obtengan concepto técnico favorable de sus actuales proveedores (esto sí lo apoyan las empresas actuales).

Los meses que vienen serán decisivos para el bienestar de los ciclistas y para el futuro de numerosas empresas, cuyo buen desempeño depende de que sus trabajadores puedan movilizarse con facilidad y seguridad. Hasta ahora se desconoce la opinión de quienes perdieron sus bicicletas.